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martes, 17 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 67: LA ÚLTIMA CENA




Mañana después de comer me voy para no volver, al menos, por un tiempo indefinido. Tal y como me temía, todo esto comenzará a ser un recuerdo en menos de 24 horas pero esta noche es larga y más larga la voy a hacer. Quiero que los niños se vean en pantalla grande como si fueran artistas famosos y con el mismo derecho o más de serlo que muchos que ya se llenan los bolsillos sin merecerlo tanto, así que he preparado una presentación con muchas de las fotos que les he sacado durante estas semanas. Estoy nerviosa, porque la falta de tiempo me ha impedido preparar todo mejor y no sé cómo saldrá. Me dirijo hacia el patio cubierto que sirve de improvisado escenario y cine gigante. Ahora mismo está medio vacío pero ya oigo la marabunta acercarse corriendo tras de mi. En menos de un minuto los bancos de madera están a rebosar, niños por todas partes: en el suelo, en los muros, de pie...también profesores y otros integrantes de la escuela se suman a la fiesta: este regalo es para todos. He elegido canciones que no son tristes sino más bien de esperanza y alegría para que esto no se convierta en una amarga despedida sino que sean media horas de risas y anécdotas compartidas. En mi mano una bolsa de Sugus para darle a los niños al terminar, odio regalarles caramelos que contribuyan a su mala salud dental, pero ¿qué se le puede comprar a 300 niños con mi presupuesto?.
Me giro después de enchufar el pen drive en el ordenador y descubro los bancos llenos y todo el patio hasta los topes. Las niñas y los niños no dejan de llamarme de un lado para otro para preguntarme a qué hora me voy mañana, si les voy a regalar algo o si me quiero sentar a su lado.
Mi lucha desde que llegué, ha sido mentalizarlos de que no pueden decir: "Yo quiero..." para conseguir algo, que deben aprender a solucionar sus problemas y a conseguir las cosas por sí mismos sin esperar regalos de nadie. Acabo de escuchar: "¡Yo no quiero!" , me giré para ver si es que se había equivocado, pero la niña que lo dijo me miró y me dijo : "¡Yo no quiero....yo no quiero que te vayas!" .Me eché una carcajada legendaria oyendo cómo había cambiado la cosa....algo al menos me ha dado tiempo a enseñarles.
Metida en la vorágine de sus llamados y sus abrazos, giré la cabeza hacia el muro y descubrí al hermano Fernando mirándome sonriente. Siempre he querido encontrarme con esa escena, alguien que mire como en una película una imagen tierna que esté viviendo otro e inesperadamente se encuentre sonriendo. Pero más aún me gustó descubrir que la protagonista de esa imagen era yo rodeada de mis pequeños tirando de mi de un lado para otro para darme su cariño. Verlo desde lejos debió ser casi tan bonito como vivirlo.
Apagamos las luces y tras unos segundos batallando con la informática, comenzó la presentación. 233 fotografías que iba pasando con cada golpe de música e iban emocionando y sorprendiendo a grandes y pequeños. Es increíble lo que una simple fotografía puede causar: 300 niños desde los 6 hasta los 16 años riéndose al unísono e invadiendo la sala de oooooohhhhhh! ueeeeeee! jajajjajjaajajjaa...
Se mearon de la risa a ver a una de las niñas más pequeñas con mis gafas de sol gigantes, a otros bailando sevillanas, a otros haciendo teatro, pero sobretodo...al ver las fotos que sacamos con los efectos del Iphoto de mi Mac Book con los caretos retorcidos, estirados, gordos o alargados...es que se meaban!!!
Al terminar las fotos, bajé la música y les puse un vídeo muy cortito que grabé a escondidas en una clase para despedirme de ellos. Miraban a la pantalla, me miraban a mí, volvían a mirar al proyector...¡NO ENTENDÍAN COMO PODÍA ESTAR EN DOS SITIOS A LA VEZ! jajajaj. Me recordó a las clases de cine y fotografía cuando nos contaban los profesores el impacto que causaban las películas en las primeras salas de cine cuando la gente se sorprendía pensando que esas figuras se saldrían de la pantalla. Supongo que pare entender la evolución de cualquier arte, hay que preguntarse cómo surgió, y ésta, mis queridos lectores, fue la clase práctica más realista de mi vida.
Tras la presentación se escuchó un ¡Nooooo! gigante y los niños querían verla de nuevo. Es la mejor señal de que les ha encantado, ahora a aprovechar la última noche, cada segundo de ella será irrepetible, hoy más que nunca, cuidaré de sus sueños como un guardián de su castillo.

