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domingo, 25 de agosto de 2013

CAPÍTULO 46: LA ESPECIE DE ACERO: LOS INDÍGENAS



Ayer Doña Antonia, una de las mujeres que viene al rezo de los jueves, me dijo sin yo conocerla de nada : "Mañana te vengo a buscar y nos vamos en moto a conocer el Silo". Aunque no  sabía casi ni su nombre, la propuesta parecía muchísimo más atractiva que quedarme en casa. Realmente me apetecía salir, conocer el pueblo más allá de las dos calles por las que siempre me movía y sobretodo....¡ir en moto!
A la una en punto de la tarde siguiente llamaron a la puerta, era Ña Antonia y tras los saludos (que eran casi presentaciones) me subí de paquete y comenzó la aventura. Sin casco ninguno (aquí es más raro que alguien lo use), nos adentramos por la ruta principal con la que llegué a Capi´Ibary hace casi una semana, y nos dirigimos hacia el horizonte. Antonia, madre soltera con cuatro hijas, es funcionaria en el Ministerio de Obras Públicas por las mañanas y vendedora de electrodomésticos a domicilio por las tardes. Nos vamos conociendo mejor por el camino en dirección al silo Santa Catalina donde desde donde se trata y distribuye buena parte del maíz de la región. Entramos en las instalaciones del Silo como Pedro por su casa, los empleados y familias viven en el mismo recinto en casas cedidas pro el dueño del Silo mientras dure su trabajo. El aire está cargado de polvo y maíz que te rasca los ojos y la garganta. El perro de la familia a la que visitamos tenía un quiste en el ojo que aunque no soy médico no me extrañaría que estuviera relacionado con la densa polvareda.
"Realmente en el Silo quiere trabajar todo el mundo: sueldos altos, casa incluida, gastos pagados y una gran atención por parte del dueño" me cuenta Antonia. Mientras nos alejamos de la gran estructura cilíndrica, me imagino cómo debe ser para un niño la vida en el Silo. Creo que muchos de pequeños tuvimos la fantasía de vivir en una fábrica: el misterio, las máquinas, los ruidos, los camiones y todo el bosque que la rodeaba parecía un inmenso campo de juego.
Acompaño a Ña Antonia en su ruta de trabajo por la tarde, entregando documentos y cobrando (con suerte) electrodomésticos entregados.
Cuando acabamos, me dice "¿Quieres conocer a los indígenas?" Mis ojos se iluminan de repente y me siento viva de nuevo: ¿Indígenas, guaraníes, aquí al lado?
¡Dios mío, ya estamos tardando!
La moto sirve de guía y una visión del paisaje de casi 360 grados, me permite disfrutar de los arroyos, las tierras rojas, los cerros y la vegetación. Por momentos dudo si estoy en España, ya que algunas zonas de estepa y otras de forndosos bosques, se asemejan demasiado. Esa sensación de estar en casa, se disipa cuando nos cruzamos con las gentes: esos rasgos tan característicos y cada vez más aborígenes me hace pensar que estamos cerca.

La primera parada fue en un puesto de artesanía en la carretera; bueno, puesto no exactamente, una serpiente y otra figura talladas en madera clara junto con algunas macetas echas de raíces de plantas y tierra, muy típicas de los indígenas y colocadas sobre un madero y el propio suelo. Al vernos, un par de niños que jugaban a lo lejos vigilando con celo su puesto, salen corriendo a nuestro encuentro. No dejo de hacerles fotos, son realmente preciosos: ella con dos simpáticos moños, de pelo moreno y mechones rebeldes, con una preciosa sonrisa de dientes pequeños y separados y marcas en las mejillas, me hace recordar demasiado a la imagen de Pipi Calzaslargas. Su vestido y un gran osito de peluche algo manido que agarra con fuera, completan la idílica estampa. En brazos de su madre llega el pequeño de los hermanos, un niño precioso con cara de desconfianza y rasgos asiáticos que parece mirarnos con recelo. Aunque las manualidades son baratísimas (10.000 guaraníes=1,6 euros aprox) pesan demasiado para llevármelas de regreso a España y con la misma, nos alejamos mientras Pipi Calzarlargas no deja de saludarnos con su pequeña manita.

La siguiente parada es ya en una comunidad indígena, en un poblado. Las casas de madera y los techos de paja seca o rama son lo primero que vemos.
La ONG Un Techo para Mi País, que se dedica  a hacer casas de madera (estilo prefabricadas ) para las gentes más humildes, ha llegado hasta los indígenas y muchos ya no conservan sus construcciones típicas, pero por suerte éstos sí.

Apenas 10 casas una pegada a la otra, de reducido tamaño y en la ribera de un camino que conduce al interior de la montaña. Un niño que disfruta de lo que queda en su plato mientras los pollitos de al rededor, disfrutan de las migajas a sus pies.

A la derecha vemos a las gentes: un hombre de buena apariencia pero mayor viste una americana que le queda visiblemente grande y unos pantalones vaqueros. Si lo vemos de espaldas lo confundiríamos con un moderno joven , pero en realidad es ya abuelo.
Al vernos, en seguida los niños que nos encontramos se esconden y se ríen por vergüenza: la visita de lso extranjeros no es nada frecuente por estos parajes.
Ña Antonia me introduce en guaraní y el hombre nos ofrece su propio asiento: ¿una periodista y de España? un honor y acontecimiento para ellos.
A pesar del frío que sentía en la moto y que el termómetro marcaba 8 grados, aquí era distinto. Una especie de microclima se cernía sobre el lugar y las gentes, la tierra roja como el fuego parecía conservar el calor del día y las brasas y hogueras de las cocinas de paja hacían de toda la comunidad, un lugar tranquilo y acogedor que me producía cierta añoranza.
Una preciosa maternidad dándole leche a la más pequeña, me conmueve. A mi al rededor sonrisas que se esconden tras las rudimentarias construcciones, niñas hermosas que se extrañan al no esperar mi vista. Una de las mayores, se atreve a decirme su nombre: Natividad. Ojos grandes y saltones muy despiertos que me hacen pensar en la inteligencia y sabiduría de estas gentes de antaño "Son más inteligentes que nosotros" afirma Ña Antonia.
De vuelta a la carretera hacia otra comunidad, vemos que cada una tiene su escuela de materiales y bien construida, pero me sorprende descubrir que en todas, los baños parecen abandonados "Les instalan baños con agua corriente y baldosa, sanitarios y muy limpios, pero ellos acaban volviendo al monte y los baños se abandonan y pierden por falta de cuidados" cada frase de este tipo, me acerca algo más a mis conclusiones y es que no es el que nosotros veamos que el mundo debe ser de una forma, que sea una visión cierta ni universal. Ellos con sus costumbres, se encuentran más cómodos y felices siguiendo tradiciones ancestrales, que usando las moderneces de la evolución de forma impuesta.

