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domingo, 8 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 60: UN NUDO EN EL ESTÓMAGO



 
¿Alguna vez habéis tenido uno de esos días en los que parece que la nostalgia y la melancolía te persiguen? días en lo que no sabes por qué pero te pasas las horas a punto de llorar, con los ojos humedecidos esperando que cualquier detalle los haga estallar. Yo ayer tuve uno de esos. Desde que llegué es la primera vez que soy consciente de que se acaba. En dos semanas estaré volando de nuevo rumbo al antiguo mundo y todo lo que ahora es real parecerá un sueño. Mientras cuidaba a los pequeños que veían Tarzán, recorría sus caritas intentando marcarlas a fuego en mi mente para no olvidarlas nunca. Pensaba en el primer que llegué y que los miraba de la misma forma pero sin conocer a ninguno. Hoy, una semana  y pico después ya no son sólo niños  sino también amigos en miniatura con los que he pasado momentos inolvidables.
De repente el padre de Jane, el profesor bajito y simpático, hizo una de sus gracietas y los niños estallaron en risas. ¡Creo que la cosa más bella del mundo es la sonrisa de un niño! y ya si se ríe a carcajadas supera con creces cualquier otra hermosura del universo: las arruguitas que se les hacen en los ojos, los hoyuelos, esos dientes a medio salir y torcidos pero blancos como la leche y como no, ese sonido único en el mundo al que debería llamársele "Esencia de alegría". Os explico por qué esencia; esencia porque es puro , esencia porque es inocente, esencia porque es espontáneo y esencia porque tiene el poder de cambiar el mundo durante unos segundos.
Llena de esas esencias estaba la clase cuando mis ojos se dieron cuenta de que esa era la señal que llevaban esperando todo el día y tuve que girar la cabeza hacia la puerta muy rápido cuando me di cuenta de que dos lágrimas me corrían por las mejillas. Pensaba en la carita de Blásida, en los ojos llenos de vida y ternura de Laura a la que cariñosamente llamo "Yo quiero" porque siempre te pide algo; a Francisco, un pequeño que tiene dos padres mudos y es clavado a Juan José Ballesta; a Pamela y sus ojos de mil colores que siempre te miran esperando cariño; Ariel y su carita triste y negrita que parece un dulce lacasito...
Ese nudo de mi garganta comenzó a apretarse más arriba oprimiéndome el pecho como si estuviera sujetando una presa rebosante de agua. 
En esto que pasó por delante de mis ojos un bicho negro que se movía rápido en el suelo y destacaba en la arena que estaba iluminada por los farolitos de la noche. Me acerqué casi sin darme cuenta y avancé hasta estar bien segura de lo que era: ¡una tarántula! Sus ocho patas eran gordas y peludas, perfectamente sincronizadas a gran velocidad para esconderse de nuevo en la protección de la noche. De la cabeza a los pies un escalofrío me recorrió el cuerpo y toda la piel se me puso de gallina mientras me quedé petrificada por el miedo: le tengo pánico a las arañas. Una vez cuadno estaba en casa de mi abuela en Galicia, vi una de esas gorditas pequeñas y me asusté tanto que solté la tartera de comida que estaba sujetando y salí corriendo hacia el baño, me desnudé y me metí debajo de la ducha...hasta ese punto de ridículo llega mi fobia. Así que imaginaos  ver a diez centímetros de tus pies y a 40 de tu cara ¡una tarántula!. 
Esa especie de shock me sirvió para dejar de llorar al instante porque creo que dejé hasta de respirar. Con toda la calma que tuve, pensé en no montar un escándalo con 60 pequeños detrás y me volví a mi silla con la cara pálida y sin quitarle el ojo de encima a la trayectoria del bicho. Por seguridad levanté los pies  y me consolé al ver que los niños ni siquiera llegaban con los pies al suelo , por lo menos no va a empezar a chillar uno porque la araña le esté trepando la pierna porque con el miedo que le tengo capaz que de una mala reacción cojo un palo y le rompo una pierna a la pobre criatura (xdxd).
Parecía que el nudo se había ido desde que vi la araña, pero es imposible no ponerte un tanto sentimental al final de una película de Disney y creo que esa sensación se contagió rápida e intensamente porque al salir, muchas de las niñas vinieron a darme, a parte de los besos de buenas noches de rigor, un increíble y duradero abrazo. Un abrazo de esos que no quieres soltarte, un abrazo de necesidad, de cariño, de seguridad en los brazos del otro, un abrazo sincero.
Creo que en ese momento el nudo que tenía en el estómago había subido ya por la garganta y casi se quería salir por los dientes, las mejillas, los lagrimales y 1hasta por las orejas! En poco más de una semana, todos estos abrazos se convertirán en recuerdos.
pd: Ahora bien, que si todos los recuerdos fueran como estos abrazos, daría mi alma al diablo por  conservarlos. :)
pd2: Ahora mismo empieza a llover de nuevo, parece que voy a tener que venir más a menudo pues se ve que Galicia me persigue :)





