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domingo, 15 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 66: ¡PARAD EL MUNDO QUE YO ME BAJO!



Había experimentado la ilusión por creer en los Reyes Magos, en el ratoncito Pérez, en los cuentos de hadas....pero jamás había sido yo la que creara esa magia. Ayer a Kenia se el cayó una muela, como a la mayoría de las niñas aquí, las caries se apoderaron de ella y tenía un agujero por ambos lados. Cuando estaba a punto de caérsele, se la arrancó como hemos hecho todos de pequeños, jugando con ella para adelante y para atrás hasta que acabó en su mano. Le dije que debía ponérsela al ratoncito Pérez esta noche, y esperar que la recogiera y se la cambiara por alguna sorpresita. Ella me miró desconcertada, no sabía quien era ese tal ratón que quería su diente. Así que le conté la leyenda del Sr. Pérez. Sus ojos se iluminaban con cada palabra y un corro de niñas nos rodearon para escuchar también la historia.  Cuando terminé se marchó ilusionada esperando ya que llegara la noche. Recuerdo como me ilusionaba yo cada Nochebuena, no dormía la noche de reyes y cuando se me caía un diente, esperaba con ansia oír un ruido en el suelo hasta que me quedaba dormida. Todo era maravilloso, hasta que llegó ese fatídico día en el que crecí de golpe, esa etapa en al que en menos de un año, me contaron que los reyes eran los padres, que el ratoncito Pérez también y que las hadas sólo existían en los cuentos. A la edad que ahora tiene Kenia, unos 10 años, toda esa ilusión fue desapareciendo poco a poco, pero hoy en lugar de romper esa magia, he contribuido a crearla.
En un lugar como éste, en el que hay tantas carencias emocionales y  tantos pequeños, conservar la magia, es crear ilusiones con las que se despierten cada día con una sonrisa. El hecho de contribuir con mi granito de arena a que eso sea así, simplemente no se puede explicar con palabras.
Hoy es ya mi último día completo en Pozo Colorado y ayer ya me tuve que esconder en mi cuarto para que me cayeran un par de lágrimas que hicieran que el dique no se desbordara. Por la noche, ayer, cuidando el cine de los pequeños, me senté al lado de Blásida y le acerqué mi mano. Os puedo decir en la hora y media que duró el cine, que no me la soltó ni un instante más que para agarrármela con más fuerza. No sólo me agarraba con fuerza sino que acariciaba con mis dedos su boquita y rozaba sus mofletes en mi palma. Hubo un momento, que tanto era el hormigueo que sentía, que la mano se me quedó fría de la postura y de repente de dijo: "Tu mano está fría" cogió sus dos manitas y apretó mi mano contra su pecho. Entonces sentí su corazón, latiendo fuertemente en mi mano, rápido e intenso como sólo el de un niño lo es. Me dio un vuelco el corazón y la carne se me puso de gallina mientras el ritmo de sus latidos era cada vez más tranquilo: se estaba quedando dormida en mi brazo. Jamás he sentido más felicidad en toda mi vida, no sé explicarlo pero es como la sensación que se debe tener antes de saltar al vacío, adrenalina que te corre por la sangre y los niveles de serotonina por las nubes.
En ese momento estábamos viendo un cuento de princesas Disney, a Yasmin, y ella me iba comentando toda la película: "Esa es mala, esa es buena, esa es muy fea..." todo sin soltar mi mano ni por un instante y quedándose dormida...
Dicen que un voluntariado te cambia la vida, a mi no me ha cambiado la vida, me ha curado por dentro. Que nadie se engañe al pensar que viene aquí a ayudar, porque si se deja, será bastante más lo que estos pequeños ayuden a uno.
Ayer por la tarde les di el hilo de colores que les compré en Filadelfia para hacer pulseras. En fila fueron recogiendo dos, tres y hasta cuatro tramos de hilo para collares, anillos y llaveros. Las mayores, las pequeñas, todo el patio estaba lleno de grupos de niñas sentadas en corro con los hilos atados en sus tenis o en sus dedos del pie creando accesorios.
Les enseñé a hacer pulseras con dos hilos, pero ellas me enseñaron a hacerlas de tres y de cuatro...realmente es un campamento permanente. Música de pachangueo en la radio, niñas cantando y haciendo pulseras al mismo tiempo, charlando sobre los amores, sobre las amigas...¡Dios mío, creo que he vuelto a los 15 y que lo estoy disfrutando más que ellas!.
















Que alguien pare ese vuelo, que las compañías lo cancelen que yo me quedo aquí. No os sintáis ofendidos familia y amigos peor es que creo que he encontrado mi lugar en el mundo.
El otro día una niña se lastimó la rodilla, su compañera de habitación se pasó toda la tarde vistiéndola, siendo su muleta e incluso ayudándola a ducharse. No os hablo de chicas de 15 años, os hablo de niñas de apenas 6 o 7 que hacen de mamás las unas con las otras. Y yo que casi no tengo ya fe en la amistad, volví a creer en ella.
¿Será que soy yo demasiado exigente? Creo que estas niñas me acaba de responder a tantos años de dudas sin tan siquiera abrir la boca...
Ahora mismo estoy descubriendo que escribo más despacio, que como más despacio, que procuro caminar más despacio...no es cansancio, es que creo que mi cerebro piensa que si ralentizo mis movimientos, frenaré el mundo, los días, las horas y mañana, el día de mi partida, llegará más lentamente.
Al despertarlas por la mañana, Kenia me ha dicho que me vio ponerle dos Sugus bajo la almohada y que no vino ningún ratón, pero yo la he convencido de que el ratoncito Pérez no ha podido llegar al Chaco por lo lejos que está y que me había pedido por favor que hiciera su trabajo, pero que guardara bien la muela en mi custodia, que se la debía entregar esta noche cuando pasara por aquí. :)
Hay muchas formas de convertir cada realidad en una dulce espera.

jueves, 12 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 63: DESCUBRIENDO LA VIDA DE UN DÍA CUALQUIERA