Seguimos un camino pegado a la escuela en el que nos encontramos a dos pequeños: uno, casi un bebé, subido a un bidón a modo de camión de juegos y con la cara tan sucia que desde lejos parecería lepra. El otro, algo mayor, sonríe ante nuestra llegada y continúa jugando.
Pocos metros más nos adentramos en el bosque cuando ya asoman el mismo tipo de construcciones del poblado anterior.  Entre las casas, un árbol que da cobijo y sombra a muchos niños y niñas de diferentes edades que se arremolinan en juegos en torno a Ña Juana, amiga de Antonia y vendedora de remedios para el mate y tereré. 

Ahora sí me siento como un fotógrafo del National Geographic (no por la calidad de mis fotos), en medio de un auténtico poblado indígena, sus ropas típicas, su desnudez y sus tradiciones que nada tiene que ver con la realidad que ocurre a escasos metros hacia la carretera. Doña Juana habla en guaraní con Antonia que me va traduciendo poco de lo que se comenta a gran velocidad; en estos casos la impotencia se hace fuerte ante la imposibilidad de saber, de conocer de primera mano lo que se comenta, de mantener una conversación sin intermediarios.
El guaraní es una lengua bella, de palabras y sonidos nasales y guturales y difícil de aprender. No es romance, en nada se asemeja al castellano ni otro idioma parecido y auqne ellos me entienden a mi, yo no les entiendo a ellos.
Me cuenta Antonia que Juana es la "médico" de la comunidad y su marido Don Aurelio González, el sacerdote. Rodeados de pequeños me imagino cómo en esas condiciones de humildad habrán llegado al mundo. Hijos, nietos y ya bisnietos por doquier que desnudos de pies a cabeza parecen inmunes al frío de esta tarde de invierno. Se vuelve a repetir la escena anterior, el microclima que rodea a esta comunidad y que acuna con calor a cuantos viven en ella. 

Una imagen que me choca y espanta al mismo tiempo, las pequeñas que juegan desnudas, lo hacen entre restos de basura y animales que comen sus desperdicios del suelo. Incluso una de las pequeñas se acerca a un pequeña poza para meter sus manos, la misma de la que el cerdo y el perro están bebiendo.

Sus manos y uñas están completamente negras y no cesa de meterlas en su boca. ¡Estos niños son de acero! Cualquiera de nuestros pequeños o mayores estaría agonizando debido a las infecciones o a una pulmonía severa, sin embargo, sus cuerpos indígenas curtidos por la experiencia de los siglos y la biología que los acompaña, parece hacerlos totalmente inmunes.

Sigo dándole vueltas en mi cabeza a la definición de pobreza, pensando que cualquiera que se acercase por aquí, inmediatamente quedaría horrorizado por la estampa; sin embargo, estos niños ríen, parecen sanos y felices al menos por fuera...
Una de las cosas que más me llama la atención es la falta de agua. Aunque no hay ninguna villa ni pozo, los abuelos y jóvenes beben tereré y mate sin problema. Les pregunto de dónde sacan el agua y una de las chicas (no tendrá más de 19 y ya carga con dos criaturas) se ofrece a llevarnos a un arroyo cercano de dónde sacan el agua y lavan (a duras penas) sus ropas y cuerpos.
Nos disponemos en comitiva a bajar hacia el río y todos los niños se nos unen cerro abajo: Sandra, Mochi, Achipa...

Pasamos por otra de las casas que resulta ser de una de las hijas de Doña Juana y encontramos más de lo mismo, pero esta vez, un hombre que parece el padre de las criaturas comparte la custodia de los pequeños . 
Al parecer en la religión de éstos guaraníes, el padre que embaraza a la mamá, la mantiene con toda clase de atenciones y cuidados hasta el parto, al que a veces ni siquiera se le permite asistir y luego desaparece dejando a las criaturas al cuidado de su madre y abuelos. Ya más tarde, esa mujer podrá repetir el proceso con otro y cuando sea más grande, encontrar a un hombre con el que pasar su vida. No sé qué parte de la historia es cierta, dado que me la contó una niña de Capi´ibary, pero es la única que se me ha contado.
Llegamos al arroyo tras un paseo entre cultivos quemados y senderos sinuosos. Lo hacía más grande, pero sin embargo es un pequeño caño de agua que crea una poza a modo de presa de la que se sirven para recoger agua directamente y lavar sus ropas algo más adelante. El agua, que beben tranquilos sin hervir, proviene directamente del subterráneo y para mí no tiene un color lo suficientemente transparente para dar un trago sin más cuidado.
La joven le lava la cara al niño que encontramos en el camino y parece por fin otro, es realmente un niño hermoso.
De vuelta al poblado, Antonia les explica que soy periodista y nos hacemos algunas fotos que son el mejor recuerdo de esta experiencia; antes de irnos, Doña Juana me dice que quiere que le imprima algunas fotos y se las dé de recuerdo. Quedamos en que las recogerá en casa de las hermanas y nos alejamos de nuevo en la moto mientras niños y grandes mueven sus manos despidiéndose.
En el camino de vuelta, salimos por la escuela de nuevo: hay niños dentro y fuera de clase y la puerta del aula está siempre abierta.
Durante el viaje de regreso en moto, si bien antes pensaba en los paisajes y las construcciones analizando los animales y plantas, ahora voy pensando en qué significa la pobreza.
Cualquier ONG se echaría las manos a la cabeza viendo las cosas que acabo de ver, muchos se escandalizarían pensando en la carencia de estas gentes: desde su vivienda, su comida y su lamentable aspecto físico. Pero me paro y pienso que cada una de las caras que he visto hoy me han devuelto una sonrisa sincera, que pese a todo lo que nosotros, los "privilegiados" del primer mundo pensamos que les falta, ellos son felices o aparentan serlo. 