jueves, 12 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 63: DESCUBRIENDO LA VIDA DE UN DÍA CUALQUIERA



"Nos iremos el lunes" dijo la Hermana Esperanza. Mi corazón se paró durante un momento, dejé de respirar durante unos segundos de forma inconsciente; mi cara sintió el calor de la tarde y mis ojos se abrieron como platos. "!No¡, quiero decir ¿no nos íbamos el viernes?! respondí sin casi darme cuenta de tono y dejándome llevar por todo lo que sentía en ese momento. "Podemos mirarlo "dijo, pero mi cabeza seguía asediada por la premura del tiempo: "No puede ser...es...demasiado pronto, no me quiero ir de aquí" . De repente me di cuenta de que debía volver a la realidad y que sí o sí , fuera el lunes o el viernes, esta historia se acababa: se acaba el vivir en Paraguay, se acaba el despertarme con los correteos de las niñas a las 5 y media de la mañana, se acaba peinarlas, se acaban las clases de flauta, los consejos de amor, se acaba consolarlas, reñirlas , se acaba despertarme y acostarme sin saber qué día es porque pasa demasiado rápido...
Llevo todo el día sin parar. Por la mañana clase de entrevista y foto a los de 7º y 8º,después proyecto con los más pequeños y un paseo por los proyectos del resto de cursos para reportarlos. Viene la hermana Esperanza (la regional)esta tarde y las niñas se preparan para su visita: toca peinarlas, cuidarlas en la ducha y ayudarlas a ordenar sus enseres. Después de cenar hay acostarlas y vigilar que se pasen toda la noche bailando en el baño....
La mañana fue intensa, digamos que aunque en principio les apasiona el tema de la entrevista, cambiar lengua por foto y mi presencia, en seguida, aparece la vagancia y el calor se convierte en su mejor aliado. Les cuesta mucho expresarse, atender, escribir y en seguida los de 7º (14 años) te dicen que están cansados de copiar 9 diapositivas a letra 20 y que "No da gusto". A regañadientes de algunos y entre las risas de otros, sacamos la clase adelante con bastante éxito: creo que han llegado a la conclusión que las entrevistas sirven para descubrir cosas increíbles del mundo y las personas que nos rodean. Se han entusiasmado cuando les he dicho que van a entrevistar ellos mismos al director y hermano de la congregación de La Salle, Aníbal y al final me han sorprendido con su curiosidad. Al principio de la clase, las preguntas que se les ocurrían para la entrevista eran : ¿cuántos años tienes? ¿ de que equipo eres? ¿tienes hermanos?, etc. Tras explicarles los diferentes tipos de preguntas y entrevistas y el fin que pretenden, les he pedido que cada uno escribiera una pregunta para Aníbal: " ¿No te has arrepentido nunca de ser hermano?" "¿Cómo llegaste a ser director de la escuela después de ser alumno?" . Creo que ahora sí empiezan a pensar como auténticos periodistas y sobre todo, como personas críticas.
Ahora fotografía. Sin duda los de octavo son diferentes, se ve que a la mayoría el tema les apasiona. Les puse un vídeo de 5 minutos de resumen de la historia de la fotografía: no era demasiado bueno, ni extenso, ni todo bien explicado que quisiera, pero al menos esos 5 minutos de audio e imágenes en movimiento captarían más su atención que yo con una tiza dictando teoría de la fotografía desde el encerado. Después del vídeo, un repaso por 25 fotografías que cambiaron el mundo: sus personajes, autores y la historias que esconden. Estaban callados, atentos, sorprendidos y emocionados al mismo tiempo: veía cómo abrían sus ojos como platos  con fotografías del genocidio nazi, cómo se emocionaban con el beso entre la enfermera y el marine en Times Square o cómo intentaban descubrir más leyendas escondidas en la mítica portada de Abbey Road de los Beattles...
Terminada la parte teórica, salimos al patio para que pusieran en práctica lo aprendido estas dos semanas. Mi cámara ya está algo tocada por el clima y tanto uso, pero aún así supieron sacarle partido y en fila de a uno, me mostraron su visión sobre el patio del recreo. Hay algo mágico en saber transmitir una pasión y creo que es el saber contagiarla.