"Nos iremos el lunes" dijo la Hermana Esperanza. Mi corazón se paró durante un momento, dejé de respirar durante unos segundos de forma inconsciente; mi cara sintió el calor de la tarde y mis ojos se abrieron como platos. "!No¡, quiero decir ¿no nos íbamos el viernes?! respondí sin casi darme cuenta de tono y dejándome llevar por todo lo que sentía en ese momento. "Podemos mirarlo "dijo, pero mi cabeza seguía asediada por la premura del tiempo: "No puede ser...es...demasiado pronto, no me quiero ir de aquí" . De repente me di cuenta de que debía volver a la realidad y que sí o sí , fuera el lunes o el viernes, esta historia se acababa: se acaba el vivir en Paraguay, se acaba el despertarme con los correteos de las niñas a las 5 y media de la mañana, se acaba peinarlas, se acaban las clases de flauta, los consejos de amor, se acaba consolarlas, reñirlas , se acaba despertarme y acostarme sin saber qué día es porque pasa demasiado rápido...
Llevo todo el día sin parar. Por la mañana clase de entrevista y foto a los de 7º y 8º,después proyecto con los más pequeños y un paseo por los proyectos del resto de cursos para reportarlos. Viene la hermana Esperanza (la regional)esta tarde y las niñas se preparan para su visita: toca peinarlas, cuidarlas en la ducha y ayudarlas a ordenar sus enseres. Después de cenar hay acostarlas y vigilar que se pasen toda la noche bailando en el baño....
La mañana fue intensa, digamos que aunque en principio les apasiona el tema de la entrevista, cambiar lengua por foto y mi presencia, en seguida, aparece la vagancia y el calor se convierte en su mejor aliado. Les cuesta mucho expresarse, atender, escribir y en seguida los de 7º (14 años) te dicen que están cansados de copiar 9 diapositivas a letra 20 y que "No da gusto". A regañadientes de algunos y entre las risas de otros, sacamos la clase adelante con bastante éxito: creo que han llegado a la conclusión que las entrevistas sirven para descubrir cosas increíbles del mundo y las personas que nos rodean. Se han entusiasmado cuando les he dicho que van a entrevistar ellos mismos al director y hermano de la congregación de La Salle, Aníbal y al final me han sorprendido con su curiosidad. Al principio de la clase, las preguntas que se les ocurrían para la entrevista eran : ¿cuántos años tienes? ¿ de que equipo eres? ¿tienes hermanos?, etc. Tras explicarles los diferentes tipos de preguntas y entrevistas y el fin que pretenden, les he pedido que cada uno escribiera una pregunta para Aníbal: " ¿No te has arrepentido nunca de ser hermano?" "¿Cómo llegaste a ser director de la escuela después de ser alumno?" . Creo que ahora sí empiezan a pensar como auténticos periodistas y sobre todo, como personas críticas.
Ahora fotografía. Sin duda los de octavo son diferentes, se ve que a la mayoría el tema les apasiona. Les puse un vídeo de 5 minutos de resumen de la historia de la fotografía: no era demasiado bueno, ni extenso, ni todo bien explicado que quisiera, pero al menos esos 5 minutos de audio e imágenes en movimiento captarían más su atención que yo con una tiza dictando teoría de la fotografía desde el encerado. Después del vídeo, un repaso por 25 fotografías que cambiaron el mundo: sus personajes, autores y la historias que esconden. Estaban callados, atentos, sorprendidos y emocionados al mismo tiempo: veía cómo abrían sus ojos como platos  con fotografías del genocidio nazi, cómo se emocionaban con el beso entre la enfermera y el marine en Times Square o cómo intentaban descubrir más leyendas escondidas en la mítica portada de Abbey Road de los Beattles...
Terminada la parte teórica, salimos al patio para que pusieran en práctica lo aprendido estas dos semanas. Mi cámara ya está algo tocada por el clima y tanto uso, pero aún así supieron sacarle partido y en fila de a uno, me mostraron su visión sobre el patio del recreo. Hay algo mágico en saber transmitir una pasión y creo que es el saber contagiarla.