Ateridas de frío y tiritando volvemos a Capi´ibary donde ya en casa me pongo a pensar en lo calentito que se sentía ese entorno, como si los maderos que los amparaban del frío fueran mejor aislante que el cemento y el ladrillo que me rodea en mi habitación. Rodeada de mantas y envuelta como un paquete me pregunto si ellos tendrán frío y me siento vulnerable y estúpida descubriéndome tan débil que un simple cambio de tiempo me obliga a permanecer inmóvil y tapada hasta las orejas. "Ellos son más fuertes, más inteligentes y mejor adaptados". Pienso entonces que los varemos de primer y tercer mundo deberían ser revisados; que allí donde nosotros tenemos de todo no somos felices aquí, en medio de la nada y rodeados de basura, todo son sonrisas.

pd: No puedo dejar de ver las fotos del viaje, la aparente miseria que reflejan. Mientras, ya en casa de Antonia, me cuenta que ella les ha provisto de lindas ropas y mantas a estas gentes y que no hay caso: las ensucian y se las ponen como sintiéndose así más cómodos. Igual con el calzado, para nosotros pies desnudos y vulnerables a la enfermedad y el frío, para ellos la comodidad más absoluta y el sentir de la naturaleza bajo sus pies.


lunes, 19 de agosto de 2013

CAPÍTULO 41: ¡UN OFTALMÓLOGO EN EL PUEBLO!




¡Hoy es un día especial! ¡Viene el oftalmólogo! Así como en España los carteles de anuncios los ocupan las grandes cadenas de comida rápida, muebles o cerveza, en Capi´Bari el anuncio de la semana es que hoy visita el oftalmólogo: bueno en este caso la oftalmóloga y su esposo que atienden desde las 7 hasta las 11,30 de la mañana hasta a 60 pacientes dependiendo de la parroquia: mujeres, ancianos, niños, todos forman fila para este acontecimiento que sólo ocurre una vez cada tres meses. 


Aquí la consulta es mucho más asequible para las familias con pocos recursos y sin medios para desplazarse a una gran ciudad: 30.000 guaraníes por consulta (unos 5 euros) que las gentes reúnen gustosamente. Además de la consulta, a la salida, el marido de la doctora, Fred, expone un muestrario de gafas que si bien en otros sitios pueden costarle hasta de un millón de guaraníes (160 euros aprox.) aquí pueden adquirir a menos de la mitad, unos 400.00 guaraníes (67 euros).
Mientras hablo con él me cuenta que apenas hay 200 oftalmólogos para unos 7.000.000 de personas y que se han visto obligados a unirse en un Centro Oftalmológico para poder realizar las cirugías a los pacientes, y reunirlos así a todos en un mismo lugar para las consultas más complejas. Sino, visitan de pueblo en pueblo, de parroquia en parroquia para tratar de acercar a todas las gentes y ofrecer sus servicios.
Me despido por el momento y cruzo la calle para dirigirme a la escuela, la hermana Yolanda trabaja como administrativa y hace las veces de anfitriona para presentarme a la directora Angelina. Como es una ocasión especial que alguien de tan lejos los visite, no duda en interrumpir a los niños desde 3º a 5º grado que están en turno de mañana para que los conozca. Niños y profesores trabajan en cada aula que entramos con un orden y una disciplina envidiables.
Uniformados de granate y blanco, cada uno en su pupitre estudian sociales, hacen dictados o guaraní y con caras de sorpresa  y admiración escuchan que soy española, periodista y que he venido en voluntariado a visitarlos.




Me río muuuucho  con ellos porque cuando les digo que me los quiero encontrar algún día por España (viajar aquí es su sueño), se levanta uno de los chiquillos, se me acerca y me dice : ¿Y qué pasa si nuestra mamá no nos da permiso? jajajjajjajaj cómo si fueran a venirse conmigo en el momento y preocupados por lo que opinarán en casa...¡ay cielitos!
Otro de ellos, muy dicharachero y dispuesto dice de pronto y muy sentido: ¡FANTÁSTICO! cuando les digo que soy periodista (si supiera que en España muchas veces somos considerados basura...)
Me sorprende conocer a algunos niños españoles, coreanos, brasileños, que han llegado hasta esta pequeña localidad por diversos motivos. Tras la vista, me ayudan a saludarlos en mi pésimo guaraní y me despido de ellos hasta la próxima.
La directora, me enseña con paciencia algunos trabajos de los pequeños que van a exhibir en la feria de arte para recaudar fondos para la escuela a principios de octubre, increíbles.
Con la hermana Yolanda, visitamos el edificio anexo que es de formación educacional para los futuros maestros que trabajan en su vocación a partir de los 20 años. Concentrados en sus quehaceres, algunos están distribuidos por el patio haciendo los deberes, otros en las aulas, me miran atentamente al pasar como si vieran un objeto no identificado.  
De vuelta a casa acompaño a la hermana Yolanda que necesita consultar a la oftalmóloga antes de que termine su jornada. Fabiola Nuñez, que así se llama, la recibe con cariño e inspecciona lo que parece un orzuelo ya infectado.  
Tras la consulta charlamos un ratito y me cuenta que hace 5 años emprendió esta hazaña. Todo comenzó en Ciudad del Este (ciudad que linda con Brasil, Argentina y Paraguay en una triple alianza) cuando un párroco le pidió que visitara un hogar de niños y ancianos en una ocasión. Tras la visita que tuvo que durar un día más de lo esperado y en la que se atendieron más de 150 pacientes, le propusieron concertar un sueldo de 1000 dólares al mes para continuar visitando.
 Dada la desmesurada suma de dinero ella se negó y ofreció una contrapropuesta en la que aceptaría solamente 20.000 guaraníes por consulta para ayudar a la causa. 
La voz se fue corriendo de párroco en párroco y así llegamos hasta hoy, donde recorre con su inseparable esposo las zonas más deprimidas e interiores del país. Los problemas más habituales de estas gentes son los glaucomas (que muchas veces por desconocimiento y falta de medios acaban con la pérdida del ojo), las cataratas precoces (en adultos de 40 años), las alergias y los males derivados de la mala alimentación y el trato con animales.
Tanta es la falta que hacen a estas gentes que hoy le han dicho que si no vuelve a menudo cortarán la ruta (cortan la carretera principal como medida de presión y protesta) para que vuelva.
También me cuenta que a lo largo de estos 5 años ha tenido que aprender la cara más amarga de estas gentes, que no valoran lo que se les regala y protestan cuando los medicamentos que se les dan de forma gratuita se acaban: "Ahora llamo para preguntar cuántos pacientes quedan y doy orden de no admitir más cuando las medicinas escasean porque se enfadan en desmesura".  
Al igual que casi todas las gentes que conozco me han comentado el famoso conformismo del paraguayo, también casi todos han coincidido en lo desagradecidos que son cuando algo se les regala: " No saben apreciar lo que se les da".
No todos, claro, como en cualquier sitio te encuentras gentes de todo tipo, pero por desgracia, éste problema de educación viene ligado a las gentes más humildes. Parece que la única solución posible, es enseñarles como bien decía la hermana Gloria antes de mi salida de Asunción: "Seamos pobres, seamos ricos, todos tenemos que dar y recibir".