Miércoles a las 14:00, hora del proyecto con los más pequeños. Ellos no cosen, no tocan guitarra, no bailan sevillanas....su proyecto es jugar y me parece bien. Pero con cerca de 45 grados a la sombra lo único que espero es que ni ellos ni yo nos desmayemos en el intento. Buscando una sombra, mi cerebro relacionó rápidamente sombra y escondite y empezamos el juego: 20 enanos, 80 hectáreas de terreno y una hora de juego para encontrarse. Finalmente no se me perdió ninguno...todo un milagro.
En la segunda hora del proyecto me recorro las diferentes actividades que se realizan. Dos niñas de las mayores hacen de guías y puerta por puerta descubro profesores y alumnos entregados a su tarea. La primera parada, la hermana Valentina que enseña croché a las niñas. En cuanto me ven con la cámara, el aula se convierte en una competición por mi atención y el objetivo: "Sacáme un poco..."(entonación latina) "Aquí, aquí". "Mira que lindo mi pañito..." Todas y cada una me enseñan con orgullo lo que yo considero obras de arte dada mi absoluta ignorancia en labores de costura.  Siguiente parada: el Ñandutí. Como ya he explicado en otros capítulos, es un tipo de entramado de costura típico paraguayo que se parece a la tela de una araña. Hasta ahora no había visto el proceso completo y la verdad me sorprenden las habilidades y dedicación de las pequeñas: primero lo cosen sobre un bastidor unido a la tela muy tirante sobre la que realizan los dibujos. 
Luego, una vez terminado el dibujo, el bastidor se almidona para endurecer  las formas que luego se recortarán con una tijera o cúter para dejar finalmente el hilo al descubierto y utilizarlo en decoración, cuadros, pendientes, etc. Sentadas bajo la sombra de un árbol o en una sala con el ventilador, la estampa es entrañable, como  si hubiera retrocedido a la España de mi abuela y las labores que se enseñaban entonces en la escuela.
Otro grupo de chicos realiza artes plásticas en otra aula; hoy toca un comecocos con forma de sapito que cada uno se encarga de personalizar. Me hace gracia una de las chicas que ha conseguido que su sapita se convierta en una princesa de largas pestañas y corona con ojos azules intensos.
De camino nos encontramos un grupo bastante extraño: algunos portan escobas y arrastran carretillas; otros sin embargo llevan guitarras. ¿Será que es un grupo musical de estos modernos como Mayú Maná? Se ríen y me dice el profesor que en ese grupo hay dos labores, unos se encargan del mantenimiento de limpiar y recoger el suelo o las aulas y el otro mientras toca guitarra con el profesor Óscar. A segunda hora los de la guitarra cambian las cuerdas por la escoba y viceversa.
En otras aulas hay más profes con niñas cosiendo, pintando sobre diferentes telas, jugando al ajedrez y observo con admiración la agilidad de sus dedos y la aguja, de la seriedad con la que trabajan y de ilusión con la que me muestran sus progresos.
Escucho voces altas en esta clase antes de entrar. Parece que están reunidos. Es la clase de teatro con el hermano Fernando. Cuando conocí a Fernando enseguida me di cuenta de que tenía un carácter distinto al resto. Es argentino y con él las risas y el buen ambiente están aseguradas, lo que no quita que si la conversación lo requiere, se implica y forma seria y argumentando sin tapujos cualquier tema. Es de esas personas abiertas para las que los tabús son simplemente innecesarios.
Ahora lo observo hablar con los chicos de teatro en corro, están debatiendo sobre la clase en sí, poniendo en común las opiniones de cada uno para participar más, trabajar mejor y en definitiva abrirse al escenario de la vida. Tras la intensidad del coloquio, en el que me sorprende cómo se implican algunos de ellos, toca soltarse con un juego de expresión corporal: los chicos tienen una centella en el cuerpo, como una especie de chispa que tienen que expresar con movimientos y pasarle a un compañero suyo. Me meo de la risa viendo como se mueven, realmente han conseguido vencer la timidez tanto que algunos parecen estar poseídos por un demonio que les provoca terribles espasmos...xdxd.
