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jueves, 19 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 70: HOY HA SIDO UN DÍA RARO, RARO, RARO




Todo empezó con una bolsa misteriosa. Uno de los niños, Zacarías, traía en su mano una bolsa azul con algo de pequeño tamaño dentro. Me lo ofreció para mirar sonriente y contento: ¡tengo un regalo!. Asomé la cabeza por la bolsa y descubrí cual era el regalo: UN PÁJARO MUERTO, desplumado, despellejado y con todos sus órganos sujetos aún por el esqueleto y medio ojo abierto. El olor a carne muerta subió por la bolsa y por mi nariz justo después de desayunar e inmediatamente una arcada subió por mi faringe...¡¿Qué haces con eso Zacarías?!¡¿Quién lo mató?!
Zacarías , que estaba todo contento con su tesoro me respondió: "Es para que me lo cocine la rubia (la cocinera), yo lo desplumé". Me quedé pálida, realmente estaba contento de su caza porque sería, seguramente, su cena. Al parecer un niño de apenas 3 años que lo acompañaba esta mañana al comedor, le había propinado al pájaro semejante patada que le había abierto una brecha en el cuello y el pájaro había muerto. Entre ese pequeño, Zacarías y Sergio lo habían desplumado y despellejado para traerlo y cocinarlo por el camino. Inmediatamente le di descanso al pobre pajarito que aún tenía cara de sufrimiento, en la papelera del patio procurando enterrarlo lo más arriba posible para que no lo rescataran de entre los escombros. Para mis sorpresa, cuando se lo conté a las hermanas me dijeron que esos pájaros se comían aquí y que estaban muy ricos. Diferencias culturales y gastronómicas supongo, no puedo hacer más comentarios.
Ese niño que supuestamente mató al pajarito, es un pequeño de apenas 3 años que no habla pero que siempre está pegando a los demás y tirado por el suelo como un gato. Tiene unos ojos preciosos, pero cuando sonríe toda esa belleza se esfuma de golpe. Tiene todos los dientes de arriba comidos por las caries, apenas se le ven espacios blancos entre esa carcoma marrón que hacia la zona donde debían estar las muelas, se vuelve negra como el azabache. Le preguntamos a Zacarías cómo había traído a ese niño: "Él me siguió." -"¿Y su mamá"- "Es una señora"
Ahí acabó la conversación porque no pudimos sacarle más información al pequeño sobre la procedencia de ese niño. Yo lo había visto más veces por el comedor, pero pensé que era de una de tantas madres que muchas veces acompañan a sus hijos o se acercan a comer. "Es mucha responsabilidad Zacarías, ¿y si le pasa algo por el camino?¿y si su mamá no sabe que está aquí?, tú no eres su papá, ya tendrás muchos años para eso."
"Si soy su papá" dijo riéndose. Por mucho que se ría y que biológicamente estos niños no tengan cargas paternales de momento, estoy segura que en el fondo de su corazón se trajo a ese pequeño porque sentía la responsabilidad de hacerlo, porque si está aquí toda la mañana sin que la mamá se percate....¿qué sería de él en la calle?. Lo más triste de todos es que sí, estos niños y niñas son papás y mamás desde antes incluso de saber que son niños...

viernes, 30 de agosto de 2013

CAPÍTULO 50: VIAJE A POZO COLORADO: RECUERDOS DE LO QUE SE QUEDÓ EN EL TINTERO.



De nuevo en el colectivo (autobús)esta vez a 3 horas de Asunción. Mientras salimos de la ciudad rumbo a la nada más absoluta, voy recordando todas aquellas historias, detalles que se quedaron por el camino. Así que dedicaré este capítulo a esas pequeñas historias que por falta de tiempo se quedaron en el tintero. Unas son bonitas y entrañables, otras mejor no olvidarlas por su crueldad y aquellas más superficiales,  para los viajeros de paso.
LORENZA DE LOS MILAGROS: LA NIÑA BASURA.
En una bolsa de plástico dentro de un contenedor de hierro algo lloraba. Los basureros que estaban recogiendo la zona abrieron pensando que era perro o un gato, era un bebé recién nacido. Justo en el contenedor en frente de la casa de las hermanas de San José de Cluny, en una zona con casas bastante buenas y gente medio pudiente. En la calle carretas, en la puerta de una gran casa apareció Lorenza. 