miércoles, 28 de agosto de 2013

CAPÍTULO 48: NOS VEMOS EN EL MUNDO


Llaman a la puerta, 6,45 de la mañana y pego un bote en la mesa del desayuno. Oigo la voz de Yasmina, hija de doña Antonia con la que he pasado mis últimos días en CAPI´IBARY. Pensaba que no me iba a poder despedir pues el frío y  la lluvia de ayer nos habían impedido vernos (aquí cuando llueve y hace frío la vida se para).
Tropezando con la silla, corro hacia la puerta y veo el gorro de la pequeña entre los brazos de la hermana Cecili que la saluda. En cuanto la suelta, miro sus ojitos entre el gorro y la bufanda que casi le tapa por completo la cara. Esos ojitos rasgados y grandes que jamás olvidaré me miran y corro a estrecharla en mis brazos lo más fuerte que puedo sin hacerle daño. Mientras la abrazo veo a Doña Antonia aparcando la moto delante de la casa, tapada también casi toda su cara, achina los ojos y siento que me sonríe.
Pasamos  a la casa y me toca a mi darles unos regalos que les compré a toda prisa pues ellas me regalaron tantas cosas, que aunque no tengo mucho dinero, no podía no corresponderlas. Varios cuadernos de pintura, pinturas, plasti-cola y cuentos para Yasmina; una pulsera y una muñeca para Lucida; una cartera para Ña Antonia y un marco con una de las fotos que habíamos tomado en familia el día anterior para la mayor, Sabi. No sé si os he hablado de la familia al completo pero merecen una mención sincera: La señora Antonia es una madre que ha sacado a cuatro hijas ella sola, que tiene dos trabajos y un espíritu incansable. Ayuda a cualquiera que se encuentra a su paso y  hace ya cinco años, cuando su hermana murió en un accidente de moto, que se hizo cargo de su sobrina Lucía que salió ilesa del terrible suceso. Lucía es una niña callada y tímida cuando son muchos hablando, pero sí le das una oportunidad a solas, te demuestra que tiene un ángel en su garganta y que además te cuenta las cosas con un mimo y dulzura verdaderamente sobrecogedoras. No anda muy bien por un problema en las caderas pero casi no se nota. Me habla de su madre, de lo que la recuerda y la hecha de menos y no me puedo imaginar lo triste que se tiene que sentir a veces pues no conoce a su papá y no ha vuelto a ver a su hermano desde que su mamá falleció.
Sabi, es una futura periodista que estudia en Asunción, una joven de 20 años con una madurez y conversación realmente increíbles para su edad. Quiere viajar y estudiar en el extranjero, tiene unas notas buenísimas y tiene suficiente personalidad como para no dejarse comprar por ningún político o idea aunque sería el camino más fácil para conseguir una beca. Con 20 años estudia por las tardes y trabaja de mañana, sábados incluidos. Ella se paga su Universidad y sus gastos y muchas veces, su único día libre, se mete en el autobús durante 5 horas para ver a los suyos apenas un día. El domingo de madrugada regresa a Asunción con el tiempo justo de entrar en su trabajo. Realmente es increíble lo que hace.
Tanto me enrollo escribiendo que me olvido que hablábamos de la despedida. El caso es que ante ayer, ellas me sorprendieron regalándome un palo bordado de lienzo artesanal muy propio de estas tierras y la propia Sabi, se quitó su fular del cuello para que me llevara un recuerdo de ella. Aún lo llevo puesto y su perfume me recuerda a la familia entera, a las tardes en el brasero, a las risas y los juegos  y al calor de una familia que por unos días me hizo sentir más cerca de la mía propia.
Me agradecen muchísimo los regalos pero no hay tiempo para más, Yasmina debe entrar en el colegio y Antonia en su trabajo; cuando les digo unas últimas palabras y que deseo verlas en España, me doy cuenta que ya no me ven, porque sus ojos están llenos de lágrimas, Yanina se esconde en su bufanda pero los lagrimones se le caen sin remedio; pienso que es precioso pero en ese momento veo a Ña Antonia llorando también y sin poder hablar me emociono con ellas. Nos abrazamos por última vez. "Quizás no las vuelva a ver" pienso, pero jamás me olvidaré de ellas.
Sin mediar más palabras porque la voz no nos deja, movemos las manos en señal de despedida y un último y rápido abrazo que me llevaré en mi mochila. Vuelvo al desayuno que dejé a medias,  sorbo el café sonriendo sin parar, nadie a mi alrededor sabe lo feliz que me siento, pero en mi cabeza se repiten una y otra vez las imágenes de la despedida. Una de tantas pienso,  pero cada una de ellas inolvidable.

