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jueves, 19 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 70: HOY HA SIDO UN DÍA RARO, RARO, RARO




Todo empezó con una bolsa misteriosa. Uno de los niños, Zacarías, traía en su mano una bolsa azul con algo de pequeño tamaño dentro. Me lo ofreció para mirar sonriente y contento: ¡tengo un regalo!. Asomé la cabeza por la bolsa y descubrí cual era el regalo: UN PÁJARO MUERTO, desplumado, despellejado y con todos sus órganos sujetos aún por el esqueleto y medio ojo abierto. El olor a carne muerta subió por la bolsa y por mi nariz justo después de desayunar e inmediatamente una arcada subió por mi faringe...¡¿Qué haces con eso Zacarías?!¡¿Quién lo mató?!
Zacarías , que estaba todo contento con su tesoro me respondió: "Es para que me lo cocine la rubia (la cocinera), yo lo desplumé". Me quedé pálida, realmente estaba contento de su caza porque sería, seguramente, su cena. Al parecer un niño de apenas 3 años que lo acompañaba esta mañana al comedor, le había propinado al pájaro semejante patada que le había abierto una brecha en el cuello y el pájaro había muerto. Entre ese pequeño, Zacarías y Sergio lo habían desplumado y despellejado para traerlo y cocinarlo por el camino. Inmediatamente le di descanso al pobre pajarito que aún tenía cara de sufrimiento, en la papelera del patio procurando enterrarlo lo más arriba posible para que no lo rescataran de entre los escombros. Para mis sorpresa, cuando se lo conté a las hermanas me dijeron que esos pájaros se comían aquí y que estaban muy ricos. Diferencias culturales y gastronómicas supongo, no puedo hacer más comentarios.
Ese niño que supuestamente mató al pajarito, es un pequeño de apenas 3 años que no habla pero que siempre está pegando a los demás y tirado por el suelo como un gato. Tiene unos ojos preciosos, pero cuando sonríe toda esa belleza se esfuma de golpe. Tiene todos los dientes de arriba comidos por las caries, apenas se le ven espacios blancos entre esa carcoma marrón que hacia la zona donde debían estar las muelas, se vuelve negra como el azabache. Le preguntamos a Zacarías cómo había traído a ese niño: "Él me siguió." -"¿Y su mamá"- "Es una señora"
Ahí acabó la conversación porque no pudimos sacarle más información al pequeño sobre la procedencia de ese niño. Yo lo había visto más veces por el comedor, pero pensé que era de una de tantas madres que muchas veces acompañan a sus hijos o se acercan a comer. "Es mucha responsabilidad Zacarías, ¿y si le pasa algo por el camino?¿y si su mamá no sabe que está aquí?, tú no eres su papá, ya tendrás muchos años para eso."
"Si soy su papá" dijo riéndose. Por mucho que se ría y que biológicamente estos niños no tengan cargas paternales de momento, estoy segura que en el fondo de su corazón se trajo a ese pequeño porque sentía la responsabilidad de hacerlo, porque si está aquí toda la mañana sin que la mamá se percate....¿qué sería de él en la calle?. Lo más triste de todos es que sí, estos niños y niñas son papás y mamás desde antes incluso de saber que son niños...

miércoles, 18 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 69: UN JUGUETE, UNA ILUSIÓN.




Muchas veces hemos visto la propaganda de esta campaña que comenzó en el 2000 impulsada por RNE y la Fundación Crecer Jugando. Hoy me he acordado de esas campañas que antaño veía por la televisión y que hoy he vivido algo parecido en mis propias carnes. Como ya sabéis los que me seguís cada día, he vuelto a Asunción y al comedor para niños de la calle (no les gusta que les llamen así), que tienen las hermanas de San José de Cluny cerca de la costanera. El caso es que hoy se ha organizado en el comedor una feria del juguete.
Una feria modesta, con juguetes donados, pero por muy modesta que fue la feria la ilusión de los pequeños no lo fue para nada. Bien temprano se apostaron en la puerta mirando tumbados en la reja hacia el interior del patio del comedor para ser lo primeros en entrar. Cuando me vieron sonaban gritos por todas partes : "OLAYAAAAA, OLAYAAAA" repetían sin cesar. Hoy no me responde el ánimo, así que fui lo más efusiva que pude moviendo sin cesar los brazos en señal de saludo desde la distancia.
Las profes y las hermanas numeraron cada juguete y como en cualquier tómbola hicieron números para cada premio. Separados por varones y nenas, casi 100 juguetes esperaban ansiosos recibir a sus dueños e imaginaros los dueños como estaban. Antes de comer, tumbados en el suelo, miraban por las rendijas del garaje por si sus ojitos podían descubrir qué números correspondían a cada juguete en la oscuridad.
Ayer fue gracioso, resulta que hay un micrófono con su pie muy profesional aunque se ve que es de juguete y una de las niñas, Belén casi se pone de rodillas para pedirle a la hermana que amañara el sorteo: "¡Ay hermana por favor! tooodiiito lo que quieras voy a hacer, pero dame ese micrófono. Yo te digo como hacerlo, mira, tu le pones un número, por ejemplo el 3 y sin que nadie se de cuenta me das a mi el 3 también, y así hermana".
Yo me moría de la risa como estos enanos discurren las trampas y artificios sin necesidad de esforzarse.
Bueno, volviendo al tema, tras la comida se repartieron los números y con un orden que me asombró en estos chicos, se colocaron en filas separados por sexos esperando entregar su número para recibir el tan ansiado juguete.
Hubo un pequeño error de comunicación y se le pusieron los números a los juguetes equivocados, unos que estaban ya bastante viejitos, pero ellos estaban tan ansiosos y contentos por el regalo, que aunque fueran algunos rotos o incompletos, la alegría era la misma: cantimploras, carteras, mochilas, robots, coches, etc.
Al final el pie de micro sigue durmiendo en el garaje junto con la ilusión de Belén en que algún día sea suyo, como otras niñas, piensa ser una cantante famosa y por qué no éste, el comedor, puede ser su primer escenario.
Rápidamente el reparto terminó y cuando me di la vuelta, me encontré a los niños haciéndolos suyos, montando los robots, creando historias, jugando a las aventuras, a las carreras...Otros no estaban contentos con el juguete que les había tocado y andaban intentando convencer a sus compañeros para un trueque que no siempre era justo. Bueno básicamente es una muestra de la vida y de la sociedad en miniatura: conformistas y disconformes, comerciantes y compradores, líderes y sumisos, todo empieza ese día que decides cambiar tu juguete por el que realmente te gusta.