Miércoles a las 14:00, hora del proyecto con los más pequeños. Ellos no cosen, no tocan guitarra, no bailan sevillanas....su proyecto es jugar y me parece bien. Pero con cerca de 45 grados a la sombra lo único que espero es que ni ellos ni yo nos desmayemos en el intento. Buscando una sombra, mi cerebro relacionó rápidamente sombra y escondite y empezamos el juego: 20 enanos, 80 hectáreas de terreno y una hora de juego para encontrarse. Finalmente no se me perdió ninguno...todo un milagro.
En la segunda hora del proyecto me recorro las diferentes actividades que se realizan. Dos niñas de las mayores hacen de guías y puerta por puerta descubro profesores y alumnos entregados a su tarea. La primera parada, la hermana Valentina que enseña croché a las niñas. En cuanto me ven con la cámara, el aula se convierte en una competición por mi atención y el objetivo: "Sacáme un poco..."(entonación latina) "Aquí, aquí". "Mira que lindo mi pañito..." Todas y cada una me enseñan con orgullo lo que yo considero obras de arte dada mi absoluta ignorancia en labores de costura.  Siguiente parada: el Ñandutí. Como ya he explicado en otros capítulos, es un tipo de entramado de costura típico paraguayo que se parece a la tela de una araña. Hasta ahora no había visto el proceso completo y la verdad me sorprenden las habilidades y dedicación de las pequeñas: primero lo cosen sobre un bastidor unido a la tela muy tirante sobre la que realizan los dibujos. 
Luego, una vez terminado el dibujo, el bastidor se almidona para endurecer  las formas que luego se recortarán con una tijera o cúter para dejar finalmente el hilo al descubierto y utilizarlo en decoración, cuadros, pendientes, etc. Sentadas bajo la sombra de un árbol o en una sala con el ventilador, la estampa es entrañable, como  si hubiera retrocedido a la España de mi abuela y las labores que se enseñaban entonces en la escuela.
Otro grupo de chicos realiza artes plásticas en otra aula; hoy toca un comecocos con forma de sapito que cada uno se encarga de personalizar. Me hace gracia una de las chicas que ha conseguido que su sapita se convierta en una princesa de largas pestañas y corona con ojos azules intensos.
De camino nos encontramos un grupo bastante extraño: algunos portan escobas y arrastran carretillas; otros sin embargo llevan guitarras. ¿Será que es un grupo musical de estos modernos como Mayú Maná? Se ríen y me dice el profesor que en ese grupo hay dos labores, unos se encargan del mantenimiento de limpiar y recoger el suelo o las aulas y el otro mientras toca guitarra con el profesor Óscar. A segunda hora los de la guitarra cambian las cuerdas por la escoba y viceversa.
En otras aulas hay más profes con niñas cosiendo, pintando sobre diferentes telas, jugando al ajedrez y observo con admiración la agilidad de sus dedos y la aguja, de la seriedad con la que trabajan y de ilusión con la que me muestran sus progresos.
Escucho voces altas en esta clase antes de entrar. Parece que están reunidos. Es la clase de teatro con el hermano Fernando. Cuando conocí a Fernando enseguida me di cuenta de que tenía un carácter distinto al resto. Es argentino y con él las risas y el buen ambiente están aseguradas, lo que no quita que si la conversación lo requiere, se implica y forma seria y argumentando sin tapujos cualquier tema. Es de esas personas abiertas para las que los tabús son simplemente innecesarios.
Ahora lo observo hablar con los chicos de teatro en corro, están debatiendo sobre la clase en sí, poniendo en común las opiniones de cada uno para participar más, trabajar mejor y en definitiva abrirse al escenario de la vida. Tras la intensidad del coloquio, en el que me sorprende cómo se implican algunos de ellos, toca soltarse con un juego de expresión corporal: los chicos tienen una centella en el cuerpo, como una especie de chispa que tienen que expresar con movimientos y pasarle a un compañero suyo. Me meo de la risa viendo como se mueven, realmente han conseguido vencer la timidez tanto que algunos parecen estar poseídos por un demonio que les provoca terribles espasmos...xdxd.
Me voy a regañadientes para seguir la visita porque realmente me encantaría quedarme como alumna y jugar a la chispita. Creo que sería el proyecto que más me gustaría si fuera alumna.
Cruzamos de nuevo entre los edificios hasta llegar a un pabellón semi-cubierto en el área de los chicos. Allí Iván, otro de los jóvenes profesores enseña danza paraguaya a un grupo de chicos y chicas en el escenario. Él es profesor y también baila con ellos, enseñándoles cada paso y repitiendo cada movimiento una y otra vez para que salga lo más perfecto posible.
La implicación y sacrificio de los docentes que viven 24 horas al día 365 días del año aquí, es realmente admirable. Realmente por mucho que te gusten los niños, es inevitable acabar por los suelos después de un día con ellos. Yo lo sé y llevo aquí a penas dos semanas, no me puedo imaginar si viviera aquí...
El penúltimo punto de mi paseo (creo que mis guías están pelín hartas de mi ya) es la enfermería. En ella, la hermana Raquel (enfermera de San José de Cluny) alecciona a un grupo mixto de chicas y chicos a cortar gasas, hacer pequeñas bolitas de algodón para curar heridas y otras pequeñas tareas para que, aquellos que piensan dedicarse a la salud en un futuro, se vayan relacionando con el medio. "A mí me marea la sangre" dice uno que quiere ser enfermero.  No puedo evitar reírme con el comentario viéndolo tan concentrado que está cortando un trozo de gasa.
Ya casi en casa (la casa de las hermanas donde vivo), oigo un sonido que me transporta inmediatamente a España, más concretamente a mi querida Andalucía, tierra de maravillosos amigos y recuerdos: las sevillanas. Alicia, psicóloga y voluntaria española que lleva todo el año aquí, enseña a un grupo a bailar sevillanas. Se mueven con la gracia de un adolescente (es decir poca o casi ninguna) y la timidez por la cámara hace que sus movimientos sean aún más graciosos. Cuando se van olvidando que estoy ahí es cuando observo que algunos tienen arte y siguen a Alicia atentamente. No pude evitar arrancarme a cantar con un acento andaluz que desde luego no tengo pero que mi garganta no pudo contener: "Esa gitana, esa gitana, se conquista bailando por sevillanas...¡OLE!".
Muchos de los que leéis el blog entenderéis que cuando uno está lejos de casa, de la tierra, de su gente y su cultura, cualquier reminiscencia de ella por pequeña que sea se clava inmediatamente al corazón como si de repente toda la tierra a la que perteneces se te hubiera metido dentro: algo así como una especie de posesión divina que le entra a un español cuando ve tortilla de patata en Alemania por ejemplo. XD
Las más pequeñas, que me persiguen y son mi sombra constante (ay que me las como!!) se animan al oír la música y ellas también quieren bailar. Blásida se pone mis gafas de sol y se arranca a bailar bachata como si fuera un adulto. Otras de las niñas bailan con Ali o por parejas siguiendo su propio ritmo. Si no fuera por el calor y el cansancio, creo que nos pasaríamos la tarde bailando.
Suena la campana, hora de la merienda y de repente el patio que hasta ahora parecía un desierto, se llena de pies diminutos corriendo al comedor y los gritos devuelven a los pájaros (hasta ahora los reyes del silencio) a sus nidos.
Oigo un lloro desconsolado, como cuando ya no te queda aire y la falta de respiración te provoca una especie de ronquido...me acerco a Camila. No me da tiempo a preguntarle qué le pasó cuando me dicen que se cayó y se clavó los dientes de arriba en el labio. Me quedo a cuadros ( a mi madre le pasó lo mismo de pequeña y por lo que me contó le dolió de lo lindo). Efectivamente. Le abro la boca y observo la marca de las paletas (las tiene muy grandes) en el labio inferior, por dentro se ve un agujero de carne roja y sangre, por fuera de la boca un corte confirma mis temores: los dientes atravesaron el labio saliéndole por fuera. 

La hermana Raquel no está, ha ido a llevar a una niña al médico a Pozo Colorado y ahora mismo estoy sola con ellas. La llevo inmediatamente a enjuagarse la boca con agua limpia, la calmo pero creo que estoy más nerviosa que ella aunque estoy haciendo esfuerzos para que parezca que tengo la situación bajo control. Me tranquiliza descubrir que ha sido un corte limpio, el diente no ha sufrido daños y lo peor ha sido el susto y lo escandaloso del golpe.
A lo lejos veo a la hermana Vicenta y corro a su lado, le explico que pasó pero no se alarma, realmente, parece que llevar tantos años entre chiquillos la ha acostumbrado a estas cosas y otras peores. "Eso les pasa por jugar a dar saltos en las camas, tiene que esperara a que vuelva Raquel". Al verla tan sosegada, me calmo también pero sigo sintiéndome mal por la pequeña.
A veces, en estas situaciones y otras, me pregunto si realmente mi profesión es tan útil aquí como la de un voluntario que fuera médico, arquitecto, ingeniero...mi única arma es la palabra, ¿bastará para cambiar el mundo? Sólo el tiempo lo dirá.







jueves, 5 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 57: ¿QUÉ HAGO YO AQUÍ?