¿Qué será de ellas?¿Nos volveremos a ver?¿Se acordarán de mi cuando pase el tiempo? Por mi parte procuraré que sólo el fantasma del alzheimer me borre su recuerdo.








jueves, 22 de agosto de 2013

CAPÍTULO 44: CRÓNICA DE UN PARTO EN CAPI´IBARY



¿Qué diferencias y semejanzas encuentras entre Paraguay y España? una de las niñas de 8º grado me preguntaba en una entrevista improvisada frente a la clase. Pocas veces los periodistas nos ponemos al otro lado y más con un público tan receptivo y exigente. Julio, uno de los chicos de la clase tomaba fotos siguiendo mis instrucciones y demostrando un instinto nato que se reflejaba en los planos de cada una de ellas. Entre la respuesta y las risas llaman a la puerta con urgencia: la hermana Yolanda me hace una señal de premura para que hable con ella: "Si quieres ver un parto vete corriendo al dispensario". 

Había posibilidades de ver un parto y para eso había venido así que sin pensarlo y sin tiempo para entrar en pánico, agarré mi bolsa y mi ordenador y salí disparada escaleras abajo hacia el otro lado  de la calle. Respiraba como si hubiera venido de correr una maratón, no por la corta distancia de la carrera sino por la expectación y los nervios; parece que todo mi cuerpo esperaba con ansia el acontecimiento. Me encontré a la hermana Cecili sonriente como siempre que salía de una habitación donde exploraba a la mamá; me invitó a tomar agua y desfatigarme: "Hay tiempo todavía".
La puerta de la habitación estaba entreabierta y pude ver a una mujer morena con una barriga prominente que gemía y lloraba de dolor. Pensé entonces que no iba a ser tan fácil soportar un parto como pensaba. La hermana Cecili me preguntó : " ¿Te vas a desmayar?". 
Mi orgullo y mi deseo de que no se tuviera que preocupar de un parto y de mí me hizo responder rápidamente: "¡No que va!(...) bueno, no creo"  La seguridad del principio me hizo caer en la cuenta de que la respuesta no era tan segura ¿cómo iba  saber si me iba a desmayar si nunca había vivido nada semejante? Pensé entonces en el gallo y la matanza y mi estómago se endureció al momento. Me fui a una sala contigua a santiguarme y rezar que por favor fuera lo suficientemente dura como para aguantar un parto en directo, de principio a fin y manteniendo la cámara en el lugar que le correspondía. Pensé entonces que como con el gallo, el objetivo me ayudaría a sentirme algo más lejana, como viendo todo a través de una pantalla, como en un película.
El ruido del ventilador y el sofocante calor hacían que el segundero del reloj se escuchara con fuerza, me sentí de nuevo como en una película en la que el protagonista ve pasar el tiempo a ralentí mientras los sonidos de ende redor aumentan.
Se abrió la puerta de la sala y vi salir a la hermana Rafaela, seguida de la mujer que iba a dar a luz y la hermana Cecili sujetando una botella de suero. No me paré a detallar a la embarazada sino que inmortalicé el momento como si no fuera a tener próximas oportunidades.
Entramos en la sala de parto y los quejidos fueron en aumento. Me costó al principio ubicarme, la embarazada no me conocía y ¿quién era yo para estar allí fotografiando un momento tan íntimo sin tan siquiera habernos presentado? Poco a poco la dinámica del parto cambió la situación y sobraban las presentaciones.
Por fin me detuve a ver  a la mamá, no era adulta, sino una hermosa joven de 19 años. Ojos verdes con vetas de colores y una carita redonda y preciosa aún empapada por el sudor frío propio del intenso dolor. Madre primeriza y soltera que ya que el padre (toda esta conversación surgía entre contracciones) ni quería saber del parto. Una situación tan común que ya ha nadie sorprende en ninguna parte del mundo. Me alegré al menos de que esta vez pasara la mayoría de edad pero su cara era la de una niña y me hizo pensar que con 5 años más que ella, en unos instantes, ella sería mamá y yo, en nuestro país, era para eso una cría todavía.
La hermana Rafaela le secaba constantemente el sudo con una gasa y el cariño de una madre o abuela. La hermana Cecili le daba indicaciones mientras acariciaba su barriga para tranquilizarla y conocer la posición en la que venía el bebé.
No era paciente de la hermana, no traía historial consigo ni análisis y sólo el informe de una ecografía de hacía tres meses servía de  referencia alguna.
Las contracciones eran cada vez más seguidas y dolorosas, me atreví a mirar la zona por la que saldría el bebé esperando encontrarme alguna señal suya como en las películas; pero nada, aquello estaba cerrado a cal y canto y pensé entonces en cómo podría una criatura salir por tan estrecho agujero.
En guaraní la hermana Rafaela acompañaba con dulces palabras y consejos a la primeriza: "Empuja como si tuvieras ganas de hacer caca, no concentres la fuerza en tu cara o en el cuello..."
La madre de la joven llama a la puerta de vez en cuando para preguntar nerviosa cómo va el parto; le ha pedido a la hermana Cecili que les apaguen la tele de la salita de espera para poder rezar ella y su marido.
Rosana (nombre ficticio para proteger al identidad de la joven), se agarra con fuerza a la estrecha camilla e incluso a veces levanta los brazos como pidiendo socorro; no llora, sólo gime y apenas se permite gritar, no me imagino cómo se puede ser tan fuerte, un instinto que va más allá de lo humano (debe ser el maternal) la lleva a empujar con tanta fuerza y tan seguido que parece que se queda dormida cuando la contracción pasa : "Es un recurso que Dios les da a las mamás para que se repongan del esfuerzo, se suelen adormecer al terminar las contracciones" me dice Cecili. Literalmente los ojos de Rosana, esos ojos verdes de increíble fuerza, se desvanecen entre sus párpados y puedo ver desde mi posición como se quedan en blanco "Sigue respirando", me digo a mí misma ante el miedo a que se desmaye del esfuerzo.