pd: yo los veía contentos con una simple dentadura de plástico y pensaba...yo,que en mis navidades contaba más de cien regalos, que tenía un escaparate de juguetería sólo para mi....yo que ahora los veo a ellos con una centésima parte de todo lo que yo he tenido y que ahora adorna cajas y cajas en un desván...












martes, 17 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 68: NO LLORES POR MÍ...SAN ISIDRO











Me despierto sobresaltada. No oigo a las niñas. No hay gritos ni carreras. Cuando mis ojos enfocan veo la carretera ante mi. Me había olvidado que me quedé dormida llorando al salir del internado. Estamos de vuelta a Asunción y San Isidro empieza a ser ya un recuerdo.  Delante don Francisco y la hermana Esperanza comentando el camino y yo con algo que me está pinzando el corazón, me falta la respiración, me falta algo y creo que es el internado. La última vez que vi a esos niños hace apenas dos horas, las lágrimas corrían por sus mejillas, incluso Laurita, siempre sonriente, estaba roja y moqueando. "Añandú"(guaraní), "Estoy sintiendo" que mi corazón me pide dar media vuelta y olvidarme del mundo entero. ¿La razón? Pues bien, esta vez no seré yo quien escriba el capítulo, lo escriben ellas y sus cartas de despedida, al final descubriréis por qué me he entregado sin condiciones a ellos:

"Olvidarme de ti eso es imposible, iluminaste los días que pasé contigo con tu alegría y tu sonrisa, iluminaste nuestro corazón con  cada pasito, esa huella siempre quedará marcada. TE QUIERO MUCHÍSIMO, eres una chica excelente, nunca cambies tu forma de ser y sigue luchando siempre por seguir adelante" (Merlyna)

"Gracias por enseñarme a cantar, algún día me verás  cantando en los mejores escenarios, algún día mi sueño se hará realidad y te llevaré siempre en mi memoria"(Eliana)

"Hola Olaya, te quiero muchísimo y te llevaré siempre en mi corazón, quiero preguntarte qué día vas a volver. Quiero que sepas que siempre te recordaré" (Leticia)

"Te escribo esta carta porque quiero que sepas que eres la mejor amiga que he tenido, gracias por enseñarme tantas cosas como los números romanos, matemáticas y todo lo demás. No quiero que te vayas" (Perla)

"Olaya, quiero que el próximo año puedas volver con nosotras y te recibiremos con mucho cariño y alegría, sos la mejor entre las voluntarias, la más linda y la más buena y nunca te olvidaré" (Anahí)
 
"Hola amiga, primeramente decirte que San Isidro siempre será tu casa. Nunca he encontrado una amiga tan linda, amable cariñosa, respetuosa y nunca voy a olvidar los momentos felices que pasamos juntas, en especial las clases de FLAUTAA!!" (Lourdes Patricia)

"Gracias por venir junto a nosotras, te amo mucho, no te voy a olvidar y te voy a esperar siempre" (Wilma)

"Hello my friend! Te escribo este recuerdo, no con tristeza, sino con alegría de haberte conocido, porque eres una mujer genial e inteligente. Guardo muchos momentos que nadie podrá romper ni sacar porque los tengo en mi corazón. Están ocupando el lugar de los mejores recuerdos. Gracias por ofrecerme tu amistad, por darme el cariño de mamá, por enseñarnos sobre la fotografía, por los momentos felices y muchos otros. No voy a dejar que el dolorde tu viaje venza los momentos felices. Yo te quiero como si fueras mi madre, eres tan especial para mí. Desde que llegaste, desde que escuché tu nombre, sabía que algo de mí me acercaba a ti como un imán y luego tu no tardaste en abrirme la puerta de tu amistad. Voy a rezar por ti y por tu familia y para que algún día puedas volver. No olvides que San Isidro ya es tu hogar(...)" (Marlis)

"Oli cuando llegaste a San Isidro, nos alegramos porque no te conocíamos e íbamos a conocer tu alegría, tu vida y esa sonrisa tan hermosa y cálida que nos llena de entusiasmo. No sé como expresarme , sólo puedo decirte que te quiero un montón y que le doy gracias a Dios y a la Virgen por ponerte en mi camino, por enseñarme tantas cosas que valoro y aprecio con todo el cariño que te tengo. No te olvides de que Paraguay es tu 2º terreno y que no pierdo la esperanza de que algún día sea yo quien pueda visitarte y juntas sentir la brisa del mar y viajar por España. Nunca abandonaré mis sueños sin darle la oportunidad de hacerlos realidad. Todos los momentos buenos que hemos pasado se quedan grabados en el corazón y nada ni nadie podrán arrancarlos porque están llaveados con amor. Sos mi amuleto de la buena suerte". (Dahiana)

"Lastimosamente, todo lo que te quiero decir no cabría en este cuaderno. Sé que no he compartido tanto contigo como otras chicas, pero si desde lejos estuve admirando tu forma de ser que me ha gustado mucho. Quiero que sepas que eres una chica muy linda y buena , espero que nunca cambies y que no dejes que nada ni nadie  borre de tu cara esa sonrisa hermosa que tienes. Quiero que sepas que acá en Paraguay  siempre va a haber una chica que te recuerda con mucha alegría y que siempre te va a recordar con los brazos abiertos...." (Soledad)

Estas cartas son sólo una parte de todas las que han escrito. Una parte mínima del cariño y el amor que incondicionalmente te entregan estos pequeños que tiene que despedir cada poco tiempo a quienes pasan por sus vidas como un suspiro. Voluntarios como yo, que han compartido su día a día por muy poco tiempo que fuera. Prometí que no lloraría, les he reñido a ellas por llora cuando me iba, porque debíamos alegrarnos por habernos encontrado en la vida, por compartir buenos momentos, irrepetibles e inolvidables. Quien esté libre de llorar que me tire una caja de clínex porque no he podido mantener mi promesa.