Me voy a regañadientes para seguir la visita porque realmente me encantaría quedarme como alumna y jugar a la chispita. Creo que sería el proyecto que más me gustaría si fuera alumna.
Cruzamos de nuevo entre los edificios hasta llegar a un pabellón semi-cubierto en el área de los chicos. Allí Iván, otro de los jóvenes profesores enseña danza paraguaya a un grupo de chicos y chicas en el escenario. Él es profesor y también baila con ellos, enseñándoles cada paso y repitiendo cada movimiento una y otra vez para que salga lo más perfecto posible.
La implicación y sacrificio de los docentes que viven 24 horas al día 365 días del año aquí, es realmente admirable. Realmente por mucho que te gusten los niños, es inevitable acabar por los suelos después de un día con ellos. Yo lo sé y llevo aquí a penas dos semanas, no me puedo imaginar si viviera aquí...
El penúltimo punto de mi paseo (creo que mis guías están pelín hartas de mi ya) es la enfermería. En ella, la hermana Raquel (enfermera de San José de Cluny) alecciona a un grupo mixto de chicas y chicos a cortar gasas, hacer pequeñas bolitas de algodón para curar heridas y otras pequeñas tareas para que, aquellos que piensan dedicarse a la salud en un futuro, se vayan relacionando con el medio. "A mí me marea la sangre" dice uno que quiere ser enfermero.  No puedo evitar reírme con el comentario viéndolo tan concentrado que está cortando un trozo de gasa.
Ya casi en casa (la casa de las hermanas donde vivo), oigo un sonido que me transporta inmediatamente a España, más concretamente a mi querida Andalucía, tierra de maravillosos amigos y recuerdos: las sevillanas. Alicia, psicóloga y voluntaria española que lleva todo el año aquí, enseña a un grupo a bailar sevillanas. Se mueven con la gracia de un adolescente (es decir poca o casi ninguna) y la timidez por la cámara hace que sus movimientos sean aún más graciosos. Cuando se van olvidando que estoy ahí es cuando observo que algunos tienen arte y siguen a Alicia atentamente. No pude evitar arrancarme a cantar con un acento andaluz que desde luego no tengo pero que mi garganta no pudo contener: "Esa gitana, esa gitana, se conquista bailando por sevillanas...¡OLE!".
Muchos de los que leéis el blog entenderéis que cuando uno está lejos de casa, de la tierra, de su gente y su cultura, cualquier reminiscencia de ella por pequeña que sea se clava inmediatamente al corazón como si de repente toda la tierra a la que perteneces se te hubiera metido dentro: algo así como una especie de posesión divina que le entra a un español cuando ve tortilla de patata en Alemania por ejemplo. XD
Las más pequeñas, que me persiguen y son mi sombra constante (ay que me las como!!) se animan al oír la música y ellas también quieren bailar. Blásida se pone mis gafas de sol y se arranca a bailar bachata como si fuera un adulto. Otras de las niñas bailan con Ali o por parejas siguiendo su propio ritmo. Si no fuera por el calor y el cansancio, creo que nos pasaríamos la tarde bailando.
Suena la campana, hora de la merienda y de repente el patio que hasta ahora parecía un desierto, se llena de pies diminutos corriendo al comedor y los gritos devuelven a los pájaros (hasta ahora los reyes del silencio) a sus nidos.
Oigo un lloro desconsolado, como cuando ya no te queda aire y la falta de respiración te provoca una especie de ronquido...me acerco a Camila. No me da tiempo a preguntarle qué le pasó cuando me dicen que se cayó y se clavó los dientes de arriba en el labio. Me quedo a cuadros ( a mi madre le pasó lo mismo de pequeña y por lo que me contó le dolió de lo lindo). Efectivamente. Le abro la boca y observo la marca de las paletas (las tiene muy grandes) en el labio inferior, por dentro se ve un agujero de carne roja y sangre, por fuera de la boca un corte confirma mis temores: los dientes atravesaron el labio saliéndole por fuera. 