CAPÍTULO 40: CADA COMUNIDAD, SU ESPÍRITU. MESARIO DE LLEGADA







 Paisajes que me recuerdan a mi tierra, plantaciones de bananas quemadas esperando a las lluvias para brotar de nuevo, vacas unas flacas otras jorobadas y chanchos del tamaño de caballos. 
Una ruta singular que no te deja indiferente. Pisamos Capi´Bary cerca de las 4 y media de la tarde. Una pequeña caminata y por fin en casa.
 Digo por fin en casa porque realmente así me sentí, una cálida bienvenida y un cartel que en mi mesa de escritorio así me lo recordaba. Hace un año que la comunidad construyó esta hermosa casita a las Hermanas, tres, que ayudan como administrativas en la escuela, como parteras y enfermeras en el dispensario y como madres de muchas familias de la zona.
Es como una casita de juguete: techos de madera, un lindo jardín con flores y gallinas y, en definitiva, un remanso de paz que sólo se ve alterado de vez en cuando por los canes de los vecinos y los ecos de los niños de la escuela que están justo en frente. Parece realmente un pueblo de Pin y Pon: la casa parroquial, el colegio, el centro de formación docente y el dispensario uno enfrente del otro y rodeados de la calle comercial y principal de Capi´Bari que linda con la ruta (carretera principal).
Después de conocer la casa y a las hermanas Rafaela y Yolanda, dejo el equipaje en la habitación y en seguida me pongo a sacar fotos como una loca: la acogedora capilla, el patio, las gallinas, las flores... todo es hermoso con la luz del atardecer. 
Poco después la Hermana recibe la llamada que nos invita al festejo del cumpleaños de un abuelo de la comunidad, que cumple hoy 80 años. Llegada la noche nos dirigimos hacia el festejo, la música resuena ya desde nuestra puerta y al entrar nos encontramos en el patio de la casa con toda la familia: el cumpleañero Don Carlos que aparenta no más de 60, sus hijos, nietos y bisnietos que no han querido perderse esta única ocasión.
Es un ambiente que ya echaba de menos por mi juventud: la música, el baile, alguna que otra alegría para el cuerpo, gente de mi edad y un calor de familia que va desde los pequeños, pasando por los jóvenes como yo y hasta los más ancianos.
En seguida las hijas del cumpleañero, reciben a las hermanas como una bendición, (más tarde durante la cena me contarán que más que una bendición, las reciben como a sus propias mamás, en una de las conversaciones más tiernas y sinceras que recuerdo). Mucho se las quiere en esta zona.
Cecili y Rafaela insisten en que salga a bailar con los jóvenes. 
Muerta de vergüenza me arrastran literalmente al escenario improvisado donde un grupo de música ameniza la noche. Me siento realmente como en una película de viajes, donde la extranjera ríe y baila y se enamora de cuanto tiene a su alrededor mientras las palmas, y las canciones típicas hacen de banda sonora: ¡guión de Hollywood a full! (como dicen aquí). 
En seguida conozco a la gente de mi edad, Carlos de 22 años estudia obras públicas y quiere viajar por el mundo; mientras bailamos me presenta a Luis, un español de 25 años que se casó con una de las nietas de Don Carlos y que aunque  se le distingue de los demás por su rubio platino y ojos azules y aunque es madrileño de pura cepa, parece haberse entregado por completo al Paraguay: su acento, su felicidad y hasta unos kilos de más (cuando llegó era muy flaco)por la mandioca  le delatan: "La buena vida y la poca vergüenza" comenta a las hermanas.
Pero pronto llegó el momento más dulce de la noche: Una de las nietas de Don Carlos, cerca ya de celebrar sus 15, le ha preparado una presentación en Power Point con fotografías desde sus años mozos, su familia y un precioso texto que acompaña a la emotiva música. 
La pequeña, como una auténtica profesional y sin vergüenza ninguna, coge el micrófono mientras se prepara la pantalla y el proyector y dice: "Querido Abuelo, éste regalo no es tan sólo ni un 20% de todo lo que te queremos, por tus años, por tus recuerdos ¡porque eres el mejor!" Desde luego éste gesto que haría emocionarse al más duro, conmovió al abuelo que emocionado y acompañado de toda su familia, revisaba cada fotografía con sentimientos contenidos: su esposa que falleció 9 años y 6 meses atrás pero de la que nunca se olvida (única mujer a la que le debe un baile pues ni su nieta a conseguido sacarle a   bailar desde que murió), las épocas de hombre más joven en las que lucía una cazadora de cuero y una camisa blanca mientras sostenía una cerveza entre risas, viajes familiares, etc. Si esto es pobreza, ¡cuánto querría ser pobre! 
Ahora mismo miro a esta familia tan unida, festejando desde la mañana, todos colaborando y sintiendo realmente un profundo amor y respeto por su anciano progenitor; ninguno busca excusas para marcharse temprano con sus amigos, no hay otros planes ni trabajo que quieran usarse de pretexto para marcharse de aquí.  Recuerdo los tiempos en los que mi casa se parecía a ésta...la nostalgia es imposible de evitar.