Cada una de ellos me ha pedido que les deje un regalo de recuerdo, pero obviamente no he podido reunir 300 recuerdos así que le he propuesto al director y hermano Aníbal crear el HUELLACÁN, un árbol de los recuerdos adornado por los zapatos de todos los que han pasado por allí y han dejado huella. Así lo hemos hecho. No sé si durará para siempre, ni tan siquiera si seguirán allí la próxima semana, pero mis botas descansan ahora al lado del monumento de San Isidro y allí colgadas en el cielo llevan escrito un mensaje: "Olaya. SEPT 13: NUNCA DEJÉIS DE SOÑAR".
Ahora estoy con ellas bajo ese árbol mirando al cielo y diciéndoles que cuando estén tristes o quieran recordarme sólo deben mirar hacia arriba y pensar que un día hubo una chica tan enamorada de San Isidro que quiso dejar su huella para siempre. JAMÁS ME IRÉ DE AQUÍ SI ME LLEVÁIS EN VUESTROS CORAZONES POR MUY LEJOS QUE ESTÉ.

Si algún día encontráis este blog y lo leéis, he aquí mi carta para vosotr@s:

Queridos niños y niñas de San Isidro:

Sois la luz que ilumina el mundo, pequeños ángeles caídos del cielo para recordarnos que la esperanza del ser humano está puesta en niños como vosotros. Sois el futuro del mundo y el presente regalo de corazones rotos como lo estaba el mío cuando os encontré. Doy gracias al destino por haberme permitido conoceros. He vuelto a ser niña, a jugar a la goma, a la comba, a polis y a cacos, a tocar la flauta a cantar todo el día sin cesar...Sois la droga más adictiva del mundo.
No me olvidaré de esas carcajadas inocentes,  de esas vocecitas agudas, de veros pescar con el agua por las rodillas y los pies enterrados en el fango, de las llantinas que os entran cuando un amigo os decepciona, de veros abrir esos ojitos cada mañana.... en definitiva, no me olvidaré jamás de que como ya os he dicho una vez, me habéis recordado todo lo que en esta vida, merece la pena.

Vosotros profesores, no os rindáis a pesar del cansancio, tomaros un tiempo al día para pensar lo afortunados que sois porque tenéis en vuestras manos criaturas insaciables de cariño, que regalan todo cuanto tienen por un abrazo. Estáis salvando vidas que sino fuera por la escuela, se perderían en medio del Chaco. Estáis dándole a estos niños un futuro más allá del trabajo en el campo y la miseria de la supervivencia. Empapad bien estas esponjas que dejarían seco el río más caudaloso. Aquí sois padres, madres, amigos y confidentes de 300 personitas que dependen las 24 horas de vosotros y que cada año se lanzan al mundo fuera de la protección que sólo encuentran en San Isidro. En ese mundo, contagiarán a quienes les rodean de todo lo aprendido en estas 80 hectáreas, actuarán cómo han actuado con ellos y serán adultos sanos a los que les han permitido ser niños cuando les correspondía. Alegraros porque sois custodios de la infancia que en otros lugares se está perdiendo y recordad que cada cosa que dais ellos os la devuelven multiplicada por todo lo que tienen.
 
Vine con las manos vacías literalmente y me voy con las muñecas llenas de recuerdos, de pulseras, de anillos que no han dudado en regalarme a pesar de ser, en ocasiones, lo único que tenían. Les daba igual quedarse sin nada con tal de que algo suyo viajara conmigo para que no les olvidara. Pero mis queridos niños...¡olvidaros sería totalmente imposible! Lucharé por recordar tan nítidas como las recuerdo hoy, cada una de vuestras caritas sonrientes por el resto de mi vida.

Una voluntaria que ha encontrado en San Isidro mucho más de lo que ha dado.

Olaya López Alonso.