La hermana Raquel no está, ha ido a llevar a una niña al médico a Pozo Colorado y ahora mismo estoy sola con ellas. La llevo inmediatamente a enjuagarse la boca con agua limpia, la calmo pero creo que estoy más nerviosa que ella aunque estoy haciendo esfuerzos para que parezca que tengo la situación bajo control. Me tranquiliza descubrir que ha sido un corte limpio, el diente no ha sufrido daños y lo peor ha sido el susto y lo escandaloso del golpe.
A lo lejos veo a la hermana Vicenta y corro a su lado, le explico que pasó pero no se alarma, realmente, parece que llevar tantos años entre chiquillos la ha acostumbrado a estas cosas y otras peores. "Eso les pasa por jugar a dar saltos en las camas, tiene que esperara a que vuelva Raquel". Al verla tan sosegada, me calmo también pero sigo sintiéndome mal por la pequeña.
A veces, en estas situaciones y otras, me pregunto si realmente mi profesión es tan útil aquí como la de un voluntario que fuera médico, arquitecto, ingeniero...mi única arma es la palabra, ¿bastará para cambiar el mundo? Sólo el tiempo lo dirá.







jueves, 5 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 57: ¿QUÉ HAGO YO AQUÍ?




Cuando me preguntaron en España, qué era lo que podía enseñar a los niños, planteé mi proyecto al rededor de un curso de nuevas tecnologías y la creación de un periódico. En Asunción, con los niños del comedor organizamos una semana de los talentos otra del periódico con redacciones, titulares, dibujos, recortes y fotografías realizados íntegramente por los pequeños. Es difícil llevar adelante una clase de niños con años tan diferentes y edades de desarrollo completamente distintas (no es lo mismo un niño de 13 años de la ciudad , que uno que vive a la orilla de un río casi en la calle).
La mayor diferencia con los niños de Pozo es que esto es un internado. Cuando suena la campana no se van a sus casas, sólo salen de una actividad para empezar otra y así pasar el día. Por eso el trabajo de cualquier voluntario se triplica en materia , tiempo y esfuerzos.

Es frustrante como quieres abarcarlo todo pero a veces tu cuerpo te pide que pares, que ya es suficiente. Mi corazón quiere pasar las 24 horas del día con ellos pero os juro que sin 3 cafés al día no hay cuerpo que lo aguante. El ritmo aquí es frenético con el tiempo contado y medido al milímetro por las campanas y los silbatos. Las comidas son apuradas e interrumpidas por el teléfono y la puerta, igual que los desayunos, las meriendas y hasta las cenas. Así debe ser para no descuidar de los pequeños en ningún momento. A veces, estamos comiendo y el silencio se rompe por pasos que se acercan como en manada. De broma, muchas veces digo que parecen una marabunta y que el suelo tiembla, porque suelen venir corriendo al salir de las clases o del comedor.

Este ritmo de vida nos lleva a los adultos a un reparto de tareas que va desde cuidar el recreo hasta dar clase. Ahí es donde yo quería llegar. Con el director Haníbal, nos sentamos a cuadrar mi horario poco tiempo después de llegar. Y así durante 3 semanas voy a hacer lo siguiente: a los de 7º grado les voy a dar un taller de comunicación centrado en hacer entrevistas porque tienen muchos problemas de timidez y expresión verbal sobretodo en castellano (aquí el guaraní es la lengua más usada); a los de 8º les enseño taller de fotografía e imagen para que les ayude a expresarse y conocer el mundo bajo otra perspectiva más abierta que la del protegido mundo de San Isidro; y por último don los de 9º, vamos a organizar un periódico igual que en Asunción pero con mayor exigencia dada la edad y  la formación que tienen. Bueno por último no, me olvidaba de las clases de canto y las de flauta de todos los días a as 12,30 incluyendo sábados y domingos donde hay varios grupos a distintas horas. ¡Ah! y el proyecto de los miércoles con los más pequeños: juegos y actividades de ocio y tiempo libre durante dos horas y también del apoyo escolar de lunes a viernes de los chicos de 4º y 5º.