Una vaca de 110 kilos ha sido sacrificada para la ocasión, la carne espetada en varas de madera gigantes, se cocina lentamente en las brasas del suelo, allo spiedo, como en Italia. Miro constantemente hacia las hermanas que comparten risas y bailes con los lugareños como una más de la familia, hasta la hermana Cecili se apunta cuando suena la música de Olimpia (club de fútbol). 
La hospitalidad es tal que no existe un vaso de uno sólo sino que la bebida es común y ofrecerla a los de al lado es una tradición no apta para escrupulosos.
 Carlos me sirve una especie de coco loco que disfruto como nunca. Pasamos al comedor porque para las hermanas se acerca la hora de acostarse, para compartir el asado con las hijas de Don Carlos que sacan una de las varas de carne del fuego expresamente para nosotras: mandioca, chimichurri, costilla...todo un banquete de asado que se ameniza con una preciosa conversación. Una de las hijas de Don Carlos nos cuenta la alegría de su padre porque hayan venido las hermanas, para él una mezcla de devoción y fe  a la memoria de su fallecida esposa. 
La historia es preciosa, sin duda, un amor más allá de la propia muerte: Doña Ida, esposa de Don Carlos, era una mujer muy devota, catequista y entregada durante 38 años al trabajo con la Iglesia. Pero nunca consiguió que su marido la acompañara a misa por más que rezó en vida. Sin embargo el día de su muerte su marido se confesó y desde ese momento no hay domingo que no sea el primero en la Iglesia. En honor a su mujer sigue el camino que ha ella le hubiera gustado que llevara en vida pero que finalmente consiguió. Dice su hija que hasta a sus nietos les riñe cuando no adoptan una postura correcta en el rezo o no están a lo que están.
Ésta historia me hace recordar a mis propios abuelos que por orden y necesidad de mi abuela tuvieron su primera cita yendo a misa. Imaginaros a un joven y apuesto muchacho (el más ligón del pueblo porque ya de aquella tenía moto) con la moto aparcada como fianza en el bar de la madre de mi abuela hasta que regresara con mi abuela de misa: mucho nos hemos reído contando esa historia.
Quién los ha visto y quién los ve, cuánto en común tienen estos dos abuelos que separados por miles de kilómetros ni se conocen, pero adoran a sus esposas por encima de cualquier credo: quizás ese sea el verdadero poder de creer en algo, que la fe mueve las más duras montañas...

domingo, 18 de agosto de 2013

CAPÍTULO 39: PARTIENDO A CAPI´BARY

Ayer por la tarde me surgió una idea viendo a la Hermana Cecili : ¿Y si me fuera con ella?. De repente , se me iluminaron los ojos  pensando en que pudiera cumplirse. La Hermana Cecili, de origen indio e increíbles experiencias vitales, trabaja como partera en el dispensario que las hermanas de San José de Cluny tienen en la comunidad de Capi´Bary. Todo empezó cuando este fin de semana, llegaron algunas de las hermanas de otras comunidades de la región para una reunión de Consejo Regional. No la conocía de nada, pero comenzamos a hablar de su vida, de la mía, de su trabajo como partera y sus ojos se iluminaban mientras me contaba lo feliz que es en su trabajo: traer niños de familias pobres al mundo. 
Sus experiencias y fortaleza no sólo me encantan como profesional sino como persona me han contaminado para no perderme la oportunidad de vivirlas con ella. Así que una india de nacimiento y una gallega de corazón parten en apenas una hora hacia Capi´Bary, donde ya la esperan desde hace dos días las pacientes a las que entrega no sólo su tiempo y profesionalidad sino su amor y entrega. 
Quien me conoce bien sabe cómo me gustan los chiquillos y tener la oportunidad de ver en un entorno tan diferente a mi realidad del primer mundo cómo nace la vida, de verdad es un orgullo como profesional y como persona. No se sabe muy bien cuándo volveré y partiré hacia la segunda parte de mi viaje: el internado de Pozo Colorado. Aquí los planes y horarios inflexibles no valen de nada y la mejor solución es tener la maleta siempre en la puerta. 5 horas de viaje en autobús (colectivo), 30.000 guaraníes, es decir, unos 5 euros que me acercarán a  280 kms de Asunción. Las hermanas me han invitado a este viaje, estoy impaciente, feliz y con ganas verlo, oírlo y sentirlo todo de nuevo. 
No me he despedido de los niños del comedor ¿preguntarán por mi? Espero que mucho, y volver pronto para darles una sorpresa y volver a tenerlos en mis brazos.
pd:Mamá si me estás leyendo, quiero que sepas que estoy bien, que como siempre me he embarcado en una nueva aventura y que se me estropeó el móvil.¡ Voy a ver nacer a un bebé!¡Voy a asistir a un parto! Soy feliz mami. Cuidaros mucho que vuelvo pronto. Os amo.
pd3: A ti si me lees, sabes quien eres. Te llevo a mi lado inseparable de mi mente, constante tu reclamo. 
pd2: espero no desmayarme en medio de un parto, sería más estorbo que otra cosa. Encomiendo mi estómago a un perro callejero.