CAPÍTULO 67: LA ÚLTIMA CENA




Mañana después de comer me voy para no volver, al menos, por un tiempo indefinido. Tal y como me temía, todo esto comenzará a ser un recuerdo en menos de 24 horas pero esta noche es larga y más larga la voy a hacer. Quiero que los niños se vean en pantalla grande como si fueran artistas famosos y con el mismo derecho o más de serlo que muchos que ya se llenan los bolsillos sin merecerlo tanto, así que he preparado una presentación con muchas de las fotos que les he sacado durante estas semanas. Estoy nerviosa, porque la falta de tiempo me ha impedido preparar todo mejor y no sé cómo saldrá. Me dirijo hacia el patio cubierto que sirve de improvisado escenario y cine gigante. Ahora mismo está medio vacío pero ya oigo la marabunta acercarse corriendo tras de mi. En menos de un minuto los bancos de madera están a rebosar, niños por todas partes: en el suelo, en los muros, de pie...también profesores y otros integrantes de la escuela se suman a la fiesta: este regalo es para todos. He elegido canciones que no son tristes sino más bien de esperanza y alegría para que esto no se convierta en una amarga despedida sino que sean media horas de risas y anécdotas compartidas. En mi mano una bolsa de Sugus para darle a los niños al terminar, odio regalarles caramelos que contribuyan a su mala salud dental, pero ¿qué se le puede comprar a 300 niños con mi presupuesto?.
Me giro después de enchufar el pen drive en el ordenador y descubro los bancos llenos y todo el patio hasta los topes. Las niñas y los niños no dejan de llamarme de un lado para otro para preguntarme a qué hora me voy mañana, si les voy a regalar algo o si me quiero sentar a su lado.
Mi lucha desde que llegué, ha sido mentalizarlos de que no pueden decir: "Yo quiero..." para conseguir algo, que deben aprender a solucionar sus problemas y a conseguir las cosas por sí mismos sin esperar regalos de nadie. Acabo de escuchar: "¡Yo no quiero!" , me giré para ver si es que se había equivocado, pero la niña que lo dijo me miró y me dijo : "¡Yo no quiero....yo no quiero que te vayas!" .Me eché una carcajada legendaria oyendo cómo había cambiado la cosa....algo al menos me ha dado tiempo a enseñarles.
Metida en la vorágine de sus llamados y sus abrazos, giré la cabeza hacia el muro y descubrí al hermano Fernando mirándome sonriente. Siempre he querido encontrarme con esa escena, alguien que mire como en una película una imagen tierna que esté viviendo otro e inesperadamente se encuentre sonriendo. Pero más aún me gustó descubrir que la protagonista de esa imagen era yo rodeada de mis pequeños tirando de mi de un lado para otro para darme su cariño. Verlo desde lejos debió ser casi tan bonito como vivirlo.
Apagamos las luces y tras unos segundos batallando con la informática, comenzó la presentación. 233 fotografías que iba pasando con cada golpe de música e iban emocionando y sorprendiendo a grandes y pequeños. Es increíble lo que una simple fotografía puede causar: 300 niños desde los 6 hasta los 16 años riéndose al unísono e invadiendo la sala de oooooohhhhhh! ueeeeeee! jajajjajjaajajjaa...
Se mearon de la risa a ver a una de las niñas más pequeñas con mis gafas de sol gigantes, a otros bailando sevillanas, a otros haciendo teatro, pero sobretodo...al ver las fotos que sacamos con los efectos del Iphoto de mi Mac Book con los caretos retorcidos, estirados, gordos o alargados...es que se meaban!!!
Al terminar las fotos, bajé la música y les puse un vídeo muy cortito que grabé a escondidas en una clase para despedirme de ellos. Miraban a la pantalla, me miraban a mí, volvían a mirar al proyector...¡NO ENTENDÍAN COMO PODÍA ESTAR EN DOS SITIOS A LA VEZ! jajajaj. Me recordó a las clases de cine y fotografía cuando nos contaban los profesores el impacto que causaban las películas en las primeras salas de cine cuando la gente se sorprendía pensando que esas figuras se saldrían de la pantalla. Supongo que pare entender la evolución de cualquier arte, hay que preguntarse cómo surgió, y ésta, mis queridos lectores, fue la clase práctica más realista de mi vida.
Tras la presentación se escuchó un ¡Nooooo! gigante y los niños querían verla de nuevo. Es la mejor señal de que les ha encantado, ahora a aprovechar la última noche, cada segundo de ella será irrepetible, hoy más que nunca, cuidaré de sus sueños como un guardián de su castillo.

jueves, 12 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 63: DESCUBRIENDO LA VIDA DE UN DÍA CUALQUIERA



"Nos iremos el lunes" dijo la Hermana Esperanza. Mi corazón se paró durante un momento, dejé de respirar durante unos segundos de forma inconsciente; mi cara sintió el calor de la tarde y mis ojos se abrieron como platos. "!No¡, quiero decir ¿no nos íbamos el viernes?! respondí sin casi darme cuenta de tono y dejándome llevar por todo lo que sentía en ese momento. "Podemos mirarlo "dijo, pero mi cabeza seguía asediada por la premura del tiempo: "No puede ser...es...demasiado pronto, no me quiero ir de aquí" . De repente me di cuenta de que debía volver a la realidad y que sí o sí , fuera el lunes o el viernes, esta historia se acababa: se acaba el vivir en Paraguay, se acaba el despertarme con los correteos de las niñas a las 5 y media de la mañana, se acaba peinarlas, se acaban las clases de flauta, los consejos de amor, se acaba consolarlas, reñirlas , se acaba despertarme y acostarme sin saber qué día es porque pasa demasiado rápido...
Llevo todo el día sin parar. Por la mañana clase de entrevista y foto a los de 7º y 8º,después proyecto con los más pequeños y un paseo por los proyectos del resto de cursos para reportarlos. Viene la hermana Esperanza (la regional)esta tarde y las niñas se preparan para su visita: toca peinarlas, cuidarlas en la ducha y ayudarlas a ordenar sus enseres. Después de cenar hay acostarlas y vigilar que se pasen toda la noche bailando en el baño....
La mañana fue intensa, digamos que aunque en principio les apasiona el tema de la entrevista, cambiar lengua por foto y mi presencia, en seguida, aparece la vagancia y el calor se convierte en su mejor aliado. Les cuesta mucho expresarse, atender, escribir y en seguida los de 7º (14 años) te dicen que están cansados de copiar 9 diapositivas a letra 20 y que "No da gusto". A regañadientes de algunos y entre las risas de otros, sacamos la clase adelante con bastante éxito: creo que han llegado a la conclusión que las entrevistas sirven para descubrir cosas increíbles del mundo y las personas que nos rodean. Se han entusiasmado cuando les he dicho que van a entrevistar ellos mismos al director y hermano de la congregación de La Salle, Aníbal y al final me han sorprendido con su curiosidad. Al principio de la clase, las preguntas que se les ocurrían para la entrevista eran : ¿cuántos años tienes? ¿ de que equipo eres? ¿tienes hermanos?, etc. Tras explicarles los diferentes tipos de preguntas y entrevistas y el fin que pretenden, les he pedido que cada uno escribiera una pregunta para Aníbal: " ¿No te has arrepentido nunca de ser hermano?" "¿Cómo llegaste a ser director de la escuela después de ser alumno?" . Creo que ahora sí empiezan a pensar como auténticos periodistas y sobre todo, como personas críticas.
Ahora fotografía. Sin duda los de octavo son diferentes, se ve que a la mayoría el tema les apasiona. Les puse un vídeo de 5 minutos de resumen de la historia de la fotografía: no era demasiado bueno, ni extenso, ni todo bien explicado que quisiera, pero al menos esos 5 minutos de audio e imágenes en movimiento captarían más su atención que yo con una tiza dictando teoría de la fotografía desde el encerado. Después del vídeo, un repaso por 25 fotografías que cambiaron el mundo: sus personajes, autores y la historias que esconden. Estaban callados, atentos, sorprendidos y emocionados al mismo tiempo: veía cómo abrían sus ojos como platos  con fotografías del genocidio nazi, cómo se emocionaban con el beso entre la enfermera y el marine en Times Square o cómo intentaban descubrir más leyendas escondidas en la mítica portada de Abbey Road de los Beattles...
Terminada la parte teórica, salimos al patio para que pusieran en práctica lo aprendido estas dos semanas. Mi cámara ya está algo tocada por el clima y tanto uso, pero aún así supieron sacarle partido y en fila de a uno, me mostraron su visión sobre el patio del recreo. Hay algo mágico en saber transmitir una pasión y creo que es el saber contagiarla.