Y es precisamente ahí en el año 2005 cuando sucedió esa historia. Desde entonces cada diez de Agosto, los dueños de la casa organizan una ceremonia para velar por su alma delante de la lápida donde su cuerpo descansa. Allí en un rincón del jardín y convertida en ángel de la guarda, se dice que protege a todos los niños de la zona que cada diez de agosto se acerca a esa casa para visitarla y tomar una gran chocolatada en su honor. No hace falta que aclare, que tras varios días en el hospital luchando por su vida, la pequeña  Lorenza murió.
EL COLECTIVO, EL CAMBIO Y LAS CANTIGAS
Cuando llegas a un país desconocido, el cambio de moneda o lo hacemos ya desde el lugar del que partimos ,o corremos a hacerlo en el aeropuerto en cuanto aterrizamos. En el caso de Asunción os lo desaconsejo totalmente. El puesto de cambio situado al lado de la cinta de equipajes es un completo robo a mano armada. Imaginaos que el cambio está a 5.450 la compra y a 5.950 la venta. Pues en el aeropuerto os van a dar  al menos 1000 menos la venta. Es decir que cambié 100 euros por cerca de 436.000 guaraníes en lugar de casi 550.000. Os aconsejo un banco del centro y que comparéis precios por zonas porque varía mucho. Vine a perder más de 16 euros en el aeropuerto.
En cuanto al autobús, ya sea urbano o media distancia, va a ser una chatarra con ruedas. Eso sí, si queréis ver algo típicamente paraguayo,  el colectivo lo es. Lo es por su particular forma y colores, por como se para y hasta por como uno se sube y se baja. Ahora mismo, el precio de cualquier trayecto urbano son 2000 guaraníes (aunque quieren subirlo a 2500), es decir, menos de 35 céntimos de euro. Debes saber también que hay paradas, pero no se respetan por los usuarios. Cualquiera puede levantar el brazo en mitad de la calle y subirse casi en marcha; y lo mismo para bajarte, por lo que en unos 100 metros puedes parar hasta 3 veces dependiendo de la vagancia del personal. Lo dicho, paciencia.
Las cantigas, son pequeños puestos de comida típica : panchos, empanadas, tortillas, etc. que hay al salir en las iglesias, mercados, rodeando una feria, en una calle cualquiera o en algún evento o fiesta. Son lugares en los que por 50 céntimos te comes un perrito caliente pequeño y si tienes dos euros puedes degustarlo todo.

HORRIBLES HISTORIAS VARIAS.
Uno en este tipo de viajes solidarios, se encuentra con realidades tan duras que son difíciles incluso de transmitir, y la gente que lleva tiempo viviéndolas parece que se vuelve de acero. Una de estas historias, surgió ayer durante la comida cuando hablábamos del caso que os conté en Capi´Ibary de la niña a la que sus padres vendieron sexualmente hablando por una caja de cerveza y un pollo. Una de las hermanas, escuchando lo terrible de la historia se acordó de una niña que trataron hace un par de años en el comedor, estaba en silla de ruedas porque cuando era un bebé su padre  o padrastro (no está aclarado) abusó de ella de tal forma que le rompió la columna vertebral. La dejó tetrapléjica.
Una de las madres ha llegado al comedor con un ojo morado; al parecer su marido y ellas se pelean constantemente por los celos de ella. Las palizas de ambos se suceden, como no, delante de sus hijos, que luego llegan al comedor y no dudan en levantarle la mano a cualquiera  en cualquier momento.
Hace un tiempo ya, que la hermana Esther y la hermana Ilda, me contaron sendas historias relacionadas con chicos del comedor que ya eran mayores y en las que corrieron peligro sus vidas. Esther contaba que intentando separar a dos hermanos ya adolescentes que casi se matan. Se abalanzó sobre la espalda de uno de ellos para sujetarle los brazos. Éste, de la bronca que le dio de no poder pegarle al otro, agarró una piedra y se la tiró a Esther a la cabeza. Gracias a Dios sus reflejos fueron gráciles y apartó al cabeza. De otra forma se la hubiera abierto sin duda alguna o algo peor.
Ilda, por el contrario, intentaba corregir a uno de estos adolescentes, que al parecer era muy agresivo y conflictivo. Entonces este chico se dirigió a ella, la agarró del cuello y casi la levanta. Ella cuenta (si ahora tiene 25 y esto fue hace años ya, imaginaos su juventud), que se quedó quieta, inmóvil y no le miró a los ojos. Dice que sólo rezaba para que pasara rápido. Así fue, el chaval la soltó y le dio un puñetazo a la pared.