martes, 13 de agosto de 2013

CAPÍTULO 35: Y LOS GRILLOS SE APODERARON DE LA NOCHE


Una fuerte explosión, apenas unos segundos de confusión y llegó la oscuridad más absoluta. Un transformador reventó en un cerrito (colina) cercano y toda la zona se volvió tenebrosa. Yo acababa de llegar de una compra que hice: cuadernos de escritura, un par de diccionarios, muchas cajas de pinturas y materiales para que los niños desarrollen sus talentos en la “Semana del talento”. Mi gozo en un pozo cuando en el medio de ese ritual de júbilo (que es enseñarle a otro algo de lo que estás orgulloso), nos quedamos totalmente ciegos a las 6 de la tarde. Como es invierno, aquí ya había oscurecido y las velas fueron la salvación de la noche. Aunque la luz volvió para respetar el cocinar, a la hora de la cena nos abandonó de nuevo sin previo aviso. Una cenita romántica con las hermanas y el cielo iluminado sólo por las estrellas.
Por la mañana y ya con la luz del día, me despertaron los cantos desesperados de Perico (mi loro y leal compañero en esta aventura). Se me habían pegado las sábanas porque la batería no había cargado por el apagón. El día comenzó con júbilo e impaciencia por parte de los niños para usar los nuevos materiales: plumas de colores, hilos, témperas, cuadernos nuevos…todo un universo de posibilidades para desarrollar esos talentos ocultos. Me sorprendieron como siempre, un tetrabrik se convirtió de pronto en un precioso bolso, una cartulina en un futbolín en 3D y un bote de cola en un precioso lapicero, por no hablar de las increíbles pulseras de olores y plumas que inventaron. Unos haciendo volteretas y ensayando break dance en el patio, otros dentro leyendo o descubriendo los crucigramas…pero lo mejor de todo…sólo se escuchaba silencio. Era tanta la concentración de los niños que por primera vez los pájaros eran los protagonistas de la mañana con sus cantos. 

Tras el turno de mañana, una triste noticia nubló el día y parece que el clima decidió secundarla: Cachito, uno de los perros que han acompañado a las hermanas fielmente desde que eran cachorros, tuvo que ser sacrificado por su edad y tremendos  y dolorosos quejidos. Apenas un ladrido fue lo último que escuchamos mientras la jaula desaparecía tras la puerta de mano del veterinario. No hubo despedidas supongo que para evitar un mayor dolor. Este mediodía la hermana Esperanza me confesaba que se había ido para no volver…ahora se entiende su decaimiento de ayer, ella sabía que su decisión no era fácil, pero había que tomarla. Sé que llevo aquí apenas un mes, pero una sensación de tristeza me inundó los ojos de lágrimas y no quise hablar para que no se desbordaran. Me sentía estúpida por estar llorando por un animal al que apenas me dio tiempo a conocer en sus últimos días, pero las emociones aquí son difíciles de manejar y cada niño, adulto y animal forma parte de esta familia que hoy está un poco más coja. Son increíbles los animales, el otro perro Oli, está quejicoso como si supiera de la pérdida de su compañero, y es la primera vez que se acerca a mi y me pide unas caricias a las que antes me respondía con gruñidos…No sé qué es lo que hay más allá, pero sea lo que sea no puede excluir a tan sentidos animales, no debería porque en sus ojos se ve si miras profundamente, un sentimiento casi humano. Parece que ayer el apagón (sin nosotras saberlo) acompañaba el luto de nuestro canino fiel. Es increíble como a veces los fotógrafos debemos afrontar la realidad antes de que pase…ésta foto la saqué hace apenas una semana, se quedó sentado enfrente mío cuando yo estaba sacando fotos como si me pidiera que aprovechara esa oportunidad para inmortalizarlo, que quedaba poco ya…En el momento en que encuadré a Cachito en mi objetivo supe que esa fotografía acompañaría éste texto…

lunes, 5 de agosto de 2013

CAPÍTULO 27: FÉLIX: ARTESANO Y HOMBRE TRANQUILO.


No llegó a acabar la primaria, no tuvo enseñanza ni formación en artes pero nos cuenta la Hna Esperanza que desde el colegio quería hacer arte con sus manos. Con 15 años decidió que su vocación era la de artesano y hoy con más de 30 y sin mujer ni hijos a cargo (muy raro para un nivaclé adulto) ha hecho de ello su vida. 
El talento de Félix Peralta siempre fue un misterio como misterio es él en realidad. Callado, nada extrovertido y siempre concentrado, tiene que visualizar su obra acabada para empezar  a tallarla con sus manos. "Hasta que no tiene en su mente lo que tiene que hacer no comienza su trabajo"
nos comenta la Hna Esperanza. 
Gracias a la artesanía ha podido salir de la realidad de su pueblo, ha estado en proyectos en Brasil y en Paraguay como restaurador reconocido e incluso a participando en los trabajos de recuperación del retablo de la Iglesia parroquial de Emboscada, datado de la época de los franciscanos. Fueron muchos los que reconocieron su talento y otros le dieron la oportunidad de inmortalizarlo ya que fue becado por unos italianos para la restauración de iglesias antiguas.
Destaca de él ser un hombre muy profesional en su trabajo y crítico con los suyos "Ha aprendido con el tiempo y quiere que la artesanía mejore. Le molesta que otros artesanos le llamen arteasania a cualquier trozo de madera con rallas"
La verdad es que para un extranjero cualquier cosa hecha por un nativo cuan más imperfecta es más apreciada (debe ser por el ego y eso de sentirnos superiores) o por la cultura de lo extravagante y defectuoso pero la postura de Félix es admirable. Él mismo, convertido en defensor férreo del arte y del buen arte, es un ejemplo de autodidactismo y constancia que fue descubierto por la Hna Magdalena cuando sólo era un crío. Hoy sigue luchando por abrir los caminos al comercio justo de la artesanía de su gente, agradeciendo como no a quienes lucharon por abrirle paso hace más de 40 años y hasta el año pasado. 

Puede que la historia de Félix no sea más que la historia de un hombre cualquiera que "no hace ruido, no da de que hablar ni por mucho ni por poco" pero al fin y al cabo, un hombre que supo perseguir su sueño. Un arte la de soñar que no muchos como él se permiten. Gracias Félix.

Y con este tercer capítulo llega el fin de mi homenaje particular a la artesanía indígena. Un hasta luego a las Hnas que la descubrieron hace más de 40 años, a la hermana Magdalena heroína silenciosa, a los indígenas que luchan por sobrevivir en tierras hostiles, a todo el que lucha desesperadamente por salir a delante...éste es mi homenaje a Félix y a las etnias del Chaco...

martes, 30 de julio de 2013

CAPÍTULO 21: ¿QUÉ ES LA LIBERTAD?