Me acuerdo de todas las películas que he visto en mi vida y lo importante que es la respiración para la mamá y el bebé y me pongo a imitar lo mismo que he visto por la tele: "Respira profundamente, coge el aire por la nariz y expúlsalo por la boca" le comento como si entendiera algo de lo que yo misma digo (lo que son los nervios).
Las hermanas le indican que debe mantener una respiración constante para que al bebé le llegue oxígeno en un momento tan importante y Rosana lo graba en su mente de tal forma que aún en los peores momentos se acuerda del proceso; parece fácil acordarse de respirar, pero en momentos de dolor y sufrimiento hasta el aire duele.
Las hermanas se ríen cariñosamente de mí porque respiro con ella igual que en una clase de preparación al parto; entonces me doy cuenta de lo sola que se debe sentir sin el padre del bebé apoyándola. "Cuando los papás están aquí, parece que los partos son más fáciles, los niños nacen de otra manera y se nota " comenta la hermana Rafaela. Es entonces cuando me sale de lo más profundo de mi alma decirle : "Ojalá vivieran ,al menos una vez ,la sensación de que un bebé les saliera por un testículo" jajajaja me río ahora porque la cara de la hermana Rafaela fue chistosa cuando solté semejante comentario. "La hermana Cecili dice que Dios se equivocó poniendo un agujero tan pequeño para dar a luz, que tenía que haber dispuesto una cremallera en la barriga" me responde ella.
Estos momentos de risas distienden el ambiente mientras el parto se alarga sin remedio.
Con mucho tacto y cariño a cada contracción de la mamá, la hermana Rafaela, pone las manos en su vientre y ejerce muy poca presión como ayudando al feto a bajar hacia la pelvis.
Es increíble como se notaba que bajaba mientras las zonas de la barriga ya vacías se iban reblandeciendo poco a poco.
Hilos de sangre corrían desde el interior del vientre hacia la pelvis como si de una menstruación se tratara mientras al fondo, parecían distinguirse los pelitos de la cabeza del bebé. Una sensación de felicidad absoluta me recorrió el cuerpo al empezar a comprender lo que estaba viendo: ahora entiendo como lo llaman "El milagro de la vida". Estaba ahí , ya llegaba era un bebé y lo estaba viendo salir de las entrañas de su dolorida y valiente mamá.
La sala de partos no es como una sala de España en la que el equipo se esteriliza y prepara con ahínco y el quirófano es impoluto, recordemos que aquí estamos en una zona humilde que bastante tiene teniendo un dispensario: una sala con una camilla con potro, un fregadero, pares de guantes y el único requisito de recogerse el pelo. 
No hay batas blancas a excepción del mandil de plástico que la hermana Cecili se coloca para no mancharse en el parto al sacar a la criatura. Sin lujos, sin nada más que el calor de una vela encendida a San Ramón (patrón de los partos) en compañía de la imagen de Ana María Javohuey y un cuadro de Jesucristo; así vienen los niños al mundo, más de 400 ya, en Capi´Bary.
Me cuenta la hermana Rafaela que una amiga suya que estudiaba medicina y vino a hacer las prácticas de urgencia, se quedaba sorprendida y sacaba fotos de todo el lugar sin comprender cómo podían trabajar así y sin ningún susto en 400 partos.
Mientras las últimas contracciones anuncian la inminente llegada de la vida, las campanas de la iglesia repican a muerto, ya van dos ancianos hoy. La vida y la muerte en perfecta consecuencia y equilibrio en la más pragmática de las metáforas.
Volviendo al parto en sí, el bebé no nace. Los partos en las primerizas suelen ser más tardíos y dificultosos pero la hermana Cecili empieza a temer por el bebé porque lleva tiempo con la cabeza en la zona pélvica pero sin seguir bajando. 
Es entonces cuando todo sucede demasiado rápido: me piden que vaya corriendo a por la ropita del bebé que ya llega.
Cuando vuelvo, la hermana Cecili, tijera quirúrgica en mano, le practica un corte en la zona para abrir el hueco y que le bebé pueda salir ya por el miedo a que tenga el cordón umbilical enrollado al cuello. Sin información sobre el embarazo o cómo está posicionado el bebé , las decisiones pueden ser de vida o muerte en cuestión de segundos.
En cuanto practica el corte y la mamá empuja por última vez el bebé junto con el líquido amniótico salen  disparados y me alegro de que no salpique la cámara mientras mi dedo se vuelve loco en el disparador para no perder detalle. En cuanto la cabeza sale entera hasta el cuello, el resto del cuerpo cubierto de líquido a modo de vaselina, sale con facilidad.
Ya le veo el cuerpo, la cara, los pies, todos sus deditos mientras sigue ligado a la mamá por el cordón umbilical que la hermana Cecili se apresura a pinzar: ¡ESTO ES LA VIDA EN ESTADO PURO!
Contengo el aliento unos instantes pero sin soltar el disparador, el bebé no llora, tiene que llorar ... en seguida Cecili le desobstruye las vías respiratorias con un pequeño bombín rojo que introduce primero en su boquita y luego en las fosas nasales, como en una película lo pone boca a bajo con una facilidad que me deja pasmada; parece tan frágil y blanquecino que yo necesitaría algodones para tocarlo.