La ciudad ya no existe. Las casas más humildes y copetines se intercalan con las palmeras y la estepa. Cada vez más palmeras, más estepa y un cielo gris que augura lluvia. Nos vemos en Pozo Colorado.




jueves, 22 de agosto de 2013

CAPÍTULO 44: CRÓNICA DE UN PARTO EN CAPI´IBARY



¿Qué diferencias y semejanzas encuentras entre Paraguay y España? una de las niñas de 8º grado me preguntaba en una entrevista improvisada frente a la clase. Pocas veces los periodistas nos ponemos al otro lado y más con un público tan receptivo y exigente. Julio, uno de los chicos de la clase tomaba fotos siguiendo mis instrucciones y demostrando un instinto nato que se reflejaba en los planos de cada una de ellas. Entre la respuesta y las risas llaman a la puerta con urgencia: la hermana Yolanda me hace una señal de premura para que hable con ella: "Si quieres ver un parto vete corriendo al dispensario". 

Había posibilidades de ver un parto y para eso había venido así que sin pensarlo y sin tiempo para entrar en pánico, agarré mi bolsa y mi ordenador y salí disparada escaleras abajo hacia el otro lado  de la calle. Respiraba como si hubiera venido de correr una maratón, no por la corta distancia de la carrera sino por la expectación y los nervios; parece que todo mi cuerpo esperaba con ansia el acontecimiento. Me encontré a la hermana Cecili sonriente como siempre que salía de una habitación donde exploraba a la mamá; me invitó a tomar agua y desfatigarme: "Hay tiempo todavía".
La puerta de la habitación estaba entreabierta y pude ver a una mujer morena con una barriga prominente que gemía y lloraba de dolor. Pensé entonces que no iba a ser tan fácil soportar un parto como pensaba. La hermana Cecili me preguntó : " ¿Te vas a desmayar?". 
Mi orgullo y mi deseo de que no se tuviera que preocupar de un parto y de mí me hizo responder rápidamente: "¡No que va!(...) bueno, no creo"  La seguridad del principio me hizo caer en la cuenta de que la respuesta no era tan segura ¿cómo iba  saber si me iba a desmayar si nunca había vivido nada semejante? Pensé entonces en el gallo y la matanza y mi estómago se endureció al momento. Me fui a una sala contigua a santiguarme y rezar que por favor fuera lo suficientemente dura como para aguantar un parto en directo, de principio a fin y manteniendo la cámara en el lugar que le correspondía. Pensé entonces que como con el gallo, el objetivo me ayudaría a sentirme algo más lejana, como viendo todo a través de una pantalla, como en un película.
El ruido del ventilador y el sofocante calor hacían que el segundero del reloj se escuchara con fuerza, me sentí de nuevo como en una película en la que el protagonista ve pasar el tiempo a ralentí mientras los sonidos de ende redor aumentan.
Se abrió la puerta de la sala y vi salir a la hermana Rafaela, seguida de la mujer que iba a dar a luz y la hermana Cecili sujetando una botella de suero. No me paré a detallar a la embarazada sino que inmortalicé el momento como si no fuera a tener próximas oportunidades.
Entramos en la sala de parto y los quejidos fueron en aumento. Me costó al principio ubicarme, la embarazada no me conocía y ¿quién era yo para estar allí fotografiando un momento tan íntimo sin tan siquiera habernos presentado? Poco a poco la dinámica del parto cambió la situación y sobraban las presentaciones.
Por fin me detuve a ver  a la mamá, no era adulta, sino una hermosa joven de 19 años. Ojos verdes con vetas de colores y una carita redonda y preciosa aún empapada por el sudor frío propio del intenso dolor. Madre primeriza y soltera que ya que el padre (toda esta conversación surgía entre contracciones) ni quería saber del parto. Una situación tan común que ya ha nadie sorprende en ninguna parte del mundo. Me alegré al menos de que esta vez pasara la mayoría de edad pero su cara era la de una niña y me hizo pensar que con 5 años más que ella, en unos instantes, ella sería mamá y yo, en nuestro país, era para eso una cría todavía.
La hermana Rafaela le secaba constantemente el sudo con una gasa y el cariño de una madre o abuela. La hermana Cecili le daba indicaciones mientras acariciaba su barriga para tranquilizarla y conocer la posición en la que venía el bebé.
No era paciente de la hermana, no traía historial consigo ni análisis y sólo el informe de una ecografía de hacía tres meses servía de  referencia alguna.
Las contracciones eran cada vez más seguidas y dolorosas, me atreví a mirar la zona por la que saldría el bebé esperando encontrarme alguna señal suya como en las películas; pero nada, aquello estaba cerrado a cal y canto y pensé entonces en cómo podría una criatura salir por tan estrecho agujero.
En guaraní la hermana Rafaela acompañaba con dulces palabras y consejos a la primeriza: "Empuja como si tuvieras ganas de hacer caca, no concentres la fuerza en tu cara o en el cuello..."
La madre de la joven llama a la puerta de vez en cuando para preguntar nerviosa cómo va el parto; le ha pedido a la hermana Cecili que les apaguen la tele de la salita de espera para poder rezar ella y su marido.
Rosana (nombre ficticio para proteger al identidad de la joven), se agarra con fuerza a la estrecha camilla e incluso a veces levanta los brazos como pidiendo socorro; no llora, sólo gime y apenas se permite gritar, no me imagino cómo se puede ser tan fuerte, un instinto que va más allá de lo humano (debe ser el maternal) la lleva a empujar con tanta fuerza y tan seguido que parece que se queda dormida cuando la contracción pasa : "Es un recurso que Dios les da a las mamás para que se repongan del esfuerzo, se suelen adormecer al terminar las contracciones" me dice Cecili. Literalmente los ojos de Rosana, esos ojos verdes de increíble fuerza, se desvanecen entre sus párpados y puedo ver desde mi posición como se quedan en blanco "Sigue respirando", me digo a mí misma ante el miedo a que se desmaye del esfuerzo.