Ayer me llamó la atención una imagen que vi a través del objetivo de la cámara, no era una gran foto pero tuve que apretar el botón sin remedio. A las 9 de la mañana el centro de desarrollo integral de San José de Cluny abre sus puertas. Los niños hacen cola y nos suplican a las “profes” que les abramos cuanto antes. Cuando estaba una monitora abriendo la puerta, no pude evitar detenerme en el enorme candado que sujetaba en sus manos. Sentí por algún motivo que no éramos nosotros los  que estábamos encerrados, sino que eran ellos los que a través de las rejas de la puerta parecían enjaulados. Me di cuenta entonces de que toda esa ceremonia era una metáfora de lo que para ellos significa venir al comedor. Sus vidas, más allá de estas puertas están condenadas, son presos de su propia existencia y prematuramente asumen una cadena perpetua impuesta por el destino. Es el candado que quitamos a las 9:00 am el que les abre las puertas al mundo.
 La percepción desde fuera ¿debería ser al revés no?, quiero decir la calle y la vida más allá de las paredes de protección del colegio representa para todo aquel que allá estado en un aula, la libertad; el ser adulto, tener una casa, un coche viajar, ir al supermercado o dar simplemente un paseo sin que los profesores te digan cuando y cómo debes hacerlo. Al menos es como nos sentíamos la mayoría de los niños, deseando salir para parecer mayores, sin obligaciones ni disciplina, sin estudios ni deberes. Pues aquí los niños, en el comedor, es donde encuentran esa libertad, porque la calle es para muchos una enorme jaula llena de peligros y obligaciones que nada tienen que ver con poner la mesa o estudiar par aun examen. Todo esto te hace pensar si realmente lo que tú consideras libertad no es libertinaje y que la verdadera libertad es la que buscan estos niños tras nuestra puerta. Quizás lo que nos hace realmente libres es la opción de elegir, de formarnos, de saber, de decidir cual queremos que sea nuestra vida sin que sea el destino el que decida por nosotros. Creo que ahora cuando golpeen la puerta para entrar no me enfadaré porque puedan dañarla, sonreiré porque es su forma de decirnos que quieren ser libres. Gracias otro día más pequeños angelitos por darme una lección tan importante.

viernes, 26 de julio de 2013

CAPÍTULO 17: QUIEN SIEMBRA ENTRE LÁGRIMAS, RECOGE ENTRE CANCIONES




La vida aquí no es fácil, eso lo escribo todos los días, pero lo duro no es vivirlo, verlo y oírlo todo, sino seguir sonriendo. Ellos lo hacen cada día, tienen la fortaleza de diez mil hombres sin dejar de ser niños. Son una lección de vida cada segundo y no saben lo inteligentes, valiosos y únicos que son. Hoy era el último día del grupo de voluntarias de Madrid. En apenas una semana se ha visto una evolución increíble en su comportamiento, en los deberes de la escuela…en todo. Hoy no es que me sorprendiera, es que me quedé alucinada, el grupo que hacía matemáticas se aprendió tres tablas de multiplicar en apenas una hora, no se equivocaron en ninguna operación y les salieron las cuentas a la primera…¡Son cerebritos en potencia! En realidad son como todos los niños, esponjas, pero que aquí lo único que absorben no son conocimientos para llegar a ser algo en la vida sino que son esponjas de las drogas, la violencia y la calle. Por eso cuando se les da la mínima oportunidad hasta ellos se sorprenden con las capacidades que tienen. ¡Qué orgullosa estoy de mis niños! Muchos de los padres no les apoyan para ir a la escuela o venir al comedor, incluso una de las niñas  de 9 añitos me decía hoy que se tenía que ir a limpiar la casa para que al llegar su madre de trabajar no la riñera…la hermana Esther le preguntó : ¿Pero qué es más importante, limpiar la casa o el apoyo escolar? La niña no supo contestar, si yo fuera un niño y me dieran a elegir seguramente elegiría no llevarme un bofetón al llegar a casa por muy ingeniera que quisiera ser…

A lo que voy (que con tantas historias me pierdo por los cerros de Úbeda) es que de puertas para adentro del centro son niños, de puertas para afuera son estorbos sociales y familiares o papás de 12 años o limpiadores de cristales…Y por eso su esfuerzo resulta más valioso. Muchos caminan con sus hermanitos menores hasta una hora para llegar al cole, con el frío de la mañana y casi descalzos. No tienen despertadores y nadie les hace el desayuno…vienen porque aquí y sólo aquí encuentran su lugar en el mundo, sólo en esta burbuja del Centro de Desarrollo Integral Niño y Niña Feliz son única y exclusivamente niños y como su nombre explica, niños con derecho a ser felices.

Éste es Junior, él y sus hermanos vienen al comedor cada día. Junior tiene síndrome de down, no recibe ayuda especializada y sus hermanos hacen de papás y mamás porque su madre los  ha dejado solos hasta 22 días sin comida ni dinero. A parte de su drama personal y de una increíble hendidura en la frente de golpearse con todo lo que encuentra, Junior aquí pinta, juega al fútbol, escribe y come caliente cada día…gracias al comedor sus hermanos pueden descansar y dedicarse a aprender y divertirse mientras nosotras cuidamos de él. Al menos durante unas horas al día Junior es un niño como los demás y sus hermanos dejan de ser papás adolescentes para convertirse en hermanos mayores, nada más (como si eso no fuera ya suficiente). Os cuento todo esto para explicar el título de este capítulo, estos niños viven un calvario, pero son más fuertes, inteligentes y responsables que muchos de su misma edad que lo tienen todo. Es por esto que si los apoyamos y acompañamos mientras siembran entre lágrimas, veremos como en algún momento de la vida, estos niños perdidos y renegados de la sociedad, recogen entre canciones.
Si crees que la historia de Junior y de estos niños debe conocerla el mundo entero compártela, opina, coméntala porque sólo denunciando las injusticias podemos cambiarlas.
Pd: Esta no es una estúpida cadena del wap  o del Fb, no se va a morir tu abuela si no lo pasas a 12 amigos, considero que si estás leyendo esto y lo compartes, lo haces porque quieres y lo sientes así, no por miedo a un absurdo

miércoles, 24 de julio de 2013

CAPÍTULO 15: PARAGUAY Y EL CONFORMISMO , EL LEMA DEL “DEJARSE LLEVAR…”