Cuando me preguntaron en España, qué era lo que podía enseñar a los niños, planteé mi proyecto al rededor de un curso de nuevas tecnologías y la creación de un periódico. En Asunción, con los niños del comedor organizamos una semana de los talentos otra del periódico con redacciones, titulares, dibujos, recortes y fotografías realizados íntegramente por los pequeños. Es difícil llevar adelante una clase de niños con años tan diferentes y edades de desarrollo completamente distintas (no es lo mismo un niño de 13 años de la ciudad , que uno que vive a la orilla de un río casi en la calle).
La mayor diferencia con los niños de Pozo es que esto es un internado. Cuando suena la campana no se van a sus casas, sólo salen de una actividad para empezar otra y así pasar el día. Por eso el trabajo de cualquier voluntario se triplica en materia , tiempo y esfuerzos.

Es frustrante como quieres abarcarlo todo pero a veces tu cuerpo te pide que pares, que ya es suficiente. Mi corazón quiere pasar las 24 horas del día con ellos pero os juro que sin 3 cafés al día no hay cuerpo que lo aguante. El ritmo aquí es frenético con el tiempo contado y medido al milímetro por las campanas y los silbatos. Las comidas son apuradas e interrumpidas por el teléfono y la puerta, igual que los desayunos, las meriendas y hasta las cenas. Así debe ser para no descuidar de los pequeños en ningún momento. A veces, estamos comiendo y el silencio se rompe por pasos que se acercan como en manada. De broma, muchas veces digo que parecen una marabunta y que el suelo tiembla, porque suelen venir corriendo al salir de las clases o del comedor.

Este ritmo de vida nos lleva a los adultos a un reparto de tareas que va desde cuidar el recreo hasta dar clase. Ahí es donde yo quería llegar. Con el director Haníbal, nos sentamos a cuadrar mi horario poco tiempo después de llegar. Y así durante 3 semanas voy a hacer lo siguiente: a los de 7º grado les voy a dar un taller de comunicación centrado en hacer entrevistas porque tienen muchos problemas de timidez y expresión verbal sobretodo en castellano (aquí el guaraní es la lengua más usada); a los de 8º les enseño taller de fotografía e imagen para que les ayude a expresarse y conocer el mundo bajo otra perspectiva más abierta que la del protegido mundo de San Isidro; y por último don los de 9º, vamos a organizar un periódico igual que en Asunción pero con mayor exigencia dada la edad y  la formación que tienen. Bueno por último no, me olvidaba de las clases de canto y las de flauta de todos los días a as 12,30 incluyendo sábados y domingos donde hay varios grupos a distintas horas. ¡Ah! y el proyecto de los miércoles con los más pequeños: juegos y actividades de ocio y tiempo libre durante dos horas y también del apoyo escolar de lunes a viernes de los chicos de 4º y 5º.

Ayer di las primeras clases del taller de entrevista y del de fotografía. He de deciros que es la primera vez que lo hago, nunca he dado clases antes y siempre as he recibido pero algo me llama poderosamente la atención de ser profesor: el poder de transmitir. Es fácil asumir algo que uno mismo lee y para eso están los libros, pero un profesor no se limita (o no se debería limitar) a eso. Un profesor es como un profeta de una pasión: debe hacer que sus alumnos se emocionen e interesen tanto como él en la materia que imparte. En mi caso, aunque es la primera vez, el instinto y el amor por mi trabajo hizo que de mi boca salieran clases enteras que ni tan siquiera estaban preparadas.
Veía a los chicos como miraban atentamente cada fotografía que les mostraba, como se reían con cada anécdota, como respondían a cada pregunta y de repente, me sentí al otro lado del universo que hasta ahora había vivido. Ya no soy una niña, nunca más ocuparé el lugar que ocupan ellos ahora mismo. El tiempo de la escuela se acabó para mi.
Una sensación de nostalgia y buenos recuerdos se acumulan en mi mente. Recuerdo hasta la guardería con los bocatas de chorizo y nocilla en el recreo; el colegio antiguo en el que empecé a aprender; la secundaria, sus amores y exigencias; el bachillerato y la presión de la universidad; la universidad y sus libertades....así hasta llegar a hoy.
Y hoy, eme aquí, enfrente de veinte tantos adolescentes (hace nada era yo uno de ellos) que esperan que yo sea de quien aprendan algo en la vida.  En realidad es una responsabilidad en la que no me había parado a pensar antes de esta manera.
Desperté de mi nube de sueño mientras ellos estaban concentrados en su tarea de final de clase: definir qué es para ellos la fotografía ahora que les he explicado qué es más allá de las fotos del Facebook.
Todo empezó hace una hora, cuando les hice la misma pregunta y ninguno me supo responder. 

Tras la definición teórica les hice entender por qué la fotografía era un arte, les enseñé las fotos del parto en Capi´ibary, les hablé de la famosa foto del beso entre el militar y la enfermera la final de la guerra en Times Square; de mi amigo Antonio Pampliega (periodista que entrevisté el año pasado) y de sus experiencias en Siria fotografiando el horror de la guerra; les hablé de la fotografía como máquina del tiempo y de cómo era una evolución de las pinturas que hoy en día aún podemos ver en cuevas como las de Altamira....Bueno vaya que hice un popurrí entre lo que recordaba de la carrera y anécdotas que tengo de estos años o cosas que simplemente descubrí sobre fotografía en el uso diario de la cámara.
Sin darnos cuenta pasó la hora hasta llegar a la pregunta de nuevo: "¿Qué es la fotografía? " . Esperaba que sus respuestas se ciñeran a la parte teórica del principio de la clase, que me dijeran algo así como que era el arte de captar imágenes con una cámara o que me describieran las partes de una reflex. Pero me sorprendí y emocioné cuando leí la respuesta de una de las chicas: "Para mi, la fotografía antes eran imágenes y colores pero ahora que cuentas muchas cosas sobre la fotografía, he entendido que las fotos son testigos de momentos bonitos, malos, irrepetibles, de dolor, etc. que hacen llegar una historia al mundo sin tener que vivirla. La fotografía es como un arma que sirve para tener un buen fin en la vida"

"Un arma que sirve para tener un buen fin en la vida"  Creo que no encuentro una definición mejor. Puede que haya una más técnica o exacta, pero para mí no hay una mejor. Es realmente un arma: un arma contra las injusticias, un arma de denuncia, un arma de recuerdo, un arma de emociones y sentimientos, un arma pacífica que sin necesidad de pólvora, mecha o agentes químicos nocivos puede cambiar el mundo.