Miércoles a las 14:00, hora del proyecto con los más pequeños. Ellos no cosen, no tocan guitarra, no bailan sevillanas....su proyecto es jugar y me parece bien. Pero con cerca de 45 grados a la sombra lo único que espero es que ni ellos ni yo nos desmayemos en el intento. Buscando una sombra, mi cerebro relacionó rápidamente sombra y escondite y empezamos el juego: 20 enanos, 80 hectáreas de terreno y una hora de juego para encontrarse. Finalmente no se me perdió ninguno...todo un milagro.
En la segunda hora del proyecto me recorro las diferentes actividades que se realizan. Dos niñas de las mayores hacen de guías y puerta por puerta descubro profesores y alumnos entregados a su tarea. La primera parada, la hermana Valentina que enseña croché a las niñas. En cuanto me ven con la cámara, el aula se convierte en una competición por mi atención y el objetivo: "Sacáme un poco..."(entonación latina) "Aquí, aquí". "Mira que lindo mi pañito..." Todas y cada una me enseñan con orgullo lo que yo considero obras de arte dada mi absoluta ignorancia en labores de costura.  Siguiente parada: el Ñandutí. Como ya he explicado en otros capítulos, es un tipo de entramado de costura típico paraguayo que se parece a la tela de una araña. Hasta ahora no había visto el proceso completo y la verdad me sorprenden las habilidades y dedicación de las pequeñas: primero lo cosen sobre un bastidor unido a la tela muy tirante sobre la que realizan los dibujos. 
Luego, una vez terminado el dibujo, el bastidor se almidona para endurecer  las formas que luego se recortarán con una tijera o cúter para dejar finalmente el hilo al descubierto y utilizarlo en decoración, cuadros, pendientes, etc. Sentadas bajo la sombra de un árbol o en una sala con el ventilador, la estampa es entrañable, como  si hubiera retrocedido a la España de mi abuela y las labores que se enseñaban entonces en la escuela.
Otro grupo de chicos realiza artes plásticas en otra aula; hoy toca un comecocos con forma de sapito que cada uno se encarga de personalizar. Me hace gracia una de las chicas que ha conseguido que su sapita se convierta en una princesa de largas pestañas y corona con ojos azules intensos.
De camino nos encontramos un grupo bastante extraño: algunos portan escobas y arrastran carretillas; otros sin embargo llevan guitarras. ¿Será que es un grupo musical de estos modernos como Mayú Maná? Se ríen y me dice el profesor que en ese grupo hay dos labores, unos se encargan del mantenimiento de limpiar y recoger el suelo o las aulas y el otro mientras toca guitarra con el profesor Óscar. A segunda hora los de la guitarra cambian las cuerdas por la escoba y viceversa.
En otras aulas hay más profes con niñas cosiendo, pintando sobre diferentes telas, jugando al ajedrez y observo con admiración la agilidad de sus dedos y la aguja, de la seriedad con la que trabajan y de ilusión con la que me muestran sus progresos.
Escucho voces altas en esta clase antes de entrar. Parece que están reunidos. Es la clase de teatro con el hermano Fernando. Cuando conocí a Fernando enseguida me di cuenta de que tenía un carácter distinto al resto. Es argentino y con él las risas y el buen ambiente están aseguradas, lo que no quita que si la conversación lo requiere, se implica y forma seria y argumentando sin tapujos cualquier tema. Es de esas personas abiertas para las que los tabús son simplemente innecesarios.
Ahora lo observo hablar con los chicos de teatro en corro, están debatiendo sobre la clase en sí, poniendo en común las opiniones de cada uno para participar más, trabajar mejor y en definitiva abrirse al escenario de la vida. Tras la intensidad del coloquio, en el que me sorprende cómo se implican algunos de ellos, toca soltarse con un juego de expresión corporal: los chicos tienen una centella en el cuerpo, como una especie de chispa que tienen que expresar con movimientos y pasarle a un compañero suyo. Me meo de la risa viendo como se mueven, realmente han conseguido vencer la timidez tanto que algunos parecen estar poseídos por un demonio que les provoca terribles espasmos...xdxd.
Me voy a regañadientes para seguir la visita porque realmente me encantaría quedarme como alumna y jugar a la chispita. Creo que sería el proyecto que más me gustaría si fuera alumna.
Cruzamos de nuevo entre los edificios hasta llegar a un pabellón semi-cubierto en el área de los chicos. Allí Iván, otro de los jóvenes profesores enseña danza paraguaya a un grupo de chicos y chicas en el escenario. Él es profesor y también baila con ellos, enseñándoles cada paso y repitiendo cada movimiento una y otra vez para que salga lo más perfecto posible.
La implicación y sacrificio de los docentes que viven 24 horas al día 365 días del año aquí, es realmente admirable. Realmente por mucho que te gusten los niños, es inevitable acabar por los suelos después de un día con ellos. Yo lo sé y llevo aquí a penas dos semanas, no me puedo imaginar si viviera aquí...
El penúltimo punto de mi paseo (creo que mis guías están pelín hartas de mi ya) es la enfermería. En ella, la hermana Raquel (enfermera de San José de Cluny) alecciona a un grupo mixto de chicas y chicos a cortar gasas, hacer pequeñas bolitas de algodón para curar heridas y otras pequeñas tareas para que, aquellos que piensan dedicarse a la salud en un futuro, se vayan relacionando con el medio. "A mí me marea la sangre" dice uno que quiere ser enfermero.  No puedo evitar reírme con el comentario viéndolo tan concentrado que está cortando un trozo de gasa.
Ya casi en casa (la casa de las hermanas donde vivo), oigo un sonido que me transporta inmediatamente a España, más concretamente a mi querida Andalucía, tierra de maravillosos amigos y recuerdos: las sevillanas. Alicia, psicóloga y voluntaria española que lleva todo el año aquí, enseña a un grupo a bailar sevillanas. Se mueven con la gracia de un adolescente (es decir poca o casi ninguna) y la timidez por la cámara hace que sus movimientos sean aún más graciosos. Cuando se van olvidando que estoy ahí es cuando observo que algunos tienen arte y siguen a Alicia atentamente. No pude evitar arrancarme a cantar con un acento andaluz que desde luego no tengo pero que mi garganta no pudo contener: "Esa gitana, esa gitana, se conquista bailando por sevillanas...¡OLE!".
Muchos de los que leéis el blog entenderéis que cuando uno está lejos de casa, de la tierra, de su gente y su cultura, cualquier reminiscencia de ella por pequeña que sea se clava inmediatamente al corazón como si de repente toda la tierra a la que perteneces se te hubiera metido dentro: algo así como una especie de posesión divina que le entra a un español cuando ve tortilla de patata en Alemania por ejemplo. XD
Las más pequeñas, que me persiguen y son mi sombra constante (ay que me las como!!) se animan al oír la música y ellas también quieren bailar. Blásida se pone mis gafas de sol y se arranca a bailar bachata como si fuera un adulto. Otras de las niñas bailan con Ali o por parejas siguiendo su propio ritmo. Si no fuera por el calor y el cansancio, creo que nos pasaríamos la tarde bailando.
Suena la campana, hora de la merienda y de repente el patio que hasta ahora parecía un desierto, se llena de pies diminutos corriendo al comedor y los gritos devuelven a los pájaros (hasta ahora los reyes del silencio) a sus nidos.
Oigo un lloro desconsolado, como cuando ya no te queda aire y la falta de respiración te provoca una especie de ronquido...me acerco a Camila. No me da tiempo a preguntarle qué le pasó cuando me dicen que se cayó y se clavó los dientes de arriba en el labio. Me quedo a cuadros ( a mi madre le pasó lo mismo de pequeña y por lo que me contó le dolió de lo lindo). Efectivamente. Le abro la boca y observo la marca de las paletas (las tiene muy grandes) en el labio inferior, por dentro se ve un agujero de carne roja y sangre, por fuera de la boca un corte confirma mis temores: los dientes atravesaron el labio saliéndole por fuera. 

