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martes, 30 de julio de 2013

CAPÍTULO 21: ¿QUÉ ES LA LIBERTAD?



Ayer me llamó la atención una imagen que vi a través del objetivo de la cámara, no era una gran foto pero tuve que apretar el botón sin remedio. A las 9 de la mañana el centro de desarrollo integral de San José de Cluny abre sus puertas. Los niños hacen cola y nos suplican a las “profes” que les abramos cuanto antes. Cuando estaba una monitora abriendo la puerta, no pude evitar detenerme en el enorme candado que sujetaba en sus manos. Sentí por algún motivo que no éramos nosotros los  que estábamos encerrados, sino que eran ellos los que a través de las rejas de la puerta parecían enjaulados. Me di cuenta entonces de que toda esa ceremonia era una metáfora de lo que para ellos significa venir al comedor. Sus vidas, más allá de estas puertas están condenadas, son presos de su propia existencia y prematuramente asumen una cadena perpetua impuesta por el destino. Es el candado que quitamos a las 9:00 am el que les abre las puertas al mundo.
 La percepción desde fuera ¿debería ser al revés no?, quiero decir la calle y la vida más allá de las paredes de protección del colegio representa para todo aquel que allá estado en un aula, la libertad; el ser adulto, tener una casa, un coche viajar, ir al supermercado o dar simplemente un paseo sin que los profesores te digan cuando y cómo debes hacerlo. Al menos es como nos sentíamos la mayoría de los niños, deseando salir para parecer mayores, sin obligaciones ni disciplina, sin estudios ni deberes. Pues aquí los niños, en el comedor, es donde encuentran esa libertad, porque la calle es para muchos una enorme jaula llena de peligros y obligaciones que nada tienen que ver con poner la mesa o estudiar par aun examen. Todo esto te hace pensar si realmente lo que tú consideras libertad no es libertinaje y que la verdadera libertad es la que buscan estos niños tras nuestra puerta. Quizás lo que nos hace realmente libres es la opción de elegir, de formarnos, de saber, de decidir cual queremos que sea nuestra vida sin que sea el destino el que decida por nosotros. Creo que ahora cuando golpeen la puerta para entrar no me enfadaré porque puedan dañarla, sonreiré porque es su forma de decirnos que quieren ser libres. Gracias otro día más pequeños angelitos por darme una lección tan importante.

sábado, 20 de julio de 2013

CAPÍTULO 7: AL CORRO DE LA PATATA


Si no mirara por la venana, si no supiera donde estoy juraría que oigo el patio del colegio de cualquier escuela de España. Gritos, chillidos agudos, sonidos de pelota y juegos que hacen de cada recreo una historia interminable. Estos niños no son como los que salen en los documentales, juraría oyendo sus carcajadas que no tienen problemas, que en casa los esperan sus padres, que su mayor problema son los deberes, que una tiene una cena caliente en la mesa…pero me equivoco, sólo es la fantasía de unos gritos de alegría que en nada se diferencian a los de cualquier  niños de otra parte del mundo. Quizás incluso más, quizás mejores y más agudos. No tienen móvil, no saben casi ni lo que es, y desde luego la NINTENDO para ellos es poco menos que chino. En ese sentido deberían envidiarlos los niños de lo que nosotros mal llamamos primer mundo. Me recuerda a cuando era una enana, a mi patio del colegio, al brilé , a los tazos, las combas y por muy cursi que suene; al sesesé. Son felices aquí dentro, me da igual si quienes les dan la felicidad rezan en arameo, juran en cristiano o replican en árabe; sólo sé que más allá de cualquier estúpido prejuicio están ellos,en el único lugar de la ciudad donde todavía pueden ser niños.