Un quejido sordo sigue a un llanto desmesurado por parte del recién nacido y por fin respiramos hondo: "Por muchos partos que uno lleve siempre está el miedo a que algo salga mal hasta el último momento" dice Cecili.
Cortado el cordón umbilical se apresuran a bañarlo y en seguida lo visten como un muñeco mientras su piel blanquecina y sus manos violáceas son la mejor certeza de lo mucho que deben sufrir ellos también el parto.
No me ha dado tiempo a pensar en todo lo vivido cuando estallo en lágrimas de alegría y voy corriendo a abrazar a la mamá que sonríe extasiada y más feliz que nunca respondiéndome al cariño recibido: "ESTÁ PERFECTAMENTE, ES PRECIOSO...¡CAMPEONA, VALIENTE!" Es lo único que atiendo a decir mientras trago saliva para seguir el momento hasta el final. Vuelvo a toda prisa hacia el vestíbulo y no dejo de sorprenderme al verlo tan pequeño, tan expresivo, ¡tan hermoso!. Tiene los ojos grandes y abiertos como platos como queriendo observarlo todo mientras su llanto se va transformando en simpáticos gorgoteos: "Va a ser muy vivo, muy listo" digo imitando lo que dijo mi madre que el médico comentó cuando vio mis ojos al nacer.
Me vuelvo loca haciéndole toda clase de fotos y el espíritu de Anne Gades me posee queriendo hacer de cada parte de su cara y sus manos un prematuro modelo.
Le agarro la manita y saco una foto sorprendiéndome de la pequeñez de sus uñitas perfectamente formadas, de las arruguitas de sus dedos, de su color blanquecino y aún así hermoso.
¡Qué ganas dios mío de tener uno de éstos entre mis brazos, uno mío! Si toda mi vida he querido ser madre, ¡ahora mismo sería madre de octillizos!
Me apresuro a mostrarle a la mamá que sonriendo ya no se acuerda de los terribles dolores sufridos, las fotos de su niño: se emociona al mismo tiempo que sonríe y se maravilla de lo realmente precioso que es. Es la primera vez que ve a su bebé y es a través de mi cámara...¡adoro mi trabajo!.
Un bebé de 3 kilos 200 gramos que es un pequeño príncipe llamado Josías Alexander con unos ojos enormes y vivos que no se cierran ante nada queriendo absorber el mundo entero por primera vez.