La hermana Raquel no está, ha ido a llevar a una niña al médico a Pozo Colorado y ahora mismo estoy sola con ellas. La llevo inmediatamente a enjuagarse la boca con agua limpia, la calmo pero creo que estoy más nerviosa que ella aunque estoy haciendo esfuerzos para que parezca que tengo la situación bajo control. Me tranquiliza descubrir que ha sido un corte limpio, el diente no ha sufrido daños y lo peor ha sido el susto y lo escandaloso del golpe.
A lo lejos veo a la hermana Vicenta y corro a su lado, le explico que pasó pero no se alarma, realmente, parece que llevar tantos años entre chiquillos la ha acostumbrado a estas cosas y otras peores. "Eso les pasa por jugar a dar saltos en las camas, tiene que esperara a que vuelva Raquel". Al verla tan sosegada, me calmo también pero sigo sintiéndome mal por la pequeña.
A veces, en estas situaciones y otras, me pregunto si realmente mi profesión es tan útil aquí como la de un voluntario que fuera médico, arquitecto, ingeniero...mi única arma es la palabra, ¿bastará para cambiar el mundo? Sólo el tiempo lo dirá.







domingo, 8 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 60: UN NUDO EN EL ESTÓMAGO



 
¿Alguna vez habéis tenido uno de esos días en los que parece que la nostalgia y la melancolía te persiguen? días en lo que no sabes por qué pero te pasas las horas a punto de llorar, con los ojos humedecidos esperando que cualquier detalle los haga estallar. Yo ayer tuve uno de esos. Desde que llegué es la primera vez que soy consciente de que se acaba. En dos semanas estaré volando de nuevo rumbo al antiguo mundo y todo lo que ahora es real parecerá un sueño. Mientras cuidaba a los pequeños que veían Tarzán, recorría sus caritas intentando marcarlas a fuego en mi mente para no olvidarlas nunca. Pensaba en el primer que llegué y que los miraba de la misma forma pero sin conocer a ninguno. Hoy, una semana  y pico después ya no son sólo niños  sino también amigos en miniatura con los que he pasado momentos inolvidables.
De repente el padre de Jane, el profesor bajito y simpático, hizo una de sus gracietas y los niños estallaron en risas. ¡Creo que la cosa más bella del mundo es la sonrisa de un niño! y ya si se ríe a carcajadas supera con creces cualquier otra hermosura del universo: las arruguitas que se les hacen en los ojos, los hoyuelos, esos dientes a medio salir y torcidos pero blancos como la leche y como no, ese sonido único en el mundo al que debería llamársele "Esencia de alegría". Os explico por qué esencia; esencia porque es puro , esencia porque es inocente, esencia porque es espontáneo y esencia porque tiene el poder de cambiar el mundo durante unos segundos.
Llena de esas esencias estaba la clase cuando mis ojos se dieron cuenta de que esa era la señal que llevaban esperando todo el día y tuve que girar la cabeza hacia la puerta muy rápido cuando me di cuenta de que dos lágrimas me corrían por las mejillas. Pensaba en la carita de Blásida, en los ojos llenos de vida y ternura de Laura a la que cariñosamente llamo "Yo quiero" porque siempre te pide algo; a Francisco, un pequeño que tiene dos padres mudos y es clavado a Juan José Ballesta; a Pamela y sus ojos de mil colores que siempre te miran esperando cariño; Ariel y su carita triste y negrita que parece un dulce lacasito...
Ese nudo de mi garganta comenzó a apretarse más arriba oprimiéndome el pecho como si estuviera sujetando una presa rebosante de agua. 
En esto que pasó por delante de mis ojos un bicho negro que se movía rápido en el suelo y destacaba en la arena que estaba iluminada por los farolitos de la noche. Me acerqué casi sin darme cuenta y avancé hasta estar bien segura de lo que era: ¡una tarántula! Sus ocho patas eran gordas y peludas, perfectamente sincronizadas a gran velocidad para esconderse de nuevo en la protección de la noche. De la cabeza a los pies un escalofrío me recorrió el cuerpo y toda la piel se me puso de gallina mientras me quedé petrificada por el miedo: le tengo pánico a las arañas. Una vez cuadno estaba en casa de mi abuela en Galicia, vi una de esas gorditas pequeñas y me asusté tanto que solté la tartera de comida que estaba sujetando y salí corriendo hacia el baño, me desnudé y me metí debajo de la ducha...hasta ese punto de ridículo llega mi fobia. Así que imaginaos  ver a diez centímetros de tus pies y a 40 de tu cara ¡una tarántula!. 
Esa especie de shock me sirvió para dejar de llorar al instante porque creo que dejé hasta de respirar. Con toda la calma que tuve, pensé en no montar un escándalo con 60 pequeños detrás y me volví a mi silla con la cara pálida y sin quitarle el ojo de encima a la trayectoria del bicho. Por seguridad levanté los pies  y me consolé al ver que los niños ni siquiera llegaban con los pies al suelo , por lo menos no va a empezar a chillar uno porque la araña le esté trepando la pierna porque con el miedo que le tengo capaz que de una mala reacción cojo un palo y le rompo una pierna a la pobre criatura (xdxd).
Parecía que el nudo se había ido desde que vi la araña, pero es imposible no ponerte un tanto sentimental al final de una película de Disney y creo que esa sensación se contagió rápida e intensamente porque al salir, muchas de las niñas vinieron a darme, a parte de los besos de buenas noches de rigor, un increíble y duradero abrazo. Un abrazo de esos que no quieres soltarte, un abrazo de necesidad, de cariño, de seguridad en los brazos del otro, un abrazo sincero.
Creo que en ese momento el nudo que tenía en el estómago había subido ya por la garganta y casi se quería salir por los dientes, las mejillas, los lagrimales y 1hasta por las orejas! En poco más de una semana, todos estos abrazos se convertirán en recuerdos.
pd: Ahora bien, que si todos los recuerdos fueran como estos abrazos, daría mi alma al diablo por  conservarlos. :)
pd2: Ahora mismo empieza a llover de nuevo, parece que voy a tener que venir más a menudo pues se ve que Galicia me persigue :)





martes, 3 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 55: LLUVIA EN EL DESIERTO