Me acuerdo de todas las películas que he visto en mi vida y lo importante que es la respiración para la mamá y el bebé y me pongo a imitar lo mismo que he visto por la tele: "Respira profundamente, coge el aire por la nariz y expúlsalo por la boca" le comento como si entendiera algo de lo que yo misma digo (lo que son los nervios).
Las hermanas le indican que debe mantener una respiración constante para que al bebé le llegue oxígeno en un momento tan importante y Rosana lo graba en su mente de tal forma que aún en los peores momentos se acuerda del proceso; parece fácil acordarse de respirar, pero en momentos de dolor y sufrimiento hasta el aire duele.
Las hermanas se ríen cariñosamente de mí porque respiro con ella igual que en una clase de preparación al parto; entonces me doy cuenta de lo sola que se debe sentir sin el padre del bebé apoyándola. "Cuando los papás están aquí, parece que los partos son más fáciles, los niños nacen de otra manera y se nota " comenta la hermana Rafaela. Es entonces cuando me sale de lo más profundo de mi alma decirle : "Ojalá vivieran ,al menos una vez ,la sensación de que un bebé les saliera por un testículo" jajajaja me río ahora porque la cara de la hermana Rafaela fue chistosa cuando solté semejante comentario. "La hermana Cecili dice que Dios se equivocó poniendo un agujero tan pequeño para dar a luz, que tenía que haber dispuesto una cremallera en la barriga" me responde ella.
Estos momentos de risas distienden el ambiente mientras el parto se alarga sin remedio.
Con mucho tacto y cariño a cada contracción de la mamá, la hermana Rafaela, pone las manos en su vientre y ejerce muy poca presión como ayudando al feto a bajar hacia la pelvis.
Es increíble como se notaba que bajaba mientras las zonas de la barriga ya vacías se iban reblandeciendo poco a poco.
Hilos de sangre corrían desde el interior del vientre hacia la pelvis como si de una menstruación se tratara mientras al fondo, parecían distinguirse los pelitos de la cabeza del bebé. Una sensación de felicidad absoluta me recorrió el cuerpo al empezar a comprender lo que estaba viendo: ahora entiendo como lo llaman "El milagro de la vida". Estaba ahí , ya llegaba era un bebé y lo estaba viendo salir de las entrañas de su dolorida y valiente mamá.
La sala de partos no es como una sala de España en la que el equipo se esteriliza y prepara con ahínco y el quirófano es impoluto, recordemos que aquí estamos en una zona humilde que bastante tiene teniendo un dispensario: una sala con una camilla con potro, un fregadero, pares de guantes y el único requisito de recogerse el pelo. 
No hay batas blancas a excepción del mandil de plástico que la hermana Cecili se coloca para no mancharse en el parto al sacar a la criatura. Sin lujos, sin nada más que el calor de una vela encendida a San Ramón (patrón de los partos) en compañía de la imagen de Ana María Javohuey y un cuadro de Jesucristo; así vienen los niños al mundo, más de 400 ya, en Capi´Bary.
Me cuenta la hermana Rafaela que una amiga suya que estudiaba medicina y vino a hacer las prácticas de urgencia, se quedaba sorprendida y sacaba fotos de todo el lugar sin comprender cómo podían trabajar así y sin ningún susto en 400 partos.
Mientras las últimas contracciones anuncian la inminente llegada de la vida, las campanas de la iglesia repican a muerto, ya van dos ancianos hoy. La vida y la muerte en perfecta consecuencia y equilibrio en la más pragmática de las metáforas.
Volviendo al parto en sí, el bebé no nace. Los partos en las primerizas suelen ser más tardíos y dificultosos pero la hermana Cecili empieza a temer por el bebé porque lleva tiempo con la cabeza en la zona pélvica pero sin seguir bajando. 
Es entonces cuando todo sucede demasiado rápido: me piden que vaya corriendo a por la ropita del bebé que ya llega.
Cuando vuelvo, la hermana Cecili, tijera quirúrgica en mano, le practica un corte en la zona para abrir el hueco y que le bebé pueda salir ya por el miedo a que tenga el cordón umbilical enrollado al cuello. Sin información sobre el embarazo o cómo está posicionado el bebé , las decisiones pueden ser de vida o muerte en cuestión de segundos.
En cuanto practica el corte y la mamá empuja por última vez el bebé junto con el líquido amniótico salen  disparados y me alegro de que no salpique la cámara mientras mi dedo se vuelve loco en el disparador para no perder detalle. En cuanto la cabeza sale entera hasta el cuello, el resto del cuerpo cubierto de líquido a modo de vaselina, sale con facilidad.
Ya le veo el cuerpo, la cara, los pies, todos sus deditos mientras sigue ligado a la mamá por el cordón umbilical que la hermana Cecili se apresura a pinzar: ¡ESTO ES LA VIDA EN ESTADO PURO!
Contengo el aliento unos instantes pero sin soltar el disparador, el bebé no llora, tiene que llorar ... en seguida Cecili le desobstruye las vías respiratorias con un pequeño bombín rojo que introduce primero en su boquita y luego en las fosas nasales, como en una película lo pone boca a bajo con una facilidad que me deja pasmada; parece tan frágil y blanquecino que yo necesitaría algodones para tocarlo.