El saquito en el que han envuelto al bebé sale  de la cortinilla y la mamá y el bebé se miran a los ojos por primera vez...creo que estoy llorando de alegría al recordarlo, realmente el momento más bonito que he tenido el placer de vivir en mi corta existencia. Un rápido beso y en seguida se lo llevan a conocer a sus abuelos que se vuelven niños viendo al pequeño, sus ojos se iluminan y se respira la paz de que todo haya salido a la perfección.

En la cunita descansa el pequeño Josías mientras vuelvo con la mamá para ver el duro proceso de sacar los restos del embarazo, la placenta y el cordón umbilical que bien parecen por tamaño, otro bebé en camino: una parte no tan placentera de ver pero parte de la vida igualmente. La hermana Cecili me explica todo lo que por allí sale mientras miro atenta la cantidad de cosas que pueden caber ahí dentro: una bolsa enorme con restos del bebé, sangre y placenta por todas partes que pesan tanto o más que el propio feto. Tras la limpieza hay que coser a la mamá el corte que ha tenido que abrirse para el nacimiento. Como una costurera celosa de su traje, la hermana Cecili ejecuta su trabajo a la perfección seguido muy de cerca por mi cámara. Unos últimos consejos sobre los próximos días y cuidados y la madre se traslada por fin a la habitación donde la espera ansioso su retoño.
Tumbada en la cama le hermana Rafaela hace los honores de acercar al pequeño en brazos inseparables de su madre, ahora sí, ya es tuyo por y para siempre, y parece que nadie jamás podrá apartarlo de sus brazos.
Es entonces viendo ese cuadro cuando pienso en qué pensará un hombre para no querer vivir ese momento único, un hombre no, un padre, el padre de la cosa más bonita del mundo...realmente estoy yo participando más de la vida de ese pequeño que su propio progenitor que ni ha querido saber dónde estamos.
Me acuerdo mucho de mi padre, y pienso cuántas veces he querido que estuviera a mi lado y lo joven que lo perdí, lo poco que lo disfruté, pero eso sí, él estuvo al lado de mi madre sujetándole la mano mientras el momento más importante de mi vida estaba en proceso, mientras me veía nacer. Fue él quien me cogió en brazos por primera vez y siento ahora cuando la veo a ella que en el fondo de mi corazón hay un recuerdo que así lo conserva y que nos unirá para siempre más allá del cielo. 