 Comenzó de a poco como con notas musicales, gotas grandes y sonoras golpearon en el suelo. La tierra empezó a parecer manchada con círculos perfectos. Parecía una nube pequeña que se dejaba notar a su paso por el km 280 de la ruta transchaco, pero era sólo el comienzo de una tarde de tormenta. Después de un momento, las gotas comenzaron a ser más frecuentes y en las clases, la uralita ensordecía a los docentes mientras los chiquillos exclamaban: "¡Está lloviendo!".
En una zona tan seca como esta, la lluvia no es un capricho sino una necesidad vital. Del agua de aljibes y tajamares vivimos las cerca de 400 personas del internado San Isidro: duchas, aseos, agua para cocinar, beber, limpiar ,etc. todo depende de que la madre naturaleza se apiade de nosotros.
El temor de la sequía ya se sentía cerca, el calor de los últimos días y el viento del norte hicieron que  las reservas de agua bajaran considerablemente. "Necesitamos la lluvia ya" comentaban las hermanas.
Miré por la ventana mientras los chiquillos de la clase de apoyo hacían multiplicaciones: algún que otro adolescente que estaba entre clases se paseaba por la tierra aún medio seca, pero nadie podía imaginar que minutos después esa tierra se convertiría en una piscina de barro.
La lluvia respetó en silencio como esperando el fin de las clases, pero nada más tocar la campana, encima de nuestras cabezas se desató la locura. En un instante la lluvia calló como un monzón, mientras el ruido ensordecedor hacía imposible cualquier tipo de comunicación verbal. Lo único que pude decir fue "Vamos a dibujar la lluvia", en seguida los pequeños, contagiados del espíritu de la tormenta agarraron sus cuadernos y pegados a las ventanas para buscar inspiración, empezaron a pintar. De pronto, el cielo se oscureció y las luces de los relámpagos iluminaron el patio: los truenos eran tan fuertes que muchos de los niños se tapaban los oídos mientras se estremecían del miedo: "Son los ángeles que están jugando al fútbol, creo que es final de liga y por eso golpean la pelota con tanta fuerza"  dije para calmarlos. Sonrieron complacidos por mi vaga explicación y siguieron dibujando nubes negras y grandes rayas amarillas en medio, encima de una casa que representaba el colegio.
De pronto algo calló en el techo con fuerza, se sentía como si alguien hubiese tirado una piedra desde el cielo: estaba granizando. Poco a poco los golpes fueron más intensos y fuertes hasta que era tanto el ruido y la fuerza de las piedras que salimos a verlas. Fuera de clase y llamados por el mismo ruido, estaban todos los niños y profesores de las demás aulas mirando hacia el patio sorprendidos. La tierra que hace unos minutos era seca y polvorienta, estaba convertida en un campo de algodón: piedras de hielo pequeñas y medianas cubrían el patio de una capa blanquecina que derretía por momentos. 
Los niños comenzaron a correr hacia el patio para recoger las bolitas blancas que se parecían a las canicas con las que juegan en el recreo. Para mi sorpresa no era para jugar con ellas, sino ¡para comérselas!. Yo no entendía cómo se peleaban por comerse esos trozos de hielo del suelo hasta que alguien me dijo: "Para nosotros lo que caiga del cielo es una bendición, en nuestra cultura, se cree que es un remedio (curación para los males), ¡además está rico!". Entonces eso que para mi era una guarrada, meterse en la boca pedazos de hielo con tierra , se convirtió en algo realmente hermoso. A mi al rededor, los termos para el agua del tereré comenzaron a llenarse de bolitas blancas perfectamente redondas como bolas de nieve. Tapándose la cabeza con la mano, salían a recogerlas y las compartían con sus compañeros. Uno de los chicos cogió una y fue a una de las clases donde se la puso en la mano a una de las niñas que en seguida se la comió con gusto. 
Yo estoy acostumbrada, a que cuando en Galicia graniza, lo hace durante un ratito así que esperaba que aquí fuera lo mismo. Cuando ya pensaba que la tormenta amainaba, se hizo más fuerte: "Si sigue así no van a tener deporte" dijo la hermana Vicenta. Parece que el cielo estuvo de acuerdo, porque entonces una lluvia cada vez más intensa convirtió los patios en tajamares alimentados por el agua de las canaletas que no daban a basto y la intensísima lluvia. Dentro de las clases, el ruido era tan fuerte, que tuvimos que sacar a todos lo niños a la galería techada y juntos contemplar como cambiaba el paisaje y la tierra que teníamos enfrente se ahogaba.