Ayer di las primeras clases del taller de entrevista y del de fotografía. He de deciros que es la primera vez que lo hago, nunca he dado clases antes y siempre as he recibido pero algo me llama poderosamente la atención de ser profesor: el poder de transmitir. Es fácil asumir algo que uno mismo lee y para eso están los libros, pero un profesor no se limita (o no se debería limitar) a eso. Un profesor es como un profeta de una pasión: debe hacer que sus alumnos se emocionen e interesen tanto como él en la materia que imparte. En mi caso, aunque es la primera vez, el instinto y el amor por mi trabajo hizo que de mi boca salieran clases enteras que ni tan siquiera estaban preparadas.
Veía a los chicos como miraban atentamente cada fotografía que les mostraba, como se reían con cada anécdota, como respondían a cada pregunta y de repente, me sentí al otro lado del universo que hasta ahora había vivido. Ya no soy una niña, nunca más ocuparé el lugar que ocupan ellos ahora mismo. El tiempo de la escuela se acabó para mi.
Una sensación de nostalgia y buenos recuerdos se acumulan en mi mente. Recuerdo hasta la guardería con los bocatas de chorizo y nocilla en el recreo; el colegio antiguo en el que empecé a aprender; la secundaria, sus amores y exigencias; el bachillerato y la presión de la universidad; la universidad y sus libertades....así hasta llegar a hoy.
Y hoy, eme aquí, enfrente de veinte tantos adolescentes (hace nada era yo uno de ellos) que esperan que yo sea de quien aprendan algo en la vida.  En realidad es una responsabilidad en la que no me había parado a pensar antes de esta manera.
Desperté de mi nube de sueño mientras ellos estaban concentrados en su tarea de final de clase: definir qué es para ellos la fotografía ahora que les he explicado qué es más allá de las fotos del Facebook.
Todo empezó hace una hora, cuando les hice la misma pregunta y ninguno me supo responder. 

Tras la definición teórica les hice entender por qué la fotografía era un arte, les enseñé las fotos del parto en Capi´ibary, les hablé de la famosa foto del beso entre el militar y la enfermera la final de la guerra en Times Square; de mi amigo Antonio Pampliega (periodista que entrevisté el año pasado) y de sus experiencias en Siria fotografiando el horror de la guerra; les hablé de la fotografía como máquina del tiempo y de cómo era una evolución de las pinturas que hoy en día aún podemos ver en cuevas como las de Altamira....Bueno vaya que hice un popurrí entre lo que recordaba de la carrera y anécdotas que tengo de estos años o cosas que simplemente descubrí sobre fotografía en el uso diario de la cámara.
Sin darnos cuenta pasó la hora hasta llegar a la pregunta de nuevo: "¿Qué es la fotografía? " . Esperaba que sus respuestas se ciñeran a la parte teórica del principio de la clase, que me dijeran algo así como que era el arte de captar imágenes con una cámara o que me describieran las partes de una reflex. Pero me sorprendí y emocioné cuando leí la respuesta de una de las chicas: "Para mi, la fotografía antes eran imágenes y colores pero ahora que cuentas muchas cosas sobre la fotografía, he entendido que las fotos son testigos de momentos bonitos, malos, irrepetibles, de dolor, etc. que hacen llegar una historia al mundo sin tener que vivirla. La fotografía es como un arma que sirve para tener un buen fin en la vida"

"Un arma que sirve para tener un buen fin en la vida"  Creo que no encuentro una definición mejor. Puede que haya una más técnica o exacta, pero para mí no hay una mejor. Es realmente un arma: un arma contra las injusticias, un arma de denuncia, un arma de recuerdo, un arma de emociones y sentimientos, un arma pacífica que sin necesidad de pólvora, mecha o agentes químicos nocivos puede cambiar el mundo.

Tengo la suerte de  enseñar y ser enseñada, de escuchar y ser escuchada y como dijo un gran hombre que conocí aquí : "De aprender algo nuevo cada día, porque el día que no aprendas algo, debes dejar de enseñar".

Dejadme que muestre con mi arma cada una de sus caras, cada una de sus luchas y emociones, sentimientos y pasiones. Dejaros llevar por sus sonrisas y sus lágrimas, por sus aventuras y fracasos, dejad que os dispare muy adentro y no los olvidéis nunca porque cada uno de ellos es una parte del futuro , del hoy y del mañana. Dejad que sus ojos os cuente su cuento, dejaros emocionar y no le tengáis miedo a sentir algo por ellos, no tengáis miedo a cogerles cariño ni a dejaros llevar. Dejad que su recuerdo permanezca y que nadie lo pueda borrar. Éste es mi trabajo:











jueves, 8 de agosto de 2013

CAPÍTULO 31. LOS SOÑADORES DE LA SEMANA DE LA COMUNICACIÓN




Cuando estaba en la universidad, no hace demasiado, se organizaba una Semana de la Comunicación durante el curso en la que los alumnos de periodismo, comunicación y publicidad podíamos actuar como profesionales más allá de las aulas. Este lunes he importado la idea adaptándola a los niños del comedor. No puedo describir con palabras la de sorpresas que llevamos desde el lunes. Partiendo de la nada en conocimientos ni tan siquiera de lo que es un periódico, han llegado ellos mismos a hacer el suyo propio en tan sólo 4 días. Y no sólo eso, han sido los encargados de documentar  todo el proceso. Cada día unos cuantos por turnos hacían fotografías del trabajo del resto del grupo; pensaréis que son niños, que son pequeños y que son casi analfabetos, pero os juro que le dan mil vueltas a todos los chinos fotografiando monumentos que he podido ver en mis viajes: han aprendido a enfocar, a hacer zoom, a captar más que una imagen un momento inolvidable hasta hacer del objetivo su propia retina. 
No sólo tienen instinto y talento para la fotografía (unos más que otros como es lógico) sino que han sido redactores, cronistas, entrevistadores, entrevistados, productores, cámaras, maquetadores y todas las labores que requiere cualquier equipo de comunicación que se precie. Son niños que apenas saben escribir, sus redacciones están cargadas de faltas de ortografía pero no se rinden. Unos a otros se dictan, se corrigen y se complementan. De vez en cuando hay peleas por la cámara, popr la goma o las tijeras y alguno que otro tarda más en entrar en la actividad, pero TODOS y repito TODOS me sorprenden cada día. El periódico, aún sin nombre porque se decidirá este viernes por consenso, es una lámina gigante dividida por casillas en Política, Economía, País, Sucesos,Mundo, Empresa,Sociedad, Deportes y Entretenimiento. Para ellos el lunes la definición de periódico era "dónde salían noticias, clasificados y muertos"; hoy a casi viernes es un espacio de información gracias al cual tienen una ventana abierta al mundo. En economía han desarrollado el tema del reciclaje para mejorar sus vidas y contribuir al medio ambiente; en País me han enseñado su visión de Paraguay; en Mundo han descubierto que España es más que Real Madrid y Barsa; en sucesos me han descrito las barbaridades y delitos de sus vidas y entorno y en Deportes....bueno deportes es lo que menos les ha costado ¡como no!, pero aún así han sido cronistas de sus propios goles: Olimpia y Cerro se han trasladado al patio del recreo y sus jugadores son Eliseo, Zacarías, Miguel, Sergio...son ellos mismos y sus goles por fin importan. 

Esta semana he descubierto que no soy nadie y que unos enanos aún teniendo tres carreras y los mejores estudios, me pueden enseñar bastante más en unas horas que yo a ellos.  Librada, aquella niña rubia y triste con la mirada perdida que encontré cuando llegué ha resuelto con una pasmosa autonomía un sudoku de nivel intermedio (el primero de su vida), Henry de apenas 10 años ha dibujado a ojo la catedral de Asunción tan bien que hoy cuando la he visto la he reconocido gracias a su dibujo; Sergio Cubilla me ha dicho que quiere ser fotógrafo cuando hace unos días no veía futuro sino era de futbolista e Irene me ha recordado como el arte de escribir se lleva en la sangre y nace con uno. De verdad, me podría pasar horas hablando de todos y cada uno de ellos pero no hay mejores palabras que las que el ojo recuerda. 
Un niño con un micrófono, un niño dibujando o escribiendo es para mí un sueño cumplido y para ellos la esperanza de soñar con un futuro fuera de la calle. POR ELLOS, POR TODOS ELLOS cinco años de carrera han merecido la pena, no hay mejor trabajo que el de ser maestro de una profesión que amas. Juzguen ustedes mismos lo que hace la cultura.

sábado, 20 de julio de 2013

Y TODO EL ESFUERZO MERECE LA PENA

No hace falta que diga nada más, un grupo de niños que cogen un ordenador por primera vez en su vida. Están buscando su casa en Google maps, nos hacemos fotos con la cam y los efectos, consigo que se rían; mañana hemos quedado para preparar un baile a las 8:00 am, ¿estas caritas no valen la pena?