Ahora siento que está a mi lado recordando ese día que parecía haber olvidado para siempre...no importa si no le dio tiempo a levantarme en caballito, sino estaba en mis cumpleaños, sino estará algún día en boda, nada importa de eso por primera vez en mi vida porque él me vio nacer.



pd: Aquí os dejo la mejor foto del día mientras veo atardecer en CAPI´IBARY, hoy el sol brilla más rojo que nunca , parece que quiere presenciar hasta el último momento el nacimiento como no queriendo que la noche lo apague. Se pone lentamente mientras el polvo de la calle se levanta para despedirlo, la noche llega despacio para acunar a Josías en el primer día de su vida.


lunes, 12 de agosto de 2013

CAPÍTULO 35: PARAGUAY SE CAE A PEDAZOS.


















Ayer fue un día único en la historia del Paraguay; por primera vez las puertas del Palacio de Gobierno se abrieron a los ciudadanos. Al todavía presidente en funciones, se le aconsejó socializar los bienes del pueblo y hacerlos cercanos y accesibles. Así que tras un tiempo en restauración, este emblemático edificio del microcentro acogió a su ansioso pueblo. Se ve majestuoso  de rosa en contraste con el verde de la naturaleza que lo rodea, parece si lo aislamos de la ciudad que es un tesoro colonial rodeado de esplendor, pero no, es tan sólo una ilusión, pues la miseria se siente tan sólo al cruzar la calle.
La cola para entrar es majestuosa por no decir abrumadora, unas 3000 personas aguardan en fila su turno en las primeras horas de la tarde, por la mañana y según personal de seguridad de la entrada, han podido pasar por el edificio cerca de 15000 ciudadanos. Me alegro de que mi profesión me permita saltarme la interminable cola pues se rumorea que la fila es tan grande que ya no permiten que se sume nadie más. Ante semejante avalancha, el ejército y la policía rodean y custodian cada centímetro del edificio y el personal de seguridad se convierte en guía improvisado de la multitud que pregunta sin cesar por cada detalle que se encuentra a su paso. 
La arquitectura del edificio es bella, los suelos de mármol brillante resbalan y sirven de pista de patinaje improvisada para los pies de los más pequeños, los techos altos terminan en pinturas celestes que dibujan un cielo con matices nublados y las lámparas parecen colgar del mismísimo cielo. En la primera planta a mano derecha si nos situamos en la fachada del edificio, nos encontramos la antesala del despacho presidencial custodiada por una antigua mesa de madera, cuadros de presidentes anteriores y un par de sillas. Muchos lugareños se confunden creyendo que esta antesala es el despacho del presidente y lo emulan acercándose lo máximo posible a li que creen la silla presidencial. 
Tan sólo un espejismo pues una puerta doble a la izquierda nos abre la entrada a un inmenso salón que en este caso si se reconoce perfectamente como el despacho del presidente. Me sorprende encontrar sobre el escritorio elementos que harían pensar a cualquiera que el alguien ahí sentado ha tenido que salir a toda prisa: una botella de agua a medias, un bolígrafo y papeles informales en la parte derecha de la mesa. Pero volviendo al salón es realmente majestuoso: cortinas que cubren los inmensos ventanales de techo a suelo colgando como pliegues de tela perfectamente ordenados, banderas como guardianes del sillón presidencial y una impresionante mesa en forma de arco que parece que recuerda a los tiempos de los grandes mapas y estrategias de guerras piratas. Flores, luces de color bronce y vitrinas con tesoros de la nación. Me resulta anecdótico como en una mesita pegada a una de las paredes contiguas al la mesa, hay dos fotografías enmarcadas, una de ellas me llama poderosamente la atención, como un trofeo de un niño que admira a una ex estrella de fútbol, el presidente de Paraguay agarrado del hombro por Bill Clinton. 
Salimos de la sala hasta una larga estancia con suelos de ajedrez en la que la protagonista es una mesa de las mismas longitudes , larga hasta terminar en un inmenso espejo, una sala de reuniones con tanta solemnidad como belleza. No me deja de sorprender el tema de los espejos, por todas partes, gigantes del reflejo y custodios de cada sala sin falta. Los niños juegan a posar y sacarse fotografías asustándose de su tamaño que supera con creces la estatura de los presentes. 