Tengo la suerte de  enseñar y ser enseñada, de escuchar y ser escuchada y como dijo un gran hombre que conocí aquí : "De aprender algo nuevo cada día, porque el día que no aprendas algo, debes dejar de enseñar".

Dejadme que muestre con mi arma cada una de sus caras, cada una de sus luchas y emociones, sentimientos y pasiones. Dejaros llevar por sus sonrisas y sus lágrimas, por sus aventuras y fracasos, dejad que os dispare muy adentro y no los olvidéis nunca porque cada uno de ellos es una parte del futuro , del hoy y del mañana. Dejad que sus ojos os cuente su cuento, dejaros emocionar y no le tengáis miedo a sentir algo por ellos, no tengáis miedo a cogerles cariño ni a dejaros llevar. Dejad que su recuerdo permanezca y que nadie lo pueda borrar. Éste es mi trabajo:











lunes, 2 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 54: UN PAYASO EN MISA, LA MUÑEIRA EN PARAGUAY Y LAS FLAUTISTAS DE AMELÍN




Ayer era Domingo, como es costumbre en las comunidades cristianas hubo misa a primera hora. Como el día anterior, casi 300 niños y niñas abarrotaron la iglesia. Hoy no nos visitó ningún corazón y se notó porque estaban todos más relajados: de nuevo los cantos a grito pelado, el padre nuestro que se debió escuchar en Singapur y las caritas de sueño propias de las 8 de la mañana.  Cuando todos se sentaron para escuchar la homilía, el padre Aníbal les dio una sorpresa : "Hoy no diré la homilía yo, sino unos payasos". Nadie me había avisado de tal evento y pensé que el sueño me había jugado una mala pasada o que sería el sobrenombre de alguno de los novicios.
 De repente, cual fue mi sorpresa y la de todos los presentes, cuando ¡aparecieron dos payasos de verdad! Pelucas de colores, zapatones del 50, narices rojas...el pack completo vaya. Era la primera vez que veía  payasos en una iglesia, y más sustituyendo al cura, y más !dando la homilía!.
Primero una payasa que tiró y pateó los juguetes que traía esparciéndolos por el suelo; y luego el payaso que apareció para explicarle que eso no lo debía hacer. Así entre juegos y pantomimas, contaron historias y representaron un teatro: una vela era la protagonista del cuento. Resulta que la vela tenía miedo del fuego que prendía su mecha y la consumía, pero finalmente aceptó con gusto que esa era su misión en la vida y que nada tenía que temer y así fue encendiendo otra velas que por miedo estaban apagadas hasta llenar de luz el mundo. Creo que me estoy inventando parte de la historia porque tuve que ir corriendo con la hermana Vicenta a buscar la cámara, pero vaya una historia semejante con moraleja para los niños. Terminado el cuento, los payasos repartieron velas a los pequeños y las prendieron como símbolo de la luz que cada uno de ellos tiene y puede contagiar.
Realmente una misa diferente que hizo las delicias de los pequeños.
Al terminar la misa, los domingos, tienen deporte hasta las 11. Dos horas en las que chicos y chicas juegan al fúbol, volley o simplemente miran cómo juegan sus compañeros. De nuevo el calor me estaba apagando, cuando vinieron unas chicas de 8 º y 9º (las mayores)  a hablarme. Me dieron la vida, porque me agarraron del brazo y nos paseamos como cuando yo era alumna por todo el patio contando chismes: chicos, amigas, papás....¡todo!. En eso que nos paramos debajo de un árbol a la sombra y no me acuerdo muy bien por qué pero empezamos a bailar: ellas me enseñaron algunos pasos de la danza paraguaya (dios santo qué patosa soy) y luego yo a ellas los pocos pasos que recordaba de baile gallego.  ¡Qué cuadro intercultural! ellas con la muñeira el lalala y el tacón , punta tacón y yo con la guarania y con cuidado de que no se me enrollaran los pies para caer de morros. Y así pasaron sin que nos diéramos cuenta, las 2 horas de deporte.