Más lluvia, más ruido y de repente más fuerza del granizo sobre el tejado: ya no eran tiernas pelotitas como canicas, ahora eran bolas escarpadas del tamaño de una pelota de golf.  Fue entonces cuando salir en busca de esos tesoros helados se convirtió en un deporte peligroso, con la fuerza con al que caían y ese tamaño,  a cualquiera que le golpeara en la cabeza, se la abría. Pero ya os dije en varias ocasiones que estos niños deben tener una flota de ángeles de la guarda custodiándolos porque cuanto más salían y más grandes eran las pelotas, menos daño se hacían.
"Menos mal que las clases y edificios están sobre 10 centímetros por encima del suelo" pensé. A nuestro al rededor ríos, corrientes de agua y el granizo derretido, habían cercado las clases de tal forma, que parecía que un lago nos separaba del edificio de enfrente. Justo ahí, delante de las clases de los pequeños, los mayores se preparaban para liarla: les vi las intenciones y corrí con la cámara. No me dio tiempo a colocar el objetivo cuando ya estaban corriendo hacia mi. Jugaban a cruzar ese tajamar improvisado en el que se habían convertido los patios, las canchas de fútbol, de baloncesto y allá al fondo el bosque.  Los miraba tan mayores, con esos cuerpos ya de hombres y altos como pinos pero en el fondo eran peor que los niños más pequeños que los veían embarrarse por las ventanas de las clases.
La diversión llama a la diversión y  enseguida  se sumaron más chicos cruzando en carrera de un edificio a otro. El caos llegó cuando a uno de ellos se le enganchó el pie en el barro y se calló. ¡ Para qué! En seguida, cuando vieron que se deslizaban y como en un tobogán gigante de agua y barro, empezaron a dejarse caer .¡Dios , qué bien se lo están pasando y cómo me gustaría a mi hacer lo mismo! De los pies  a la cabeza empapados, chorreando, y con las ropas teñidas de marrón. Así se pasaron como poco 20 minutos hasta que un profesor se dio cuenta y cortó la fiesta de inmediato: como llevado por el espíritu de la responsabilidad, caminó entre el agua con paso firme sin dejar que sus pies se entretuvieran en el barro. Entonces, ya en cemento firme le salió de lo más profundo de su corazón empujar a dos de los mayores hacia el interior de las clases. ¡Me sentí cohibida hasta yo! xd.
Giré la cabeza a la izquierda y vi a dos de ellos duchándose literalmente debajo del agua que caía del tejado a chorros. Se sacaron la camiseta y como si estuvieran en la intimidad de su casa, se pusieron a frotar su torso a lavar la camiseta y a disfrutar de la lluvia entre más lluvia. "Como mañana no halla 20 por lo menos que tengan un resfriado, yo desisto" pensé. No es porque quiera que enfermen ni mucho menos sino porque me sorprende la inmunidad con la que resisten a cualquier cosa: y yo que tengo los pies mojados del viento y la lluvia, seguro que mañana ya necesito un ibuprofeno ¡seré floja!.
De pronto una carretilla cargada de carne y a toda velocidad seguida por un séquito de muchachos pasó en el fondo: " Es que justo acaban de matar una vaca y sí os sí se la tienen que traer" me dijo la hermana Valentina.  Allí el que más y el que menos estaba empapado de la cabeza a los pies, tanto, que parecía mejor que fuesen directamente en bañador y chanclas.
Cerca ya de la hora de la merienda así como vino, la tormenta se fue. La uralita que parecía un campo de batalla, comenzó a sonar como un xilófono con pequeños golpecitos acompasados cada vez más espaciados, y las gotas finas dieron paso a otras rezagadas que dejaban sus ondas en el agua. Los torrentes de la tuberías eran ahora hilos de agua y los primeros rayos de sol despejaron el cielo. Tocó la campana, hora de la merienda : pan con cocido (tipo de té) caliente y todos como nuevos. Para el recuerdo quedará el atardecer lluvioso del chaco y el sol intenso de la tarde reflejándose en el agua de los nuevos lagos.
Por lo que sabemos sólo llovió así  en esta zona, debe ser que cuando los niños rezan a San Roque por las noches, llegan sus plegarias antes que las de cualquier otro. Y así 50 mm de bendición en forma de agua se abalanzaron en media hora sobre sus cabezas.