Un quejido sordo sigue a un llanto desmesurado por parte del recién nacido y por fin respiramos hondo: "Por muchos partos que uno lleve siempre está el miedo a que algo salga mal hasta el último momento" dice Cecili.
Cortado el cordón umbilical se apresuran a bañarlo y en seguida lo visten como un muñeco mientras su piel blanquecina y sus manos violáceas son la mejor certeza de lo mucho que deben sufrir ellos también el parto.
No me ha dado tiempo a pensar en todo lo vivido cuando estallo en lágrimas de alegría y voy corriendo a abrazar a la mamá que sonríe extasiada y más feliz que nunca respondiéndome al cariño recibido: "ESTÁ PERFECTAMENTE, ES PRECIOSO...¡CAMPEONA, VALIENTE!" Es lo único que atiendo a decir mientras trago saliva para seguir el momento hasta el final. Vuelvo a toda prisa hacia el vestíbulo y no dejo de sorprenderme al verlo tan pequeño, tan expresivo, ¡tan hermoso!. Tiene los ojos grandes y abiertos como platos como queriendo observarlo todo mientras su llanto se va transformando en simpáticos gorgoteos: "Va a ser muy vivo, muy listo" digo imitando lo que dijo mi madre que el médico comentó cuando vio mis ojos al nacer.
Me vuelvo loca haciéndole toda clase de fotos y el espíritu de Anne Gades me posee queriendo hacer de cada parte de su cara y sus manos un prematuro modelo.
Le agarro la manita y saco una foto sorprendiéndome de la pequeñez de sus uñitas perfectamente formadas, de las arruguitas de sus dedos, de su color blanquecino y aún así hermoso.
¡Qué ganas dios mío de tener uno de éstos entre mis brazos, uno mío! Si toda mi vida he querido ser madre, ¡ahora mismo sería madre de octillizos!
Me apresuro a mostrarle a la mamá que sonriendo ya no se acuerda de los terribles dolores sufridos, las fotos de su niño: se emociona al mismo tiempo que sonríe y se maravilla de lo realmente precioso que es. Es la primera vez que ve a su bebé y es a través de mi cámara...¡adoro mi trabajo!.
Un bebé de 3 kilos 200 gramos que es un pequeño príncipe llamado Josías Alexander con unos ojos enormes y vivos que no se cierran ante nada queriendo absorber el mundo entero por primera vez.