Si os digo la verdad yo aquí disfruto como una enana porque es como volver a los 13, como ir a un campamento de verano.
Cuando llegué el domingo, elaboré una lista de cosas que podía hacer aquí: cursos, clases, tareas, etc. En esto, que la hermana Vicenta me preguntó si sabía tocar algún instrumento. Yo, como cuando en España te preguntan qué sabes tocar, dije la flauta y me eché a reír. 
Debí pensar antes de hablar porque no tardaron en pensar podía darles clases de flauta a las niñas. ¡Pero si no he dado clases de flauta a nadie en mi vida y sólo recuerdo las canciones del colegio! Vaya, que¡ cómo voy a dar clases de flauta tocando el Himno de la Alegría, el Cumpleaños feliz y el Ondiñas veñen ! Ahora es cuando me pregunto por qué abriría la boca....jajajjaa. El caso es que ayer por la tarde ya me entregaron las flautas y un grupo de niñas se fueron conmigo cerca del aljibe para la clase. "Y yo a estas ¿qué les enseño?" No sé muy bien cómo hice pero me las apañé para recordar mis clases de canto, la importancia de la respiración, la posición de los dedos y las notas y con eso salí del paso. Como siempre Titanic ,canción de flauta por excelencia, me salvó la vida mientras recordaba a mi profesora de música Ángeles y lo que se reiría de mi si me viera(eso va por las veces que me reí yo en su clase).  El caso es que convertida en un Amelín improvisado, me gustó tanto la experiencia que ahora buscamos un hueco para repetirla cada día: supongo que no hay nada en esta vida que no se pueda hacer si te lo propones.
Suena el pito y me toca el turno para cuidar el patio.
Aunque me toca reemplazar a la hermana Eulalia, ella se queda un rato organizando un juego para que las niñas no se aburran. De verdad la fuerza de esta mujer es increíble, hace menos de una hora estaba friendo pescado con casi 40 grados de calor en medio de un fuego y aceite hirviendo y aún le quedan fuerzas para ampliar su turno.
El juego consistía en llenar una botella de plástico de agua por equipos. Cada jugador debía correr hacia el centro, donde había un cubo de agua, llenar un vaso y correr hacia la botella para verterlo. El que la llenara antes, ganaba. Tanto jugaron con este calor que al final el agua acabó por sus cabezas  y el suelo convertido en un barrizal, pero no os puedo describir cuánto se divirtieron las enanas.  
Después, les enseñé a jugar al escondite ingles, pero creo que debí pensarlo antes: unas 30 niñas corriendo hacia la que quedaba...os puedo asegurar que impresiona bastante y más cuando sabes que en algún momento alguien gritará "chorizo" y el caos se apoderará de la pista.
Con al cena llega la calma y aún con los últimos niños dando coletazos por el patio, me siento con la hermana Eulalia a ver cómo hace adornos, pulseras, collares y abalorios de alambre y medias. Sentadas una en frente de la otra, me enseña fotos de su familia, de Galicia y compartimos historias y recuerdos de los años de su vida. Mientras, unos patitos de hilo hechos por ella nos observan desde una esquina. ¡Ay! ¡cuán entrañable es esta mujer! Me dice que me va a enseñar a hacer todas estas cosas en mis ratos libres...¡no puedo esperar a mañana!
No recuerdo un día que me halla pasado más rápido desde que llegué, creo que me lo paso yo mejor que ellas incluso. 

No recuerdo un día que me halla pasado más rápido desde que llegué, creo que me lo paso yo mejor que ellas incluso.
pd: Toda excusa es buena para volver a ser niño. :)

domingo, 1 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 53: UN MUNDO EN MINIATURA




 No dejo de maravillarme en este sitio. Ayer escribía el blog cuando la hermana Eulalia me dijo que se iba a pescar. Me quedé muerta, aquí no hay ríos y desde luego al ser un país de interior el mar queda a demasiados cientos de kmts. "Voy contigo le dije", pero me respondió que no me apurara, que ella pescaba aquí al lado de la casa. "Sales por al puerta de atrás y me ves". Algo extrañada seguí escribiendo el blog. Cuando terminé seguí sus pistas y salí por la puerta trasera de la casa. Todo era seco, arbustos y el suelo resquebrajado por la sequía. Seguí andando de frente cuando entre los arbustos divisé un gorro de paja, propio de los pescadores de río. Ahí entonces descubrí un aljibe, es decir un trozo de terreno socabado donde se acumula el agua de la lluvia.
Era la primera vez que veía algo así. Era grande como del tamaño de un campo de fútbol y en sus orillas niños  y grandes pescaban. "Qué podrán pescar aquí, pensé" "¿Cómo habrán llegado estos peces hasta aquí si no es más que una poza gigante" ¡Qué intrigada es la ignorancia! jaja Como una niña chica que ve Érase una vez la naturaleza, así  de intrigada me tenía el aljibe. En esa intriga estaba yo, cuando allá al fondo en la orilla fandangosa vi un velo que soplaba con el viento norte. "Pero ¡cómo habrá bajado hasta ahí esta mujer que ya tiene 83 años!" Ahí estaba, sentada con su caña artesanal, con tanza y un anzuelo  junto a una niña enseñándole los secretos de la pesca en aljibe. Más patosa que otra cosa, bajé medio deslizándome hasta su vera. En seguida me di cuenta de que el sol en estas tierras es traicionero y ataca con fuerza cuando llega "Neniña, no estés al sol que no estás acostumbrada y te va a hacer mal" me dijo Eulalia en un tono tan cariñoso que me parecía mi propia abuela.
Me senté a su lado y al de la pequeña. Miré a la derecha y había muchas niñas con sus propias cañas de vara; a la izquierda, una pareja ya mayor, pescaba sólo con tanza y protegidos bajo sus gorritos de paja. Y así pasamos la tarde, entre aljibe y aljibe buscando la captura del día.  Muchas niñas seguían en la pesca a la hermana Eulalia que las preveía de cebo: un trozo de carne de vaca que amablemente nos prestaron en la cocina y alguna que otra tuvo desde luego más maña que yo sacando pececillos.
El calor sofocante me hizo tumbarme a la sombra y proteger mi cabeza con un pañuelo. Mientras los niños corrían en la orilla y se metían hasta la cintura para pescar, yo luchaba contra la fatiga pero la sombra y la brisa hicieron que mis párpados sucumbieran. Así en un bienestar permanente, mecida por el viento del norte y viendo a los chicos pescar, pasó la tarde. Eso sí, no pescamos nada, pero como aquí todo se comparte, un sacerdote que pescó tres peces y hoy nos dimos un festín (y yo que en Vigo no quiero pescado y lo vengo a tomar aquí del medio de una charca, lo que es la vida).
Tras esa idílica siesta (no llegué a dormirme pero si estaba descansando), me entró un hambre voraz, pero es que hasta en eso este sitio es maravilloso....¡dulce de leche con rosquitos de pan! mi merienda favorita. Imaginaos esto: un pan recién hecho con un dulce de leche casero tan exquisito que te lo comes directamente a cucharadas...¡Dios mío! media bolsa de pan después y 5 cucharadas soperas de dulce de leche, decidí poner fina  mi banquete personal de gula....xd
Ya por la noche, cuidé a los pequeños (hasta 10 años) en el cine. Bueno, cine es la actividad, pero en  realidad es un pequeño televisor en una sala atestada de chiquillos sentados en sillas de plástico con un DVD. Vimos El gato con botas; hubo momentos de risas, de sorpresa, etc.,  pero lo más enternecedor llegó a partir de la mitad de la película: muchos de los pequeños se quedaban dormidos en la misma silla...con la postura en la que estaban viendo la tele....:)
Los miraba acurrucados unos sobre otros, soñando como angelitos y pensaba ¡cuántos momentos se pierden sus padres! A veces momentos irrepetibles en la vida de un niño...es increíble que el trabajo y en definitiva el dinero sea lo que mueve el mundo más allá de la propia sangre....