Dejando ya el primer piso, una majestuosa escalera de mármol que termina en el cielo de nuevo nos invita como en el Titanic a descubrir un segundo piso. Éste es cautivador, pero no por sus ornamentaciones ni escasas salas sino por las vistas. Una inmensa galería abierta a la ciudad que tiene por centro un balcón ovalado como el de la casa blanca, desde el cual, se ve en el horizonte otear la bandera paraguaya y como el rojo, blanco y azul de su patria se refleja en las construcciones de enfrente. En este piso un salón que goza de un trabajo de marquetería único, en el que la madera policromada dibuja arcos como separación entre las estancias; el pan de oro, los colores, los contrastes…crean una bella armonía. Sin estar terminadas las obras, los andamios y obreros interrumpen la visita con constantes paseos; desde los balcones la multitud de hormigas que pretenden entrar apenas se definen y apremiada por los guardias continúo mi visita.
 La galería trasera, una bella postal de la costanera y el río Paraguay, es el escenario que el próximo 15 de agosto acogerá la ascensión de Cartés a los anales de la historia. La sala en la que tomará posesión ya está preparada también al otro la do del pasillo con tres tronos y un largo espacio para los invitados entre los que estarán los príncipes de Asturias. Al salir me encuentra una sorpresa, como pasa muchas veces, alguien reconoce mi acento y se acerca preguntándome el origen. Me da apenas tiempo a confirmar que soy española cuando el señor saca un celular del bolsillo y marca el número de José Calvo, Consejero General de la Secretaría de Cultura, y supervisor del proyecto. Este pamplonica que aterrizó en el 86, me cuenta ya con acento paraguayo que el proyecto ha sido una obra inmensa que el pueblo no ha sabido entender, 19.000 millones de guaraníes para “poner bonito” un edifico no es la prioridad de un pueblo con tantas carencias, pero afirma que este día de puertas abiertas es una jornada de conciliación con las gentes a las que pretenden abrirle la puerta de su casa simbólica como hijos e hijas de Paraguay. 
Con mucha amabilidad nos despedimos y me dirijo a la salida pero una pareja de mujeres con cascos blancos llama mi atención: Silvia Rey, Jefa de Obras del ABH (empresa privada encargada de la construcción) repasa minuciosamente detalles de la obra con su equipo. En una rápida entrevista me confiesa que el edificio estaba en ruinas, que corría riesgo de derrumbe por una plaga de termitas y que la carcoma no había sido el más dañino de sus problemas. El escaso y malformado servicio de mantenimiento del edificio se limitaba a amontonar capas de pintura para tapar los desperfectos (hasta 12 capas se encontraron) sin reparar en las deficiencias estructurales.
 La empresa que instaló el aire acondicionado en el edificio, escavó los cimientos para meter los tubos de ventilación y algunos muros de carga quedaron con tan sólo 10 centímetros de espesor por el mismo motivo. Me quedo pasmada pensando que si esa es la profesionalidad y cualificación en la mismísima casa del presidente, que será de esas pobres gentes que confían en los arquitectos que han diseñado los pocos edificios que hay en Asunción. Silvia me comenta que la falta de formación de arquitectos especializados y de restauración en Paraguay ha obligado a contrataciones privadas y a importar talentos de fuera del país que echaran mano de semejante desastre. 
“Todo el problema está en la educación, nuestro sistema de enseñanza es muy deficiente” me comenta que los jóvenes que llegan a la universidad son tan parcos en cultura durante el curso de inmersión que el nivel con el que entran a las aulas universitarias poco tiene que envidiarle al de la primaria de cualquier otro país. “Pro cultura aquí se entiende solamente el guaraní y el pueblo indígena” “ En arquitectura y sobretodo restauración hemos dado lo básico: planos, qué es restaurar y poco más” “La especialización está en pañales  y los primeros recibidos fueron los del 2001” “Es triste que sea así, pero ésta es lastimosamente la verdad del Paraguay”. No hay ninguna sola persona con la que halla hablado que no me halla hecho referencia al problema de la educación en este país, la falta de trabajo y vocación de muchos profesores y el total pasotismo de los alumnos…y en España, ¡tanto profesor con talento peleándose en las oposiciones para entrar de sustituto, con la falta que hacen aquí….!