El saquito en el que han envuelto al bebé sale  de la cortinilla y la mamá y el bebé se miran a los ojos por primera vez...creo que estoy llorando de alegría al recordarlo, realmente el momento más bonito que he tenido el placer de vivir en mi corta existencia. Un rápido beso y en seguida se lo llevan a conocer a sus abuelos que se vuelven niños viendo al pequeño, sus ojos se iluminan y se respira la paz de que todo haya salido a la perfección.

En la cunita descansa el pequeño Josías mientras vuelvo con la mamá para ver el duro proceso de sacar los restos del embarazo, la placenta y el cordón umbilical que bien parecen por tamaño, otro bebé en camino: una parte no tan placentera de ver pero parte de la vida igualmente. La hermana Cecili me explica todo lo que por allí sale mientras miro atenta la cantidad de cosas que pueden caber ahí dentro: una bolsa enorme con restos del bebé, sangre y placenta por todas partes que pesan tanto o más que el propio feto. Tras la limpieza hay que coser a la mamá el corte que ha tenido que abrirse para el nacimiento. Como una costurera celosa de su traje, la hermana Cecili ejecuta su trabajo a la perfección seguido muy de cerca por mi cámara. Unos últimos consejos sobre los próximos días y cuidados y la madre se traslada por fin a la habitación donde la espera ansioso su retoño.
Tumbada en la cama le hermana Rafaela hace los honores de acercar al pequeño en brazos inseparables de su madre, ahora sí, ya es tuyo por y para siempre, y parece que nadie jamás podrá apartarlo de sus brazos.
Es entonces viendo ese cuadro cuando pienso en qué pensará un hombre para no querer vivir ese momento único, un hombre no, un padre, el padre de la cosa más bonita del mundo...realmente estoy yo participando más de la vida de ese pequeño que su propio progenitor que ni ha querido saber dónde estamos.
Me acuerdo mucho de mi padre, y pienso cuántas veces he querido que estuviera a mi lado y lo joven que lo perdí, lo poco que lo disfruté, pero eso sí, él estuvo al lado de mi madre sujetándole la mano mientras el momento más importante de mi vida estaba en proceso, mientras me veía nacer. Fue él quien me cogió en brazos por primera vez y siento ahora cuando la veo a ella que en el fondo de mi corazón hay un recuerdo que así lo conserva y que nos unirá para siempre más allá del cielo. 