sábado, 31 de agosto de 2013

CAPÍTULO 51: UN CAMPAMENTO PERMANENTE: POZO COLORADO




En el autobús un hombre se me acerca. Casi llegando a mi destino y sin conocerlo de nada, me dice que me debo bajar en la parada próxima con él. Le pido referencias y finalmente un instinto me lleva a fiarme, o todo sale bien, o esto es el final. Extranjera, con maletas y cachibaches electrónicos en el km 280 de la ruta transchaco. Nada a la derecha, nada a la izquierda, sólo oscuridad y penumbra mientras los grillos susurran. Por suerte era cierta su historia: es un oblato y una voluntaria que se dirigen al igual que yo al colegio-internado San Isidro de los hermanos de La Salle y las monjas de San José de Cluny.
En plena noche nos quedamos en medio de una carretera casi sin nombre, esperando ver en el horizonte unos faros que nos recojan y nos lleven a algún lugar seguro. A los diez minutos, aparece un jeep, levantando polvo desde un camino de tierra; resulta que nos habíamos bajado en otro lugar diferente al que deberíamos haberlo hecho, de ahí el retraso. Entre risas y anécdotas del viaje, nos dirigimos, unos 2 kms hacia adentro de la ruta, hasta encontrarnos con el letrero que nos indica que ya hemos llegado.
No es un colegio al uso, sino que parece un terreno gigante en el que decenas de construcciones de un piso nos reciben. El oblato que me acompaña y la voluntaria se bajan primero, eso ya me hace pensar que esto es grande.
Unos metros más adelante nuestro coche nos deja en la puerta de una casa de un tono verde-azulado muy entrañable y un perro de bellos colores nos recibe en la puerta. La hermana Raquel, quien salió a nuestro encuentro con el jeep, me guía al interior de la casa donde me encuentro con el resto: la hermana Vicenta, la hermana Valentina y mi querida hermana Eulalia. Ella fue de las primeras que conocí a mi llegada a Asunción y el hecho de que se llame como yo y vengamos ambas de Galicia, la convierte inmediatamente en mi abuela postiza. Es dulce y cariñosa, entrañable y fuerte a pesar de los años. 
Con la hermana Vicenta, hacemos un mini tour por la cocina, el comedor y los edificios encontrándonos a cada paso con más cabezas pequeñas en perfecta coordinación para el turno de cena. Ya sea llevando ollas con comida, preparando las mesas o esperando que toque la campana, me sorprende ver como las niñas que me encuentro están tan bien organizadas. "Aquí desde que llegan, ya les enseñamos unas tareas. Colaborar entre todos es la clave, sino sería un caos" comenta la hermana Vicenta.
Se sorprenden al verme y algunas tímidamente se acercan a preguntarme mi nombre, increíble como en cuanto te ven ya te abrazan. No dejo de pensar cuánto extrañarán sus casas, sus padres y qué difícil debe ser la distancia cuando es impuesta. Estas niñas y niños, casi 300 entre varones y mujeres, son hijos de los trabajadores de las granjas del Chaco, aquí conocidas como estancias.
Las estancias son latifundios en los que los trabajadores viven con sus familias y se encargan del terreno, el ganado o de servir a los dueños. Dentro de las estancias no hay escuelas, lo que fuerza a estos niños a salir de sus vidas para poder formarse. Esa es la razón por la que hay varios internados en estas zonas.
Las ciudades grandes están lejos y los trabajadores no se pueden permitir ni por tiempo ni por medios llevar a sus hijos y traerlos cada día a las lejanas escuelas, por eso, los dejan en internados como este de San Isidro, dónde los recogen 15 días en las vacaciones de invierno y casi 3 meses en verano. Así desde los 6 hasta los 16,17 o 18 años, estudian, comen, viven y en definitiva crecen aquí.
Me sorprende la cocina, no había visto jamás algo como esto: una estructura de hierro con dos grandes ollas dentro de la estructura y bajo éstas, carbón incandescente casi las 24 horas para preparar en magnitudes de 30 litros, el desayuno, la comida y la cena de pequeños, profesores, voluntarios y religiosos que aquí conviven. En total, cerca de 400 personas. Mirta, la cocinera, remueve con un palo largo la cena mientras recogemos comida suficiente para nosotras en un caldero. Sigo sorprendida por el tamaño de las cacerolas.
De vuelta a casa me detengo en el salón, una foto del recuerdo de otros voluntarios españoles que conozco de oídas. Agosto de 2012 es lo único que pone en el pie de foto; pienso en qué rápidamente nos convertimos en recuerdos; en cómo de diferentes serán sus vidas un año más tarde de vivir aquí. Si en España se habrán dejado llevar por la penumbra de la crisis o si seguirán con estos 300 en el corazón...Reconozco a Pablo, uno de los voluntarios que varias veces me ha dicho cuánto desearía volver, estar ahora mismo viendo su foto desde donde yo estoy, desde el km 280 de la ruta transchaco y volver así a este campamento de verano gigante. Pablo, los niños no os olvidan, quédate tranquilo :)
Pronto me quedo dormida, esperando que llegue pronto la mañana para conocer a los pequeños.

viernes, 30 de agosto de 2013

CAPÍTULO 50: VIAJE A POZO COLORADO: RECUERDOS DE LO QUE SE QUEDÓ EN EL TINTERO.



De nuevo en el colectivo (autobús)esta vez a 3 horas de Asunción. Mientras salimos de la ciudad rumbo a la nada más absoluta, voy recordando todas aquellas historias, detalles que se quedaron por el camino. Así que dedicaré este capítulo a esas pequeñas historias que por falta de tiempo se quedaron en el tintero. Unas son bonitas y entrañables, otras mejor no olvidarlas por su crueldad y aquellas más superficiales,  para los viajeros de paso.
LORENZA DE LOS MILAGROS: LA NIÑA BASURA.
En una bolsa de plástico dentro de un contenedor de hierro algo lloraba. Los basureros que estaban recogiendo la zona abrieron pensando que era perro o un gato, era un bebé recién nacido. Justo en el contenedor en frente de la casa de las hermanas de San José de Cluny, en una zona con casas bastante buenas y gente medio pudiente. En la calle carretas, en la puerta de una gran casa apareció Lorenza. 