Por la tarde hemos salido a ver a Marisol, una niña con una grave infección cutánea provocada por el agua infectada que comparte junto con la gripe con el resto de sus hermanos. Como no, su casa es una casa de maderos y cartones que el río ha obligado a construir en un pequeño terreno. En la morada nos encontramos a un grupo de niños jugando a las canicas, las “balitas” como aquí lo llaman (la última moda en juegos no violentos, aunque se juegan dinero en él).  Irma, la madre de la pequeña, dirige una casa con un marido alcohólico que tose sangre por una cirrosis galopante, una hija de 15 años que ya vive con su novio en casa y con el pequeño Leonardo, al que nos cuenta emocionada que casi pierde por dos veces por culpa de la droga y la calle. Es una mujer instruida que completó sus estudios y de muy buena familia, pero que el destino ha llevado a la calle. Mañana la entrevisto por la mañana, es una de las personas más interesantes con las que me he encontrado hasta ahora. 
Con una apariencia totalmente engañadiza, casi piojosa, desaliñada y gordita nos explica las diferencias sociales y los derechos por los que lucha dentro de la comunidad en la que vive. Le viene de familia, pues su padre al que siguió hasta Paraguay desde Argentina, era conocido por ayudar a sus semejantes. Es una mujer emprendedora en un lugar extraño, quiere hacer una casa de materiales reciclados y tratados para mejorar las condiciones de vida de los chabolos donde se ubican cuando crece el río, ha luchado por tener un huerto comunal sin éxito y defiende la educación de los niños para evitar que vivan de mayores como lo hacen de niños: sin esperanzas, sin sueños, sin formación y en la calle. “El problema de Paraguay es que no nos unimos como pueblo, no luchamos por nuestros derechos, somos conformistas”.
 No ha sido la única que hoy por la tarde me ha confesado esa gran verdad. Hemos visitado más casas y en todas se percibe. Al llegar a la casa de las hermanas de San José de Cluny, el padre Óscar (paraguayo de nacimiento) me confiesa con impotencia que Paraguay es un pueblo indígena “al que siempre se le ha dado todo, un pueblo descendiente de indígenas de caza y recolectores que siempre lo han tenido todo”; que no saben luchar por mejorar y que son el pueblo del dejarse llevar…¿Para qué mejorar si ya tenemos algo? 
Conformistas y por lo tanto de sueños vacíos que muchas veces esperan que la ayuda toque a sus puertas sin pelearla. Torna los ojos al hablar y  parece que le duele decirlo, lógico, a mi me dolería de mi tierra, pero dicen que el primer paso para superar algo es reconocerlo...Nunca he visto a un cura maldecir hasta hoy, la franqueza le brota sin poder contenerla y la indignación comienza a hablar en su nombre…una gran  entrevista para próximos capítulos, mientras tanto, más historias sin nombre, más caritas que surgen del fango…

martes, 23 de julio de 2013

CAPÍTULO 13. INVIERNO: CON EL AGUA AL CUELLO






Antes que nada, perdón por escribir tan tarde pero no hemos parado en todo el día y no he tenido tiempo de volcar el material hasta ahora. Esta mañana muy temprano he quedado con la trabajadora social del comedor, Lili, con ella y con una de las voluntarias de Madrid hemos ido  barrio abajo cerca del cauce del río a buscar a una madre que finalmente ni sus hijos sabían donde estaba. Sus hijos hace tiempo que no pasan por el comedor, no van a apoyo escolar y eso nos hace temer lo peor. Andamos durante más de dos horas callejeando hasta el río. Dos horas dan para contar muchas verdades sobre la vida en Paraguay para los más desfavorecidos. Lili nos cuenta que es invierno, ha medida que nos acercamos al río notamos el fango en los pies y las calles se vuelven un barrizal. Vemos casas hechas con maderos y uralita en medio de auténticos basureros. 

Lili nos explica que los emigrantes del campo que vienen a la capital se asientan en los terrenos baldíos de las orillas del río y que ahora en invierno deben abandonar a toda prisa esas casas debido a que las lluvias hacen crecer el caudal y todo se inunda…No hay una fecha, ni una hora concreta como es lógico, la naturaleza no avisa; puede ser de mañana o madrugada, puedes estar en la calle o en la cama cuando el agua te llegue al cuello. Nos quedamos pasmadas con lo que para ella es algo típico, normal y esperado de la vida en los barrios. De hecho, nos cuenta que el Gobierno que conoce de esta situación, habilita terrenos más hacia arriba y algunos materiales para que estas familias se puedan asentar de forma temporal hasta la bajada del caudal. Por el camino nos encontramos a Ronaldo y a su mamá; ellos no han tenido tiempo de sacar sus cosas de casa, su ropa, mantas y utensilios han quedado titaniczados hasta que las aguas vuelvan a su cauce. No tienen baño, viven entre escombros la mujer y sus dos hijos el menor de apenas 2 años. Hoy no han venido al comedor por la helada de esta noche, apenas podían moverse de la cama del frío. Sin comida, sin ropa, sin agua,etc. Nos invita a pasar a su chamizo y humildemente nos dice que no ha tenido tiempo de ordenarlo. No llega ni ha 20 metros cuadrados la casa entera, los colchones arrejuntados como camas, sofás e improvisadas mesas, las mantas arremolinadas en los agujeros para tapar el frío y poco o nada más para vivir. Aún así sonríe y nos trata con una hospitalidad asombrosa, apenas se la entiende al hablar porque le faltan los dientes de arriba, pero no hace falta…sólo con mirarla se puede ver su humildad en los ojos…eso sí, no suelta al pequeño Ronaldo de su lado ni un minuto del día; pensaréis que es lógico dad la situación, pero os sorprendería saber cuántas “madres” en la misma situación no saben ni quieren saber dónde están sus hijos. La calle: la guardería; la pelota: su maestro y la vida…la vida al parecer un macabro juego…
Entre la tierra y las callejuelas encontramos muchas historias como las de Ronaldo y peores, necesitaría 500 páginas para contarlas todas, de momento os dejo con sus caras; no las olvidéis porque todas ellas encierran mil fabulosas historias