Ahora siento que está a mi lado recordando ese día que parecía haber olvidado para siempre...no importa si no le dio tiempo a levantarme en caballito, sino estaba en mis cumpleaños, sino estará algún día en boda, nada importa de eso por primera vez en mi vida porque él me vio nacer.



pd: Aquí os dejo la mejor foto del día mientras veo atardecer en CAPI´IBARY, hoy el sol brilla más rojo que nunca , parece que quiere presenciar hasta el último momento el nacimiento como no queriendo que la noche lo apague. Se pone lentamente mientras el polvo de la calle se levanta para despedirlo, la noche llega despacio para acunar a Josías en el primer día de su vida.


domingo, 18 de agosto de 2013

CAPÍTULO 39: PARTIENDO A CAPI´BARY

Ayer por la tarde me surgió una idea viendo a la Hermana Cecili : ¿Y si me fuera con ella?. De repente , se me iluminaron los ojos  pensando en que pudiera cumplirse. La Hermana Cecili, de origen indio e increíbles experiencias vitales, trabaja como partera en el dispensario que las hermanas de San José de Cluny tienen en la comunidad de Capi´Bary. Todo empezó cuando este fin de semana, llegaron algunas de las hermanas de otras comunidades de la región para una reunión de Consejo Regional. No la conocía de nada, pero comenzamos a hablar de su vida, de la mía, de su trabajo como partera y sus ojos se iluminaban mientras me contaba lo feliz que es en su trabajo: traer niños de familias pobres al mundo. 
Sus experiencias y fortaleza no sólo me encantan como profesional sino como persona me han contaminado para no perderme la oportunidad de vivirlas con ella. Así que una india de nacimiento y una gallega de corazón parten en apenas una hora hacia Capi´Bary, donde ya la esperan desde hace dos días las pacientes a las que entrega no sólo su tiempo y profesionalidad sino su amor y entrega. 
Quien me conoce bien sabe cómo me gustan los chiquillos y tener la oportunidad de ver en un entorno tan diferente a mi realidad del primer mundo cómo nace la vida, de verdad es un orgullo como profesional y como persona. No se sabe muy bien cuándo volveré y partiré hacia la segunda parte de mi viaje: el internado de Pozo Colorado. Aquí los planes y horarios inflexibles no valen de nada y la mejor solución es tener la maleta siempre en la puerta. 5 horas de viaje en autobús (colectivo), 30.000 guaraníes, es decir, unos 5 euros que me acercarán a  280 kms de Asunción. Las hermanas me han invitado a este viaje, estoy impaciente, feliz y con ganas verlo, oírlo y sentirlo todo de nuevo. 
No me he despedido de los niños del comedor ¿preguntarán por mi? Espero que mucho, y volver pronto para darles una sorpresa y volver a tenerlos en mis brazos.
pd:Mamá si me estás leyendo, quiero que sepas que estoy bien, que como siempre me he embarcado en una nueva aventura y que se me estropeó el móvil.¡ Voy a ver nacer a un bebé!¡Voy a asistir a un parto! Soy feliz mami. Cuidaros mucho que vuelvo pronto. Os amo.
pd3: A ti si me lees, sabes quien eres. Te llevo a mi lado inseparable de mi mente, constante tu reclamo. 
pd2: espero no desmayarme en medio de un parto, sería más estorbo que otra cosa. Encomiendo mi estómago a un perro callejero.