Y es precisamente ahí en el año 2005 cuando sucedió esa historia. Desde entonces cada diez de Agosto, los dueños de la casa organizan una ceremonia para velar por su alma delante de la lápida donde su cuerpo descansa. Allí en un rincón del jardín y convertida en ángel de la guarda, se dice que protege a todos los niños de la zona que cada diez de agosto se acerca a esa casa para visitarla y tomar una gran chocolatada en su honor. No hace falta que aclare, que tras varios días en el hospital luchando por su vida, la pequeña  Lorenza murió.
EL COLECTIVO, EL CAMBIO Y LAS CANTIGAS
Cuando llegas a un país desconocido, el cambio de moneda o lo hacemos ya desde el lugar del que partimos ,o corremos a hacerlo en el aeropuerto en cuanto aterrizamos. En el caso de Asunción os lo desaconsejo totalmente. El puesto de cambio situado al lado de la cinta de equipajes es un completo robo a mano armada. Imaginaos que el cambio está a 5.450 la compra y a 5.950 la venta. Pues en el aeropuerto os van a dar  al menos 1000 menos la venta. Es decir que cambié 100 euros por cerca de 436.000 guaraníes en lugar de casi 550.000. Os aconsejo un banco del centro y que comparéis precios por zonas porque varía mucho. Vine a perder más de 16 euros en el aeropuerto.
En cuanto al autobús, ya sea urbano o media distancia, va a ser una chatarra con ruedas. Eso sí, si queréis ver algo típicamente paraguayo,  el colectivo lo es. Lo es por su particular forma y colores, por como se para y hasta por como uno se sube y se baja. Ahora mismo, el precio de cualquier trayecto urbano son 2000 guaraníes (aunque quieren subirlo a 2500), es decir, menos de 35 céntimos de euro. Debes saber también que hay paradas, pero no se respetan por los usuarios. Cualquiera puede levantar el brazo en mitad de la calle y subirse casi en marcha; y lo mismo para bajarte, por lo que en unos 100 metros puedes parar hasta 3 veces dependiendo de la vagancia del personal. Lo dicho, paciencia.
Las cantigas, son pequeños puestos de comida típica : panchos, empanadas, tortillas, etc. que hay al salir en las iglesias, mercados, rodeando una feria, en una calle cualquiera o en algún evento o fiesta. Son lugares en los que por 50 céntimos te comes un perrito caliente pequeño y si tienes dos euros puedes degustarlo todo.

HORRIBLES HISTORIAS VARIAS.
Uno en este tipo de viajes solidarios, se encuentra con realidades tan duras que son difíciles incluso de transmitir, y la gente que lleva tiempo viviéndolas parece que se vuelve de acero. Una de estas historias, surgió ayer durante la comida cuando hablábamos del caso que os conté en Capi´Ibary de la niña a la que sus padres vendieron sexualmente hablando por una caja de cerveza y un pollo. Una de las hermanas, escuchando lo terrible de la historia se acordó de una niña que trataron hace un par de años en el comedor, estaba en silla de ruedas porque cuando era un bebé su padre  o padrastro (no está aclarado) abusó de ella de tal forma que le rompió la columna vertebral. La dejó tetrapléjica.
Una de las madres ha llegado al comedor con un ojo morado; al parecer su marido y ellas se pelean constantemente por los celos de ella. Las palizas de ambos se suceden, como no, delante de sus hijos, que luego llegan al comedor y no dudan en levantarle la mano a cualquiera  en cualquier momento.
Hace un tiempo ya, que la hermana Esther y la hermana Ilda, me contaron sendas historias relacionadas con chicos del comedor que ya eran mayores y en las que corrieron peligro sus vidas. Esther contaba que intentando separar a dos hermanos ya adolescentes que casi se matan. Se abalanzó sobre la espalda de uno de ellos para sujetarle los brazos. Éste, de la bronca que le dio de no poder pegarle al otro, agarró una piedra y se la tiró a Esther a la cabeza. Gracias a Dios sus reflejos fueron gráciles y apartó al cabeza. De otra forma se la hubiera abierto sin duda alguna o algo peor.
Ilda, por el contrario, intentaba corregir a uno de estos adolescentes, que al parecer era muy agresivo y conflictivo. Entonces este chico se dirigió a ella, la agarró del cuello y casi la levanta. Ella cuenta (si ahora tiene 25 y esto fue hace años ya, imaginaos su juventud), que se quedó quieta, inmóvil y no le miró a los ojos. Dice que sólo rezaba para que pasara rápido. Así fue, el chaval la soltó y le dio un puñetazo a la pared.

La ciudad ya no existe. Las casas más humildes y copetines se intercalan con las palmeras y la estepa. Cada vez más palmeras, más estepa y un cielo gris que augura lluvia. Nos vemos en Pozo Colorado.




sábado, 22 de junio de 2013

Este blog será mi diario de abordo

 ¿QUIERES SABER A DÓNDE MI DIRIJE?

 El 19 de julio salgo camino al comedor que las monjas de San José de Cluny tienen el Asunción y al internado de Pozo Colorado para los NIÑOS DE LA CALLE. ¿Me acompañas?

¿QUIÉN SOY?

Mi nombre es Olaya López Alonso y tengo 24 años. Soy periodista y ex-alumna del colegio San José de Cluny. He estudiado tres carreras, un máster y tantos cursos que ya ni me acuerdo.... Tras varias experiencias laborales y problemas de salud, estoy en paro y es el momento perfecto para salir de nuevo al mundo y ver qué me ofrece. ¿Felicidad? Supongo que hay que saber dónde encontrarla, salgo a buscar mi lugar en el mundo. ¿Quieres saber más? olaya.lopezalonso@gmail.com


¿QUÉ ENCONTRARÁS EN ESTE BLOG?


  • La preparación de una experiencia única desde su minuto 0
  • Un blog solidario y sin ánimo de lucro
  • Fotos y experiencias del viaje
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  • Vídeos
  • Al final del proyecto un documental sobre la vida de los niños en los centros que las mojas tienen en Paraguay.
Comedor Asunción Cluny