viernes, 9 de agosto de 2013

CAPÍTULO 32. BONI, 13 AÑOS ¿EMBARAZADA? HOY OS CUENTO LA TRISTE Y PURA REALIDAD

Por protección de la menor y su identidad, el nombre es falso, pero es lo único en esta historia que no es real.  La pasada semana nos llegó el rumor de que una de las niñas de tan sólo 13 años estaba embarazada. Pálida, cansada y perdida, Boni es el producto de la triste realidad de muchas niñas y adolescentes en Paraguay. Le vino el período apenas unos meses atrás pero no esperó demasiado para perder su virginidad. Las hermanas me pidieron que por mi aspecto y juventud intentara acercarme a ella para ver si esos rumores eran ciertos. El otro día organicé una improvisada sesión de peluquería con ella y un par de amigas que rondan su edad. Le pregunté a ellas que si estaba enferma, porque la veía muy cansada, pero me dijeron que algo le pasaba que nada tenía que ver con una enfermedad, mis peores temores empezaron a confirmarse. La primera vez que le saqué el tema no quiso hablar de eso porque no quería que otra de las niñas que estaban en el grupo lo chismoteara, pero me dijo : "Te lo cuento todo el sábado", pero llegó este pasado sábado y no hubo manera de encontrarla a solas, no hubo manera hasta ayer a la una de la tarde. Como muchas tardes ella y otra de las niñas, Inés, se sentaron, me pidieron un peine y comenzaron a peinarme. Boni no era capaz de empezar a contarme , se puso roja y tartamudeaba entre risotadas de vergüenza, fue Inés entonces la que harta de esperar me dijo de repente : "Cree que está embarazada". Mi cara fingió una sorpresa, pero por dentro respiré porque no estaba confirmado, al menos había una posibilidad de que no fuera cierto, de que fuera tan sólo un temor. Miré a Boni y le pregunté por qué pensaba que podía estarlo y comenzó a contarme: "fue en la Expo del día 20, es uno de los que tenía un puesto en la Expo", mi cara de terror fue máxima al imaginarme a un hombre hecho y derecho abusando de semejante criatura, pero finalmente me aclaró que había sido el hijo de 15 años en una relación consentida. 
No sabía cómo de directa y clara ser con el tema en una niña tan pequeña, pero entonces pensé que si había sido lo suficientemente mayor para tener relaciones sexuales completas entonces no había nada que adornar: "¿Cuando os acostasteis el chico terminó?" (pregunté intentando no titubear). Ella me miró desconcertada "¿Cómo que si terminó?", es tal el desconocimiento de lo que una relación sexual supone que lo único que la pobre sabía con certeza era que había habido penetración. Le expliqué como pude para que me dijera si la relación había sido completa y por lo tanto valorar el riesgo de un posible embarazo. Inés y Boni me miraban con los ojos abiertos como el que está viendo un ovni, el tema de la biología reproductiva era chino para ellas. Acertó a decirme que no habían usado preservativo y que ya no le bajaba la regla. 
Mientras fui un segundo a la habitación para buscar un boli y un papel las oía hablar: Inés le decía: "Si estás embarazada de un mesito, nose te nota la pansita. El tercer mes es más grande y el cuarto y así hasta que nazca el bebé", escuchar esa conversación produjo en mí sentimientos encontrados; por un lado que una niña de 12 años estuviera haciendo de mamá y consolara a su amiga de forma inseparable me conmovió, pero por otro lado me moría de pena por pensar que tuvieran que tener esa conversación...¿Una carga muy grande para unos hombros tan pequeños y en secreto hasta ayer! 
La pequeña Boni tiene todavía un cuerpo minúsculo propio de una niña que no ha desarrollado todavía,  se levantó la camiseta y miré su barriguita aún casi con el ombligo hacia afuera como los bebés, toqué esa tripita rezándole a todos los dioses que no hubiera nada. 
Ahora está sentada a mi lado, esperando a que vayamos al centro de salud, su madre lo sabía todo y ni tan siquiera la ayudó a hacerse un test de embarazo.... ¡ la cogía a esa madre que viene como si fuera Anita Obregón a la escuela contoneándose y embutida como una butifarra compitiendo con las adolescentes y le metía un buen sopapo a ver si espabilaba! Faltan muchas cosas por contaros, la falta de educación sexual, el desconocimiento absoluto de las implicaciones del sexo para ellas, cosas como que una amiga suya de 13 años, llamémosla Nila, ya ha tenido dos abortos, que se ofrece a hombres mayores de 30 porque es adicta al sexo, que eso es lo que impulsó a Boni a perderle miedo y a acostarse con alguien sin protección (muchas de ellas son discriminadas en su propio grupo de amigas por no tener relaciones). Me contó Boni que Nila le dijo que para abortar tenía que atarse fuerte un cinturón a su pansita, o muchas pastillas y así se acababa el problema....No os imagináis lo que tuve que escuchar ayer con impotencia e indignación tragando saliva para no llorar delante suya para que no me temblara la voz, para no morirme de pena...
Pequeñas prostitutas desde los 10 años, algunas sin tan siquiera querer nada a cambio, Boni me dijo una frase de Nila que me rompió el corazón : "Estoy preocupada por Nila, va detrás de los hombres con uno diferente cada semana y se ofrece para que hagan de todo..."
Esto no es el guión de una película señores, es tan sólo uno de los casos de tantas otras  sin nombre que han pasado por aquí (y otras que ni siquiera conocemos).
Ya están a mi lado, tengo que dejar de escribir, nos vamos de camino al hospital sólo os pido que recéis seáis creyentes o no, que pidáis que sólo sea un susto, que al menos la podamos salvar de momento...CRUZAD LOS DEDOS.